Toros

Dámaso González, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes

Dámaso González, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes Dámaso González, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes

Dámaso González, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes / Efe

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El matador de toros albacetense Dámaso González ha sido reconocido, a título póstumo, con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes correspondiente al año 2017, galardón que anualmente concede el Consejo de Ministros a propuesta del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Dicho reconocimiento distingue a las personas y entidades que hayan destacado en el campo de la creación artística y cultural o hayan prestado notorios servicios en el fomento, desarrollo o difusión del arte y la cultura o en la conservación del patrimonio artístico. Junto al matador de toros albaceteño, han sido galardonados veintitrés personalidades más.

Dámaso González, que falleció el 26 de agosto de este año en Albacete a los 68 años tras una grave enfermedad, fue figura en la década de los 70 y 80 del siglo pasado. Tomó la alternativa el 24 de junio de 1969 en Alicante de manos de Miguel Mateo 'Miguelín' y Francisco Rivera 'Paquirri' de testigo.

Su última tarde de luces tuvo lugar en la Feria de Valencia de 2003, a los 55 años. Y su última actuación fue en Albacete en un festival celebrado en homenaje al banderillero fallecido Manuel Montoya en octubre de 2011. Dámaso, que se encontraba en el tendido, bajó al ruedo y vestido de calle le formó un auténtico lío al sobrero de Juan Pedro Domecq. Con su temple innato, bastaron sólo dos series para enloquecer a toda la plaza.

Desde entonces se dedicó a su ganadería, que llevaba el nombre de su hija Sonia. Su hijo, del mismo nombre que él, ha sido novillero.

Fue un torero castigado, especialmente en sus comienzos en los que se enfrentó a auténticos toros en las capeas. El día de su alternativa recibió una cornada. Otros percances serios fueron en las plazas de León, Barcelona, Lima y Almansa. Uno de ellos, una cornada de espejo, que le dejó una una cicatriz de por vida en la cara.

Dámaso tuvo entre sus grandes cualidades el valor, el temple y la capacidad para hacer faenas moviéndose a escasos centímetros de los pitones de los toros.

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