Toros

Don Ángel, torero renacentista

  • El rejoneador recibe hoy en Madrid el prestigio galardón por su trayectoria como torero a caballo, de la que se cumplen 70 años de su alternativa Escritor, actor, inventor, veterinario...

Por sus venas corre la memoria de aquellos caballeros-rejoneadores y varilargueros, hombres de honor a quienes se anunciaba con el don por delante. Don Ángel, así se conoce y conocerá en el mundo de la tauromaquia a Ángel Peralta, nacido en La Puebla del Río en 1925, ganó este tratamiento por su sabiduría en los ruedos y su amplio registro en otras artes, además del toreo. Don Ángel ganó este título por su gloriosa singladura en el toreo a caballo, iniciada hace siete décadas en La Pañoleta, cuando su sangre galopaba en las Marismas sevillanas con una fuerza, un vigor y una casta que no han cesado.

Señorío a flor de piel, recibe hoy la Medalla de Oro de las Bellas Artes con la unanimidad de aquellos que aman el toreo, el toro -también es ganadero- y el caballo. Galardón que recogerá como "un reconocimiento a través del cual quiero valorar que el toreo es arte y cultura". El Centauro de las Marismas plantó su semilla torera, entre otros lares del planeta taurino, en el albero de la Maestranza, donde se erigió como primer rejoneador que cortaba un rabo, en la Feria de Abril de 1971. Una Maestranza en cuyo museo quedó inmortalizado en una escultura de Luis Sanguino.

Caballista excepcional, fue creador de algunas suertes, como la de la rosa, que nació en la plaza de Sevilla y que en cierta ocasión nos describió de ésta singular manera:

"En una corrida de Sevilla, una mujer muy bella, que se asustó cuando el toro estuvo a punto de cogerme, arrojó una flor para hacerme el quite. Era una rosa que cayó a la arena, el toro y yo. Una rosa que llevaba en el pecho. Entonces yo me tiré del caballo, até la flor a una banderilla corta y le brindé la suerte: -¡Para que no se asusten/ en la plaza las hermosas,/ a los toros las heridas/ se las cubriré de rosas".

Carta esencial de Los cuatro jinetes del Apoteosis, junto con Álvaro Domecq, Lupi y su hermano, compuso un póquer de ases del rejoneo que todavía remueve pasiones en los aficionados al Arte de Marialba. Susurrador de caballos, a los que sólo les faltaba hablar, como Favorito, Gavioto, Ingenioso y Mecano, o de aquel Brujo, pura magia, ha llegado en este 2013, a sus 88 años, a los rincones más remotos de España y Francia, como apoderado de la amazona Lea Vicens, a quien dio la alternativa en Nimes. Y es que como el propio torero sentencia: "La edad vive en la ilusión y no en el tiempo".

Humanista, unió a sus poderosas riendas, su paso por el celuloide y su poso en una pluma templada. Dejó su impronta como actor en La novia de Juan Lucero, junto a Juanita Reina o Cabriola, con Marisol. Se adentró en la escritura con varias obras referentes sobre el rejoneo, desde Caballo torero, con aguatintas del pintor Capuletti, hasta llegar a Desde mi caballo, un delicioso manuscrito donde tienen cabida prosa, poesía y hasta pensamientos que traslucen al hombre reflexivo, que a la vez ha bebido la vida trago a trago, con su gloria y su tragedia. Un hombre que ha cantado a la vida con rocieras y sevillanas que se hicieron universales, como aquella "Y se amaron dos caballos...".

Con la bandera de su invención, también puso en boga artilugios para mejorar la vida de sus caballos, como el cajón de curas o los primeros elementos del acondicionamiento para el transporte de las cuadras de los rejoneadores.

Y fue más allá, al lanzarse como veterinario espontáneo en plazas polvorientas para salvar con sus propias manos la vida de algunos de sus queridos caballos, cuando habían sido heridos. Incluso, en esa toma de decisiones en segundos, con esas mismas manos, salvó la vida de Jaime Ostos en aquella dramática cornada que sufrió el ecijano en Tarazona de Aragón y cuya dantesca escena me describía hace unos años el propio Ostos, agarrándose la pierna herida, mientras bendecía a Peralta.

Por todo ello y mucho más, hoy recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes un personaje excepcional: Don Ángel, un torero con alma renacentista.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios