Coronavirus en Cádiz Remake de 'Titanic' en la calle San Francisco: la música sigue sonando mientras la economía gaditana se queda con el agua al cuello

  • Un joven con su violonchelo interpreta la canción 'My hearth will go on' en una calle San Francisco desértica y con los comercios y bares ya cerrados a causa de las nuevas restricciones

Centro de Cádiz. Calle comercial desierta tras el cierre de los comercios a las seis de la tarde. / Julio González (Cádiz)

La crisis provocada por la pandemia de coronavirus nos deja cada día desde el pasado mes de marzo imágenes insólitas, tristes, esperanzadoras, indignantes, surrealistas, algunas divertidas... Desde los carteles y los aplausos en los balcones durante el confinamiento hasta las calles y terrazas repletas de personas con y sin mascarillas, guardando más o menos distancia, cada jornada es una nueva aventura desde que la Covid-19 llegó a nuestras vidas. En la cresta de la segunda ola, la provincia registró hoy más de medio centenar de nuevos positivos y nueve muertes. 

Este martes Cádiz estrenaba nuevas medidas ante el auge de los contagios, unas restricciones que ponen en jaque a la hostelería y el comercio local. La obligación de cierre a las seis de la tarde convirtió en desérticas las hasta entonces concurridas calles del centro de la ciudad, aunque siempre hay valientes dispuestos a enfrentarse a la crisis con una sonrisa o, aún mejor, con música. 

Así, sobre las 18.30 horas, con las tiendas y bares ya cerrados, aún resistía en la calle San Francisco un joven armado con su violonchelo. E interpretaba, curiosamente, la conocidísima canción My hearth will go on, tema central de la banda sonora de la película Titanic, una cinta en la que los músicos siguen tocando mientras el barco se hunde ya sin remisión.

Quizá una buena metáfora de la situación, pues mientras la música aún suena en la calle la economía gaditana se hunde a causa de la pandemia y cientos de comercios, bares y restaurantes se encuentran ya con el agua al cuello tras ocho meses de restricciones. Solo cabe esperar que esta historia no tenga el mismo final y que Cádiz, por fin, pueda salir a flote. 

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