Los rocieros de Huelva se encontraron con la Ría desde la avenida de Correos

  • Las obras en la plaza Doce de Octubre impidieron a la hermandad pasar por la Comandancia

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No es que fuera a entregar una misiva, que de seguro hubiera sido de paz y alegría para todo el mundo, ni que nadie hubiera quedado con ese amor más íntimo que nunca haya tenido. No, Huelva cogía por aquí porque la plaza Doce de Octubre le ha cerrado su camino hacia la Comandancia de Marina. La junta de gobierno decidió que tantas vueltas en un pequeño recorrido por una calle alternativa estrecha, con la demora en el tiempo que eso iba a suponer, le convenía mejor seguir por la avenida de Italia hacia la de la Ría, la antigua de Tomás Domínguez, para adentrarse desde aquí hasta la Ría.

Hubo quejas de algunos que en esta misma avenida y cuando paró la carreta a la altura del muelle de Riotinto increpó a la junta criticando esta actitud de no pasar por la Comandancia de Marina. No fue a más, no llegó la sangre al río, pero sí el cante y la alegría que en ningún momento debía verse enturbiada por nada. Se llegó aquí con bastante rapidez, sobre las once y diez de la mañana, la comitiva se fue extendiendo por la avenida Francisco Montenegro, mientras que todo iba mucho más lento por el centro de la ciudad, como si esto no caminara. Eran ocho kilómetros de comitiva, tanto que si la cabeza de la hermandad se encontraba casi para llegar a la Punta del Sebo, aun había tractores por el Barrio Obrero.

La barrera que Doce de Octubre supondrá ya para la Hermandad de Huelva en su camino hacia la Comandancia, puede abrir de nuevo lo que ha estado en la mente de todos, incluida autoridades, dejar la zona de la fábricas. Una solución en el tiempo podrá ser la del futuro puente del Tinto, que saldrá de Huelva a la altura de Renfe Mercancías para llegar a la otra orilla, entre Palos yMoguer, ideal para seguir el camino por aquí hacia la aldea almonteña.

La mañana de la Hermandad de Huelva se abría temprano, casi para muchos es un día de no dormir preparándolo todo. A las ocho era la misa de romeros, concelebraron el capellán Pedro Gamero y Antonio Salas, en una capilla que se desbordaba de gente hasta su patio y que con toda la emoción y la alegría dejaba salir el Simpecado, el presidente Dalmiro Prados lo entregaba al hermano mayor de 2008, Salvador Pomares Escalera. Se emprendía el camino cuando su voz marcaba un “vámonos” y el carrero echaba manos a los arreos de los mulos que tiraban de la carreta de plata. La primera parada ante el monumento a la Virgen de la Cinta, Patrona de Huelva, que en la rotonda del Papa Juan Pablo II era vigilante de todos cuantos accedían a la avenida de Andalucía donde se conformaba la comitiva de carros y tractores. Era una mañana gris, pero sin lluvia que ya era algo importante después de tanto parte de internet que nos tiene locos, una jornada que fue mejorando conforme avanzó el día. Habrá que esperar a los nuevos partes meteorológicos.

Con el sonido del tamboril y la flauta del grupo de tamborileros de la hermandad se iba abriendo el camino por avenidas tan amplias y llenas de fervor como la de Galaroza, con ofrenda de la Cruz de Mayo del Este o la de la Cruz de Mayo de la Seguirilla. Así hasta llegar a la parroquia de Nuestra Señora del Rocío, donde se está fraguando una tradición de la despedida de la Iglesia de Huelva a los romeros, como la del día anterior con Emigrantes en la Catedral. A las puertas estaba el obispo de la Diócesis, monseñor José Vilaplana Blasco, quien escuchaba la salve rociera del coro. Luego fue el saludo con el rezo de la salve por parte del obispo dedicada al Simpecado. Deseaba a todos que “la Virgen del Rocío nos de un buen camino, siendo peregrinos del Rocío de su espíritu, que llene de paz, alegría y amor nuestro corazón”. Se alegraba también en esta mañana que se vivieran momentos de familia junto a la Madre, “porque es una alegría que todos sintonicemos con la misma mirada hacia la Virgen”.

Como saludo de este barrio tan rociero de siempre, una inmensa petalada en la misma calle Federico Molina. Más allá el viejo estadio, portada de despedida y recuerda para muchas madres de hoy su tiempo de jovencitas cuando por mayo se iba hasta la plaza del Estadio a bailar sevillanas o a esperar en su día la salida o llegada de los romeros que venían por San Juan del Puerto.

La Gran Vía volvió a convertirse en un río humano de fervor hacia la Blanca Paloma, un lugar que a pesar de ser especialmente procurado por los onubense para participar de este encuentro cada vez tiene más obstáculo, entre torretas y torretas de televisiones o obras que también acortaron el espacio por la dichosa grúa del antiguo edificio del SAS.

El Ayuntamiento suple todo esto con sus gallardetes en las farolas y cintas colorida en los balcones. Un exhorto que bien pudiera tener toda la Gran Vía, habrá que esperar que se encuentre la sintonía para ello. La primera parada aquí es ante la Diputación Provincial, para luego seguir en el Ayuntamiento y más tarde en la Subdelegación del Gobierno.

La petalada del Ayuntamiento cada año es mejor, pero también hay que insistir en la de gente sin protección alguna que hay en la cornisa de la azotea, sólo aguantándose de los penachos. Sin duda un aspecto que se deberá tener en cuenta para la seguridad de todos, los de arribas y los que están abajo. Las lamentaciones luego no sirven de nada y si hay que ir con arnés, pues mejor, sólo caerán los pétalos de las flores.

La entrada se pudo controlar algo, aunque no mucho, de algo sirvieron las vallas, el susto lo puso un diputado que a las puertas del Ayuntamiento se cayó del caballo por los cuartos traseros. Pero no pasó la cosa de ahí. Mucha gente entrando con la carreta, poco se podía controlar de los peregrinos, entre los que entran y los que están. Aunque este año la mirada de la hermandad a las ruedas ha sido muy directa, nada de peregrinos a los lados, pero había aun algunos que no dejaban este sitio. Otro sí lo hicieron como Miguel Báez ‘Litri’ que después de que le atropellara la rueda el año pasado y las recomendaciones de la hermandad decidió irse detrás en un carro, eso sí andando para poder ir y venir del carro al Simpecado. En el Ayuntamiento algunos pequeños fueron subidos a besar el Simpecado. Después del Himno de Huelva se tocó ayer Mi Huelva Tiene una Ría, que es lo que sigue demandando la ciudad para esta ‘solemnidad’ festiva. El coro el del Lazareto y el recuerdo para Amparo Correa.

Una parada obligada y en este jueves cada vez más rociera es en la parroquia de la Purísima Concepción. Allí su párroco, Diego Capado, daba esos vivas como el bien sabe, han sido muchos los rocíos junto a la Blanca Paloma de capellán de Almonte.

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