Toros

Talavante, fabulosa faena sin rubricar

  • El torero extremeño corta una oreja tras una obra maravillosa, fantástica e inspirada, que no corona con la espada · José María Manzanares consigue un trofeo y El Fandi se marcha de vacío

GANADERÍA: Corrida de Núñez del Cuvillo, en conjunto bien presentada. De juego variado: primero, con transmisión e incierto; segundo, manso, aunque humilló, destacando el buen pitón izquierdo; tercero, de notables embestidas (ovacionado en el arrastre); cuarto, bravo y a menos; quinto, cortísimo; y sexto, pegajoso, se salía suelto de las suertes. TOREROS: David Fandila 'El Fandi', de azul y oro. Pinchazo hondo y descabello (saludos tras ovación). En el cuarto, pinchazo y estocada (saludos tras ovación). José María Manzanares, de azul y oro. Estoconazo (oreja). En el quinto, estocada enhebrada, seis pinchazos y un descabello (silencio tras aviso). Alejandro Talavante, de grana y oro. Dos pinchazos y estocada (oreja). En el sexto, pinchazo y estocada (saludos tras ovación y aviso). Incidencias: Plaza de toros de La Misericordia. Domingo 9 de octubre de 2011. Lleno. El Fandi fue atendido de una fuerte contusión en la cadera.

La primera faena de Alejandro Talavante, por maravillosa y fantástica, la podemos calificar de fabulosa. Una obra con grandes dosis de inspiración, coreada y aplaudida continuamente por el público que llenaba La Misericordia. Un faenón de los que hace aficionados y que cautivó absolutamente a todos los espectadores, que pidieron un trofeo... ¡tras dos pinchazos y una estocada! De acertar al primer envite, el premio posiblemente hubiera sido el máximo: dos orejas y rabo. Y es que Talavante bordó el toreo ante Esparraguero, un jabonero claro de notables embestidas.

Variado con el capote -intercaló verónicas y cordobinas-, el torero pacense, muleta en la diestra, comenzó su brillante obra de manera variada, intercalando derechazos, un molinete, el pase de las flores y el de pecho. Continuó en una tanda en la que, como un mago, se sacó de la chistera un cambio de mano increíble. Todavía más increíble e intensa fue una serie posterior, en la que con las zapatillas asentadas parecía jugar con el toro con las arrucinas. Pero lo mejor llegó al natural. Por puro, por cristalino, por sincero: movió la muleta de manera muy suave la tela encarnada en una serie maravillosa. Y en otra con esa mano, relajado, ¡como si no existiera toro!, dibujó naturales al ralentí y de mano baja. En el cierre continuó con su gran variedad muletera, con cambios de mano y trincherillas. Las palmas habían echado humo. Se hizo el silencio. Y Talavante, tan genial, rompió el hechizo al pinchar en dos ocasiones, antes de la estocada definitiva.

Ante el sexto, un manso y pegajoso animal, Talavante realizó un trasteo pundonoroso y muy dilatado. El toro, que acometía con nervio, salía suelto de las suertes, por lo que resultaba imposible el lucimiento artístico.

De nuevo sobrevoló el drama sobre la Misericordia y también en el tercio de banderillas. El Fandi, que había recibido al toro que abrió plaza con una larga cambiada de rodillas, fue enganchado cuando jugueteaba tras el tercer par, siendo alcanzado a la altura del muslo derecho. El granadino, con la banda de la taleguilla destrozada, se levantó muy dolorido, pero con raza tomó otro par, que prendió entrando por los adentros. La labor de muleta resultó peleona, con un toro incierto y con transmisión. Ante el cuarto, una preciosa pintura zaina, coronada por unas generosas agujas, El Fandi, que prendió los palos sin apreturas, dio un millón de muletazos en una labor en la que escuchó un aviso antes de entrar a matar y en la que faltó reposo ante un animal bravo y a menos, que mereció más.

José María Manzanares cobró un trofeo de su primero, un animal manso, pero que humilló en la muleta, especialmente por el pitón izquierdo. El alicantino se hizo con el precioso colorao, con el que brilló en dos tandas con la diestra, cortas, pero intensas. Con la izquierda dibujó una serie de bellos naturales. Y en otra estuvo a punto de ser cogido cuando daba un pase. Tras el susto, encontrando dificultades para cuadrar al animal, que escarbaba, lo llevó a los medios, donde mató de un estoconazo.

Manzanares se las vio en segundo lugar con un astado bajo y algo montado, que acometió sin recorrido, muy corto y con reservas, con el que resultó imposible el lucimiento. Paradójicamente, el torero que más premios ha ganado este año como mejor estoqueador y que ha resucitado la suerte de matar recibiendo, se transmutó en un pinchaúvas y dio un mitin con la espada.

Por encima de todo lo acontecido ayer en el ruedo, sin duda, los naturales y la magia que desplegó Talavante han pasado a los anales de la plaza de La Misericordia.

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