El obispo recuerda a los rocieros su labor misionera

  • Cientos de rocieros participaron en la misa que ofició José Vilaplana en El Real de la aldea y a la que acudieron los 106 Simpecados filiales · Cantó el coro de la Hermandad del Rocío de Triana

Como todas las mañanas, desde bien temprano ayer empezaron a sonar flautas y tamboriles en la aldea de El Rocío. Los cohetes anunciaron la movilización en las casas de hermandad, cuyas directivas se preparaban para enfilar hacia El Real de la aldea, donde todo estaba dispuesto para celebrar la Misa de Pentecostés, uno de los actos religiosos de la romería y el principal de la jornada del domingo que da paso a la recta final del culmen de la romería, la procesión de la Virgen del Rocío por las calles de arena.

Los 106 Simpecados de las hermandades filiales volvieron a formar dos hileras en el altar, presididos por el Simpecado de la Hermandad Matriz, que con sus tonos plata ocupa la parte central. Esta 'cortina' de estandartes arropa a la media luna de sacerdotes que cada año se reúnen junto al obispo de Huelva, José Vilaplana, que ofició la Misa junto al párroco de Almonte. Este año el obispo acudió más rociero que nunca, al haber dado un paso más hacia la familia rociera recibiendo la Medalla de Honor de la Hermandad Matriz al terminar la novena de la Virgen.

Los Simpecados fueron llegando sin prisa pero sin pausa para ocupar sus lugares. Junto a ellos las juntas de gobierno de las hermandades encabezadas por el presidente y el hermano mayor, que con sus varas de mando ocuparon asientos de preferencia frente al altar.

Es un ritual que se repite cada año. Los escasos cambios en este acontecimiento religioso hace que se destaque, por ejemplo, el hecho de que se haya incrementado el número de sillas en la explanada que, por otra parte, siempre se quedan cortas por la multitud que acude. Cientos de romeros entre bostezos y haciendo algún que otro esfuerzo para desperezarse se fueron aproximando con pasos suaves y lentos a pesar de la brisa fresca de la mañana que corría ayer en la plaza protegida por las hermandades de Moguer, Huelva, Sanlúcar de Barrameda, Las Palmas de Gran Canaria, San Juan, Rociana y algo más atrás Carrión de los Céspedes.

La misa duró algo más de una hora, en parte por el amplio repertorio que tenía preparado el Coro de la Hermandad de Triana que amenizó e intercaló el cante rociero en el ritual litúrgico, haciendo que los fieles pasaran de la seriedad del acontecimiento eclesiástico a la alegría de las sevillanas, que más de uno siguió con palmas y baile de pies.

La bienvenida a los fieles; un recuerdo para todos los que sufren en diversos rincones del mundo, con un recuerdo especial a los miles de habitantes de Myanmar que han perdido la vida tras el ciclón y para los que sobreviviendo tienen que hacer frente a la vida sin nada más que sus escasas fuerzas. El Evangelio de San Juan que recuerda el hecho de Pentecostés que vivieron los doce apóstoles junto a la Virgen y Jesucristo. Este fue el bloque de inicio de la Misa de ayer.

La homilía de José Vilaplana se centró en Pentecostés e hizo una invitación expresa a los rocieros para que tengan presente que tienen una misión que cumplir más allá de las puertas de la aldea almonteña. "Todos estamos llamados a difundir el Evangelio de Jesucristo entre las personas que nunca han oído hablar de él". También señaló que estamos en un año de "marcado carácter misionero", de hecho la novena de la Virgen en Almonte también ha subrayado esto invitando a misioneros de distintos continentes a participar en los actos previos a la romería del Rocío.

El obispo hizo referencia a la colaboración de la Hermandad Matriz en la construcción de un orfanato de la República Democrática del Congo que llevará el nombre de Misericordia y Rocío. También agradeció a todas las hermandades y en especial a la Matriz la acogida y colaboración en el Encuentro de Jóvenes con la Diócesis de Andalucía que tendrá lugar en la aldea almonteña en el mes de julio con motivo de la XXII Jornada Mundial de la Juventud de Sydney con el Papa.

El obispo recordó a los romeros que en su labor misionera cuentan con el apoyo de la Virgen en doble faceta de Pastora y Reina. "Pastora, porque camina con nosotros con humildad y sencillez presentándonos en primer lugar al Pastorcito". Y "Reina, porque es encubridora del espíritu de Dios; sus ráfagas indican que está llena de la belleza de Dios".

Varios sacerdotes y colaboradores se encargaron de repartir la comunión entre los fieles repartiéndose a diestra, siniestra y centro para hacerse accesibles a la multitud de devotos de la Virgen del Rocío.

Tras la misa el obispo rodeado de los abalorios litúrgicos y el Simpecado de la Matriz regresaron a la ermita en una procesión precedida por flautas y tamboriles de la Hermandad almonteña.

Los romeros retomaron la fiesta en las casas de la aldea a la espera de que esta noche el pueblo de Almonte decida sacar a su Patrona para llevarla en procesión por las 106 filiales que esperarán ansiosas.

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