Una salida brillante y con cohetes

  • Tras la misa de romeros, la caravana rociera puso rumbo a Sanlúcar en un trayecto donde, a causa de varios pinchazos de carretas, se llegó casi una hora más tarde de lo previsto al embarque en Bajo de Guía

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La hermandad de Jerez cumplió ayer su primera jornada de camino con algún incidente como el sucedido con una carriola en el mismo Sanlúcar, cuando el tiro de mulas se descolgó del enganche. Hubo evacuación de los ocupantes por parte de los servicios sanitarios de urgencia. Además de alguna lipotimia que fue atendida inmediatamente y algún parón por pinchazos en las carretas, entre ellas, la principal, que retrasó la llegada a Ventosilla para el rengue de almuerzo, por lo demás todo transcurrió con la normalidad que es posible en una movilización de estas características.

La mañana llegó más temprano que nunca para los rocieros jerezanos que tuvieron la fortuna de ponerse camino del Rocío. Fue la partida, este año diferente, más sonora y vistosa. La hermandad inició el camino saliendo de Santo Domingo después de la misa de romeros. El tronar de los cohetes fue un sonido devuelto a esta escena plagada de trajes de corto, batas rocieras, trajes de flamenca, relinchar de caballos y el trajín propio de la partida. En su conjunto, marcada por el nerviosismo propio del estreno de una romería. Los sonidos se mezclaban con los aromas de una mañana de primavera en Cristina: pitero y tamboril junto con otros ecos habituales como el traqueteo de las carretas y el choque de los cascos de la caballería sobre el adoquinado de las calles. Y el Simpecado que no pudo salir desde dentro en su carreta por la oposición física de los mulos que no quisieron andar hacia atrás. Era una de las intenciones de la junta de gobierno, que se estrena esta romería, que quiso poner en práctica. No obstante, hubo otros aires por Cristina que consiguieron realzar el momento más de Jerez de la hermandad. Por lo menos, media ciudad se enteró de que la hermandad salía gracias a los cohetes que volvieron a estallar sobre el cielo. Hacía años que no se lanzaban 'los telegramas a la Virgen', como define a los cohetes la añeja sevillana rociera que canta Triana.

El guión de la salida fue el mismo, eso sí con detalles estéticos diferentes. Tras la misa de romeros, el Simpecado fue trasladado a su carreta en cuyo alrededor decenas de personas ya se arrimaban a la vara de peregrinos para andar junto a él, en su mayoría para hacer sólo el tránsito urbano que expiró, una vez más, en el hospital San Juan Grande. Se oyeron los primeros vivas a la Virgen, los primeros aplausos y las primeras lágrimas de emoción o de lamento por no poder hacer el camino. Enfilada la Porvera, una parada para recibir el alegre saludo y la oración de los pequeños escolares de la Escuela de San José que soltaron dos palomas y que estrenaron incluso un pequeño Simpecado en su versión escolar. Más adelante, el rezo de despedida ente la Virgen de Lourdes que en su gruta del Calvario fue un año más testigo del adiós de los romeros antes de entrar en el Sanatorio. Y allí junto a los hermanos de San Juan de Dios, el Simpecado bendijo a todos. Tras el protocolo de oraciones y discursos, volvió a encabezar la caravana compuesta este año por catorce carretas. La hermandad pisó los primeros metros de la carretera que les llevó hasta Bajo de Guía. Parada de Ángelus y más adelante, en Ventosilla, el primer rengue de almuerzo. Tras repararse los pinchazos en las carretas, de nuevo a la dura rodá de asfalto hasta que se percibió el olor a la mar cercana de Sanlúcar.

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