Toros

Una perfecta tormenta de toreo

  • Antonio Ferrera, Paco Ureña y David de Miranda se marchan a hombros en Cortegana tras cortar un total de nueve orejas

  • Llueve con fuerza durante la lidia del tercero de la tarde

Una perfecta tormenta de toreo Una perfecta tormenta de toreo

Una perfecta tormenta de toreo

Se le caían los churretes papel abajo a la libreta de apuntar cosas del cronista. Jarreaba el cielo con el tercero en la plaza en manos de Miranda, el tendido huyendo despavorido en busca de refugio y los músicos hacinados sobre el antepalco del patio de cuadrillas acogiendo gente en ese paraíso que ofrecía el palio de lona. Había amagado ya la tarde con goterones de muchos quilates y dos faenas por parte de Ferrera y Ureña que habían tenido cositas guapas, más por parte de los toreros que no de dos ejemplares con los que no hubo modo de emplearse a destajo, por aquello de la escasez que, de todo, ofrecieron los ejemplares de Sobral.

En medio de un lodazal, Miranda se afanaba por dar respuesta a esa oreja que sus compañeros llevaban en el esportón y porque, a pesar de la desbandada, los más fieles seguían en el tendido desalojando agua por los bolsillos, o por donde saliera. Cumplió Miranda en decidido y valiente con el cometido ante un toro que apuntó mejores cosas que sus dos hermanos anteriores, y a pesar de que tronaba el cielo en esos menesteres propios de la tormenta, el triguereño seguía a lo suyo, recompensando con buen trazo torero la embestida de un toro que poco a poco se fue tragando el notable toreo del torero por ambas manos y rematadas, ya en plena furia del cielo, con una media en lo alto que bastó para empatar a trofeos y en la adivinanza de allí pararía el festejo.

Mas no paró. Podría decirse que allí empezó todo. El agua se fue, volvieron los que se habían ido y, con ellos, los tres mejores toros de una buena pero incompleta corrida de Sobral. Con ellos empezó todo. Esta vez, la tormenta en el ruedo; tormenta de toreo bueno, de razones toreras y de esa calma que, después de la lluvia, le había quedado a la tarde torera de Cortegana.

To cristo mojao y a todo esto llega Ferrera, cambia de terrenos y le saca los olés a la plaza enganchando en el percal la impecable embestida de cuarto. Más allá de un tercio de rehiletes cuajado con prontitud, la plaza entendió perfectamente el compromiso de Ferrera con el toro, enseñando que iba a durar poco pero con buen son. Por ambas manos ayudó el extremeño a que la embestida se vaciara en su máxima extensión, y mérito suyo fue hacer que el nivel de tensión en el tendido no bajara un ápice cuando el que se quedó sin más argumentos fue el toro. El mejor Ferrera de esas tardes de tesón y torería ya se había ganado a todos. También al tendido, cuando después de mucho temple y una soberbia estocada le pidió las dos orejas del ejemplar portugués.

Se iba conjurando una tormenta perfecta para que Ureña se dejara ver con mucha torería y empaque en el toreo de capote que le endosó en forma de quite sincero al quinto de la tarde. Después, la faena venida de menos a más cuajó uno de los actos importantes del festejo de ayer. No se aburrió el torero de unos primeros compases donde la voluntad estuvo por delante del acierto. Pero a partir de la segunda serie, el murciano y el precioso ejemplar de Sobral se entendieron cuando la distancia y el temple le llegaron con toda la sinceridad del mundo y el conjunto se vino arriba de forma impecable. Ureña y el toro, a más; a mucho más que más. A soberbia torera, haciendo lucir por ambas manos a un buen toro. Estocada grande. Ya no tronaba el cielo. Tronaba el tendido.

Un tendido retornado en su totalidad para ver sobre la calma de la tarde lo mejor de un Miranda jugando en esa partida de triunfadores que la tarde deparaba y un buen toro certificaba. Tuvo clase, el que más, y Miranda no dejó pasar la ocasión de irse muy valiente al centro del ruedo para dejárselo llegar con plenitud de bravo y ofrecerle el capote a cambio del cuerpo. Un torrente de toreo con temple que reivindicó de nuevo la pasión en el tendido cuando el triguereño le puso de verdad la muleta por delante. Sin cuentos ni gaitas. Todo con una sinceridad plena que dejaba llegar en cada serie el encaje de un toreo ligado, perfecto en su equilibrio y disposición para enganchar un muletazo a otro sin ceder el sitio.

Con el broche acertado de un espadazo a media asta en buen sitio Miranda cerró una tarde de toreo que la lluvia templó tras el temporal. Otra vez Cortegana, mágico escenario de una buena tarde de toros. Mojados todos, sí, pero con dignidad, oiga.

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