Catalizador de ilusiones

  • La eliminación en la fase de ascenso no solapa la excelente temporada de un conjunto amarillo que ha hecho soñar a una afición orgullosa de su equipo que ha disfrutado de lo lindo

Abdullah (en primer término), José Mari, Cifuentes y Álvaro García, en plena comunión con la afición. Abdullah (en primer término), José Mari, Cifuentes y Álvaro García, en plena comunión con la afición.

Abdullah (en primer término), José Mari, Cifuentes y Álvaro García, en plena comunión con la afición. / joaquín hernández kiki

La decepción de la derrota no ensombrece la excelente temporada coloreada por el Cádiz con tonos alegres en su regreso por todo lo alto a la categoría de plata. Con la permanencia hubiera sido suficiente. La salvación sin sobresaltos hubiese supuesto un bien, notable en el caso de haber terminado en la zona templada. Acceder al play-off era sobresaliente y el pelotazo del ascenso hubiese elevado la nota hasta la matrícula de honor. El equipo amarillo firma un sobresaliente después de coquetear con la puntuación más alta. José Mari, curtido en mil batallas, lo clavó tras la dolorosa eliminación en Tenerife. "La afición estuvo de diez y nosotros de nueve", afirmó a modo de balance de la temporada. Una vez finalizada la campaña, sólo caben agradecimientos dirigidos a una plantilla que ha hecho soñar al universo cadista con argumentos sólidos. Con humildad y ambición, con el lema 'todos a una' grabado a fuego.

El sueño no se interrumpió en Canarias. Sigue activo porque en menos de dos meses arranca una nueva temporada. Que a nadie se le ocurra infravalorar la Segunda Divisón A que tantas lágrimas costó recuperar. El Cádiz está en su hábitat natural y no tardará mucho en dar el salto a Primera. Quizás la campaña venidera, o la siguiente, o la otra... Lo importante estar donde está.

La plantilla estaba diseñada para salvarse sin padecimientos pero se empeñó en sus persistente capacidad para afrontar cotas mucho mayores. De hecho, el Cádiz no ha demostrado ser inferior a ninguno de los dos equipos que se van a disputar la plaza vacante que hay en Primera División. Se ha convertido en la primera víctima de la estrenada norma que recoge que en caso de empate en un cruce de play-off, sigue adelante el que quedó por delante en la clasificación del campeonato liguero.

El equipo entrenado por Álvaro Cervera se despidió sin haber perdido la ronda contra la escuadra canaria. Le queda ese pequeño consuelo. En el cómputo global de los 210 minutos (partido de ida, el de vuelta más la prórroga) el Cádiz fue superior en el juego y en número de ocasiones, pero la falta de pegada fue un pecado capital que frenó el avance hasta la final. Sin gol no hay recompensa. Hasta una decena de oportunidades claras des xperdició en el Heliodoro Rodríguez López. Bastaba con que hubiese entrado una. Lo dijo después Cervera: "Ha sido el partido fuere de casa que más ocasiones hemos tenido". Salvi, Rubén Cruz, Aketxe, Ortuño, Álvaro García... Todos los jugadores de ataque dispusieron de más de una para batir a Dani Hernández, pero la puntería brilló por su ausencia y faltó esa pizca de suerte que siempre es necesaria, la que quizás tuvo el Tenerife, que con menos llegadas hizo el único tanto que le valió para citarse ahora con el Getafe en el cruce definitivo. Esto no deja de ser un juego que depende de que la pelota entre.

El Cádiz pierde pero en realidad gana. Y mucho. Regresa al mapa futbolístico español con una campaña que sólo reúne calificativos elogiosos. Acapara alabanzas merecidas por su espíritu competitivo, por llegar hasta donde nadie esperaba, por hacer vibrar a los suyos. Cervera afirmó que está orgulloso de sus jugadores. No es para menos. El verdadero mérito del equipo amarillo es haber despertado toneladas de ilusiones en una afición que ha disfrutado como hace tiempo que no hacía. La hinchada ha vibrado con su equipo y el equipo con su hinchada en una comunión que siempre se recordará. Allá donde ha jugado el cuadro gaditano siempre ha estado acompañado de fieles seguidores.

El Cádiz despierta pasiones y aunque, no haya subido a Primera, el mero hecho de haber estado en la pomada ya es un logro valorado por todo el entorno. Nadie puede poner un pero a un equipo entregado en cuerpo y alma día a día en los entrenamientos y sobre el césped en cada partido.

Los jugadores quieren llevar al equipo a Primera. Lo tienen metido entre ceja y ceja y no van a parar, por ellos y por la afición, por un club que consideran que debe estar en la élite con los mejores. Avisan de que volverán más fuertes, con la misma mentalidad ganadora, con la misma ilusión que ahora, la que transmiten y la pasión que reciben de la hinchada.

El Cádiz no sube pero el proyecto se consolida. Se crean la estructuras necesarias para abordar tentativas de ascenso en las temporadas que vienen por delante. El proyecto deportivo avanza imparable con un objetivo ambicioso. Sin prisas, que son malas consejeras, pero sin pausa. El conjunto amarillo ha vuelto. Dejó en el olvido los seis largos años de tinieblas en la división de bronce y ya sólo mira arriba con los soportes sólidos de unos gestores deportivos de sobrada experiencia y una afición dispuesta a seguir de la mano con su equipo hasta donde haga falta.

El Cádiz pone fin a una magnífica campaña que empezó con dudas antes de poner velocidad de crucero. Más tarde llegó un bajón pero se agarró fuerza a los puestos de arriba, en los que estuvo nada menos que 26 jornadas consecutivas, más de la mitad de la Liga. En el momento decisivo la moneda cayó del lado del Tenerife pero el Cádiz no tiene que levantarse porque ni siquiera ha caído a la lona. La cabeza alta. Orgullo de lo realizado y motivado con lo que queda por hacer. El futuro se tiñe de amarillo.

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