Rocío

Una jornada con cielo gris

  • El día en Doñana transcurrió con bastante nubosidad, alguna leve llovizna matinal y luchando contra los primeros arenales

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La jornada en el coto de Doñana transcurrió ayer bajo un cielo bastante nuboso, alguna leve llovizna matinal y encontrándose con los primeros arenales, aunque con menos atascos de los habituales. El obispo Juan del Río ofició la primera misa del camino en Marismilla.

Despierta el campamento y misa de romeros para saludar la mañana en el coto. La noche fue intensa y larga, para descansar y también para la convivencia entre todos, para la charla y el cante junto a la carreta del Simpecado o entre los grupos.

La primera pernocta fue en el paraje de la Marismilla, espacio que se convirtió en auténtico templo para la primera misa de camino que ofició el obispo diocesano, monseñor Juan del Río, con la presencia conjunta de las hermandades de Jerez y El Puerto, que también hicieron noche junto al Palacio, y con el detalle de estar presentes antiguos hermanos mayores como Francisco Gómez y Juan Manuel Bocarando. El día amaneció bastante nublado, tal y como decían los pronósticos meteorológicos y comenzaron a caer algunas gotas. Afortunadamente, las temperaturas siguieron más que agradables para acompañar los primeros momentos del segundo día de camino.

El estado de salud de la comitiva sigue siendo bueno excepto por algún accidente como la coz recibida por un jinete que sufrió una fuerte contusión en una pierna. Y muchos mosquitos, tal y como de preveía, así como algunos corrales o charcos de agua en las rodás, dificultades que entrañan cierto riesgo para le tránsito de coches y animales. Fue un día también que sirvió para analizar y estudiar de cara a futuras decisiones. Ya adelantó a este medio el hermano mayor, Felipe Morenés, que le gustaría reordenar los lugares de pernocta para equilibrar más las distancias a recorrer en cada jornada. Evidentemente hay una brecha importante entre el segundo y tercer día por Doñana, especialmente el viernes que es cuando la hermandad tiene que recorrer los más duros arenales y la tediosa sucesión de kilómetros por la raya. Un día que contrasta con el vivido ayer marcado por la lentitud y la escasa distancia a recorrer hasta las Carboneras, unos ocho kilómetros. Una situación que no depende exclusivamente de la hermandad ya que al ser la última en atravesar el Coto tiene que aguardar el avance de las que le preceden. La idea no es corregir por corregir sino estudiar primero las posibilidades que existen, para lo que esta romería servirá y mucho de cara a tomar futuras decisiones. En este sentido se pone como ejemplo la opción de pasar la segunda noche en El Cancelín, muchos metros más delante de las Carboneras, lo que aliviaría en gran medida el 'maratón' del penúltimo día por Doñana. Para ello la experiencia que acumule este año el nuevo alcalde de Carretas, Manuel Alejandro Bernal, será fundamental para establecer cambios o para dejar las cosas como están que, como dijo Morenés, "han costado mucho trabajo y esfuerzo establecerlas ya que han nacido de la experiencia". Entre tanto, las cosas siguieron como casi siempre. Una vez concluida la misa se ordenó la caravana muchos minutos después, tras el rezo del Ángelus, reiniciar la marcha casi a trompicones, intentando salvar vehículos que cayeron en las primeras rodás complicadas, causa principal de los parones que, dado lo relajado del día, se aprovecharon y muy bien por no pocos para seguir de romería, que de eso se trata también. El rumbo estaba puesto en el espacio que sombreado por altos pinos sirve cada año para el almuerzo y el descanso pero también para dar distancia a las que van por delante a fin de encarar los cerros con más holgura. Los de la Raya o del Trigo, a los que se accedieron después de superar el Cerro de la Leche -este año con una rodá paralela-, son las primeras manifestaciones más puras de Doñana con las que se encuentran los romeros. Rubias dunas de arena a ambos lados de la rodá perfilan la parte más tortuosa del camino pero a la vez, entre las más bellas. Y rompiendo esa armonía de naturaleza, la algarabía de la romería cuyos integrantes siguieron dando las gracias por poder disfrutar de un entorno único que identifica tan plenamente a Jerez. La jornada en el coto de Doñana transcurrió ayer bajo un cielo bastante nuboso, alguna leve llovizna matinal y encontrándose con los primeros arenales, aunque con menos atascos de los habituales. El obispo Juan del Río ofició la primera misa del camino en Marismilla.

