Tito de San Bernardo. Torero "El mejor capotazo es el que no se da"

  • Considerado uno de los mejores banderilleros con el capote de la historia, fue apoderado y profesor de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla

Tito de San Bernardo, durante la entrevista en Diario de Sevilla. Tito de San Bernardo, durante la entrevista en Diario de Sevilla.

Tito de San Bernardo, durante la entrevista en Diario de Sevilla. / Antonio Pizarro

Manuel Rodríguez ‘Tito de San Bernardo’ (Sevilla, 1929) está considerado como uno de los mejores banderilleros en la brega de la historia. A las órdenes de máximas figuras, ejerció posteriormente de apoderado y fue profesor de la Escuela de tauromaquia de Sevilla.

Tito de San Bernardo –el apodo de Tito por su padre y un tío suyo que quiso ser torero y San Bernardo, de la calle Campamento, por el barrio en el que vivió–, quien a sus 90 años conserva una estampa torera envidiable, desvela el comienzo de su afición: "Desde chico vivíamos en San Bernardo, cerca del matadero, donde jugábamos al toro los chavales, como Manolo y Rafael Vázquez, El Chachi o Hipólito".

"Apoderé a Paula. Con los toreros lo pasaba bien, pero el tema de despachos no es agradable"

Con Pepe Luis y Manolete como ídolos, el joven Manuel pronto decide convertirse en profesional: "Me estrené con 15 años en Huelva y debuté con picadores en Granada en el 47. Después de tres años no rompí para figura y cuando salí del servicio militar me hice banderillero. Fui con Cayetano, Pepe y Antonio Ordóñez. Luego, con Antonio y Manolo Vázquez, Chamaco, Puerta, El Viti, Paquirri, Camino, Dámaso, Alcalde, Niño de la Capea, Tomás Campuzano y otra vez Capea. Me he llevado muy bien con todos, sobre todo con Manolo Vázquez y Capea".

Siempre a las órdenes de grandes figuras, toreó “más de dos mil corridas de toros, ininterrumpidamente desde 1950 hasta el 85, hasta que me retiro en Zaragoza toreando con Capea” haciendo campaña todos los inviernos en América, "donde se ganaba dinero y porque además así no dejaba de torear". Las ofertas nunca le faltaron y una de las claves fue que "José Camará cogía a un torero y me contrataba con él de inmediato y me llevaba a América".

Tito analiza la función del banderillero: "El capote es más importante que las banderillas;aunque hay que saber banderillear bien. Yo tenía facilidad. En cuanto al capote, con un capotazo de más expones sin necesidad y quitas muletazos al matador. Por eso siempre digo que el mejor capotazo es el que no se da".

Entre sus referentes señala a "Michelín, Alfredo David, José El Andaluz y Joaquinillo".

Tito de San Bernardo, en la brega de un toro en 1960 en Barcelona. Tito de San Bernardo, en la brega de un toro en 1960 en Barcelona.

Tito de San Bernardo, en la brega de un toro en 1960 en Barcelona.

De sus triunfos –ganó trofeos en las principales plazas de España y de América–, explica con modestia que llegó a sonar en dos ocasiones la música por su magnífica brega –algo inusual– y rescata "una tarde muy buena en Valencia, con una corrida de Antonio Pérez, toreando con Camino. Salió un toro muy complicado y me vi por encima de él". También rememora como corrió un toro de Victorino Martín, de salida, a una mano.

Dentro de su dilatada trayectoria en el mundo del toro, no todos conocen su faceta como apoderado: "Cuando me retiré estuve un año sin hacer nada. Al siguiente apoderé a Rafael de Paula, con el que estuve cuatro años. En el 89, en la famosa faena que hizo al toro de Benavides y cuando toreó los seis toros en Sevilla lo apoderaba. También lo fui durante un año de Manolo Cortés. Con los toreros lo pasaba bien, pero el tema de los despachos no es agradable".

Su vinculación con el toro continuó como profesor de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla: "Entré en el segundo año de nacer la Escuela y hasta que lo dejé, en 2016, han salido 14 de matadores de toros. Se trata de que los alumnos aprendan a torear de salón. Porque ni el valor ni el arte se pueden enseñar".

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