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Bajo las estrellas

Cine de verano

  • El desarrollo urbanístico de las ciudades acabó con este formato de salas que vivieron su época de oro durante las décadas de los cincuenta y sesenta del pasado siglo

os trabajos se iniciaban unas semanas antes de la inauguración, cuando se encalaban las paredes, se perfilaba la pantalla blanca con líneas negras, cuando se pintaba la fachada y las puertas de madera normalmente de verde o rojo,  cuando se sacaban del almacén las sillas de maderas y, una a una, se revisaban y reparaban, cuando se ponía en marcha el congelador del bar y se cambiaban los cristales rotos de las carteleras, cuando se cortaban los arbustos crecidos durante el resto del año y se adecentaban los aseos.

Era la rutina de cada año, cuando se preparaban los cines de verano para abrir sus puertas. En la época dorada, de finales de mayo o principios de junio hasta finales de septiembre y, si el tiempo acompañaba, hasta entrado el mes de octubre.

Hace tiempo que esta rutina pasó a la historia. La llegada de los videoclubs, en la década de los ochenta del pasado siglo, y el boom inmobiliario que le siguió acabaron con el cierre de las decenas de cine  que, en buena parte de las localidades de la provincia, eran el referente del verano. Así, en la primera mitad de la década de los sesenta, de las 194 salas existentes en la provincia un centenar eran de temporada.

 Jerez tuvo muchos y muy buenos cines de verano. Los mejores y más elegantes, fueron el Cine Astoria y la terraza del Jerezano, en la calle Caracuel. También estaban el Cinema X, el Cine Santiago, el San Agustín, el Santo Domingo, el Cine Barceló en la calle Lechugas, el Avenida, en la plaza de toros, etc. 

Todos fueron desapareciendo, poco a poco, con la llega de la televisión. Hasta no quedar ninguno. Sin embargo, el Astoria, adquirido por el Ayuntamiento, en la calle Francos, se recuperó con la intención de convertirlo en sede de los viernes flamencos y para que también se proyectasen películas. Esto ocurrió un año o dos, al principio de pasar a manos del Municipio, pero luego se olvidó y se dejó a Jerez sin cines de verano.

Una verdadera pena, porque el Astoria, por su magnifica situación y su excelente conservación, todavía podría utilizarse, como terraza de buen cine, alternando con otras actividades veraniegas.

En Cádiz, el cine Brunete aguantó hasta septiembre de 2003. Fue durante casi medio siglo una de las salas de referencia del estío gaditano, siempre con la familia Casado al frente. Cerró, curiosamente, cuando vivía una segunda época de oro. Convertido en un multicines con tres salas y proyectando cintas muy recientes se había salvado de un cierre más que inminente. “El Brunete sobrevivía gracias a lo que se recaudaba en el Caleta (el otro cine de verano de la familia, ubicado en pleno barrio de La Viña), hasta que se reconvirtió en dos salas y, después, en tres”, recuerda Manuel Casado, que diseñó una renovación que provocó que se dejasen a un lado las películas habituales de cada verano, “cintas italianas eróticas y de chinos muy malas, que llegaban destrozadas”, por películas estrenadas la temporada anterior o que se proyectaban por primera vez en Cádiz. Las sillas de madera pasaron también a la historia, sustituidas por cómodos asientos de plástico, en algunos casos con mesa incluida. Porque desde siempre el cine de verano ha ido acompañado por la cena que se llevaba el espectador o que compraba en el propio bar de la sala. 'Selecto pescado frito', anunciaba en su programa diario el cine España en los años sesenta, una de las salas más amplias de Cádiz.

Fueron así el final de los noventa y los primeros años de este siglo tiempos de sesiones repletas de público, en la mejor tradición del cine de verano de la década de los cincuenta y sesenta. “Con Titánic, que ese mismo verano había estado en la cartelera de los Multicines Cádiz, en el Reina Victoria, sin apenas espectadores, logramos vender 11.000 entradas en la semana larga que la mantuvimos, mientras cerrábamos acuerdos con distribuidoras como Buenavista, para estrenar en Cádiz, como pasó con algunas de Bruce Willis”.

La presión del Ayuntamiento, que en su planeamiento urbanístico había pintado un bloque de viviendas en los terrenos del Brunete, provocó el abrupto final del cine de verano en Cádiz capital. Antes había caído el Caleta, cerrado para levantar en su lugar un complejo de pisos para universitarios que se retrasó siete años en su ejecución.

Junto a la familia Colón, los Baro fueron también promotores cinematográficos en la capital. Una de las hermanas, Pilar, tuvo la idea de construir un cine de verano en Puerta Tierra, en una zona aún en urbanización en la trasera de la residencia sanitaria, con el nombre de Maravillas, que contaba con servicio de aparcamiento gratuito y vigilado. Años más tarde se levantaría sobre el mismo varios bloques de pisos, dejando incluso hueco para un cine de invierno del que sólo se construyó la estructura.

Joaquín Ponte estuvo al frente de la Inmobiliaria Gaditana, que gestionó durante largos años buena parte de los cines, de invierno y verano, de Cádiz. Entre ellos estaba el España, abierto en 1955 con la mayor pantalla de todo el sur. La última sala estival abierta fue el cine Mar, en 1963. Hoy, todos los solares de estos cines están ocupados por bloques de vivienda menos el del Terraza, en la plaza de las Flores, donde el Ayuntamiento proyecta una guardería.

En El Puerto, en junio de 1935 abría sus puertas el cine Orpheo impulsado por Antonio Valimaña, cuya familia gestionara en su momento el cine Macario, primero como sala de verano y después de invierno. El cine España, en la Ribera del Marisco; el Cinema Puerto o el cine Playa, cuyos promotores se atrevieron a abrirlo en 1974, en plena crisis del sector, fueron otras salas de referencia en El Puerto.

En La Isla, la familia Ballester estuvo al frente de las grandes salas de la ciudad. Los cines San Fernando, uno de los más grandes de Andalucía, Marqués de Varela, Madariaga, Florida... ocuparon una parte esencial del veraneo en esta ciudad vencidos también por el avance inmobiliario que también se llevó por delante al cine Jardín, Bailén o Arroyuelo de Chiclana. Como en Conil fue durante años un referente el Cine Playa.

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