Despierta el campamento y misa de romeros para saludar la mañana en el coto. La noche fue intensa y larga, para descansar y también para la convivencia entre todos, para la charla y el cante junto a la carreta del Simpecado o entre los grupos.

La primera pernocta fue en el paraje de la Marismilla, espacio que se convirtió en auténtico templo para la primera misa de camino que ofició el obispo diocesano, monseñor Juan del Río, con la presencia conjunta de las hermandades de Jerez y El Puerto, que también hicieron noche junto al Palacio, y con el detalle de estar presentes antiguos hermanos mayores como Francisco Gómez y Juan Manuel Bocarando. El día amaneció bastante nublado, tal y como decían los pronósticos meteorológicos y comenzaron a caer algunas gotas. Afortunadamente, las temperaturas siguieron más que agradables para acompañar los primeros momentos del segundo día de camino.

El estado de salud de la comitiva sigue siendo bueno excepto por algún accidente como la coz recibida por un jinete que sufrió una fuerte contusión en una pierna. Y muchos mosquitos, tal y como de preveía, así como algunos corrales o charcos de agua en las rodás, dificultades que entrañan cierto riesgo para le tránsito de coches y animales. Fue un día también que sirvió para analizar y estudiar de cara a futuras decisiones. Ya adelantó a este medio el hermano mayor, Felipe Morenés, que le gustaría reordenar los lugares de pernocta para equilibrar más las distancias a recorrer en cada jornada. Evidentemente hay una brecha importante entre el segundo y tercer día por Doñana, especialmente el viernes que es cuando la hermandad tiene que recorrer los más duros arenales y la tediosa sucesión de kilómetros por la raya. Un día que contrasta con el vivido ayer marcado por la lentitud y la escasa distancia a recorrer hasta las Carboneras, unos ocho kilómetros. Una situación que no depende exclusivamente de la hermandad ya que al ser la última en atravesar el Coto tiene que aguardar el avance de las que le preceden. La idea no es corregir por corregir sino estudiar primero las posibilidades que existen, para lo que esta romería servirá y mucho de cara a tomar futuras decisiones. En este sentido se pone como ejemplo la opción de pasar la segunda noche en El Cancelín, muchos metros más delante de las Carboneras, lo que aliviaría en gran medida el 'maratón' del penúltimo día por Doñana. Para ello la experiencia que acumule este año el nuevo alcalde de Carretas, Manuel Alejandro Bernal, será fundamental para establecer cambios o para dejar las cosas como están que, como dijo Morenés, "han costado mucho trabajo y esfuerzo establecerlas ya que han nacido de la experiencia". Entre tanto, las cosas siguieron como casi siempre. Una vez concluida la misa se ordenó la caravana muchos minutos después, tras el rezo del Ángelus, reiniciar la marcha casi a trompicones, intentando salvar vehículos que cayeron en las primeras rodás complicadas, causa principal de los parones que, dado lo relajado del día, se aprovecharon y muy bien por no pocos para seguir de romería, que de eso se trata también. El rumbo estaba puesto en el espacio que sombreado por altos pinos sirve cada año para el almuerzo y el descanso pero también para dar distancia a las que van por delante a fin de encarar los cerros con más holgura. Los de la Raya o del Trigo, a los que se accedieron después de superar el Cerro de la Leche -este año con una rodá paralela-, son las primeras manifestaciones más puras de Doñana con las que se encuentran los romeros. Rubias dunas de arena a ambos lados de la rodá perfilan la parte más tortuosa del camino pero a la vez, entre las más bellas. Y rompiendo esa armonía de naturaleza, la algarabía de la romería cuyos integrantes siguieron dando las gracias por poder disfrutar de un entorno único que identifica tan plenamente a Jerez.

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