Juan José Padilla | Matador de toros

"Cada vez que el toro me ha herido, me ha dado más fuerza"

  • Estuvo a punto de abandonar después de un percance gravísimo. Tras otro, en el que perdió un ojo, el diestro jerezano pasó de ‘Ciclón’ a ‘Pirata’, de superar campos de minas al asalto de los corazones con su valor salvaje. Su navío de luces enfila el adiós. Habla Juan José Padilla, en estado puro

Juan José Padilla, ayer, en su domicilio, delante de varios de los toros con los que consiguió grandes éxitos. Juan José Padilla, ayer, en su domicilio, delante de varios de los toros con los que consiguió grandes éxitos.

Juan José Padilla, ayer, en su domicilio, delante de varios de los toros con los que consiguió grandes éxitos. / Miguel Ángel González

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El matador de toros Juan José Padilla (Jerez de la Frontera, 1973) enfila la recta final en el año de su retirada. El próximo sábado se despide de la afición de Sevilla y el 14 de octubre cerrará su temporada española de manera oficial en Zaragoza. Torero de máxima entrega en los tres tercios, triunfó durante casi dos décadas a sangre y fuego ante corridas duras antes de vivir una etapa en la que comparte carteles de postín junto a las figuras, en la que califica como su época “dulce”.

–Juan José, ¿qué siente ante la retirada?

–No tengo ningún tipo de melancolía. He recibido más de lo que esperaba. Es un deber cumplido, una satisfacción y un orgullo tremendo. Ha sido un camino dificultoso y ahora daré un paso adelante para disfrutar, con más tranquilidad, con la familia y amigos.

–Será difícil hacerlo tras escuchar, nada más y nada menos que en Pamplona, ‘¡Padilla, quédate!’.

–Han sido veinte años consecutivos de respeto de esa afición. En Pamplona he tenido varias cornadas muy duras. Pero fue más de lo que esperaba. Esa frase se me clavó en el alma.

–¿Está sufriendo más cogidas que en temporadas anteriores o es que ahora tiene mayor eco lo que hace?

–Quiero dejar el mejor recuerdo. Me entrego al máximo, que vean cómo es Padilla y ha habido que pagarlo con volteretas fuertes. Lo tengo asumido. Además, la cogida es la obligación del toro. Me marcho bien, tengo fondo físico.

–¿Qué cambio ha experimentado de su etapa con corridas duras a la actual?

–Aquella tauromaquia del maestro Rafael Ortega cuando la aplicaba en corridas duras era de autodefensa, con una técnica distinta. Ahora he vivido la cara amable del toreo, con más posibilidades. El sufrimiento es parte de la gloria; pero ya me hubiera gustado que el percance del ojo hubiera sido unos años antes.

–¿Cuál ha sido su mayor triunfo?

–Haberme adaptado al tipo de corridas de ahora, con las figuras. Fueron 18 años en corridas duras, lidiando 79 de Miura o 68 de Victorino y tras entrar en otro tipo de ganaderías he tenido la suerte de que no me hayan dado la patada.

"Lo más duro de superar fue el percance de Huesca. Estuve a punto de abandonar. Pensé que no estaba para mí"

–¿Se le ha quedado algo en el tintero?

–Tras un enfrentamiento con Las Ventas, he vuelto a tener el respeto de su afición. He toreado en La Beneficencia y en La Prensa. Pero tengo la espinita de la Puerta Grande de Madrid.

–¿Qué ha sido lo más difícil de superar?

–Los primeros percances graves. El de Huesca me reventó el duodeno. Tiré la toalla. Pensé que no estaba para mí. Fue muy duro. Remonté a base de constancia. Ahí entendí que la vida no sería fácil.

–¿Y los mejores momentos?

Sus principales cornadas. Fuente: elaboración propia. Sus principales cornadas. Fuente: elaboración propia.

Sus principales cornadas. Fuente: elaboración propia. / Dpto. de Infografía

–La gloria ha estado ahí presente. Sin duda, la Puerta del Príncipe, las cuatro salidas a hombros en La México, con un indulto o liderar tres años el escalafón. Por todo ello siento gran emoción y orgullo.

–¿Cómo superó la pérdida del ojo izquierdo?

–Reconociendo con humildad que a la vida hay que enfrentarse con valor. No hablo de ponerme delante del toro. Hay que emplear una gran fuerza mental. Tenía ilusión en torear tras el percance. Veía a todos derrumbados y eso me hizo fuerte. De todas formas yo tuve un tiempo en el que estuve hundido, que no quería ver a nadie. Pero me apenaba la tristeza de mis seres queridos y entendí que mi profesión serviría para cambiar todo. Cada vez que el toro me ha herido, me ha dado más fuerza. Está claro, que el torero salvó al hombre.

–Lucio Sandín, que también perdió un ojo por cornada, me dijo que abandonaba porque hay un segmento de espacio en el que perdía el control del toro...

–A mí me sucedió con 18 años de alternativa. No soy un superhombre. Pongo voluntad y con técnica y veteranía en ese espacio del que no tengo visión del toro imagino lo que hace. Es una sensación tranquila. Es un milagro.

–¿Qué le ha dicho a Ureña, que ahora tiene pérdida de visión también del ojo izquierdo?

–Que muchos toreros han pasado por eso. Y hay que afrontarlo. Es un hombre con una gran capacidad y lo está asimilando. Soy optimista. Volverá a torear. Además le dije que ha hecho lo que nadie ha hecho:quedarse en el ruedo tras una cornada de ese tipo.

"Del espacio del que no tengo visión del toro imagino lo que hace. Es una sensación tranquila. Es un milagro"

–¿Qué siente ante quienes desprecian sus heroicidades?

–Que no son personas centradas y tienen una falta de humanidad y respeto tremendos. Me da tristeza y pena.

–Opinión del movimiento antitaurino.

–Intentan vender que los toreros somos agresivos en el ruedo y en la calle. Es algo irreal porque todos amamos al toro en el campo y tenemos animales. Además, provocan en la calle al mundo del toro.

–¿Qué es el valor?

–Simular el miedo.

–¿Yel miedo?

–Es la falta de seguridad.

–¿Cómo se supera?

–Con compromiso y responsabilidad a través de la mente.

–De aquel ‘Panaderito’ de sus comienzos a hoy, ¿qué queda?

–Todo. El niño risueño. Cuando me llaman así por la calle vuelvo la cabeza. Ese sobrenombre me lo pusieron Dámaso González, Ruiz Miguel, Espartaco..., los grandes ganaderos de la Ruta del toro... Desde los siete u ocho años repartía e incluso amasaba pan en la panadería donde trabajamos la familia.

–Sabiendo que tendría que pasar por los mismos tragos amargos, ¿firmaría por comenzar de nuevo?

–(Contundente) Sí. La vida me ha recompensado muchísimo.

–Sevilla y Zaragoza y luego América. ¿No le ha dicho la familia: ‘¡Hasta aquí!?

–Desde que conocí a Lidia –su esposa–, que era una niña, ha respetado esas decisiones. Y mis hijos –Paloma y Martín– lo mismo. Al menos voy a torear una decena en México, rematando en la Monumental.

–¿A qué se dedicará?

–En manos de Dios lo dejo.

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