TV-Comunicación

"Muero por un humorista andaluz porque nuestro arte es diferente al resto"

  • La gaditana Paz Padilla regresa a sus orígenes en el mundo del chiste, un género que le lanzó a la fama hace ahora 16 años

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No puede disimular su gracia ni estando callada. Paz Padilla regresa al mundo del chiste 16 años después de iniciar su andadura en televisión. Esta vuelta a sus inicios la ve con cierta añoranza, aunque asegura que ahora, igual que antes, sigue "teniendo los pies en el suelo" y desvela que el secreto de su éxito es la espontaneidad. En Cádiz, asegura, es donde carga las pilas de su peculiar sentido del humor.

-El título de su programa, ¡¡Al Ataque!!, es una de las frases más conocidas de Chiquito ¿Debe entenderse como un homenaje a este humorista?

-No lo elegí yo, pero creo que sí, que es un homenaje a ese monstruo del humor. Chiquito es para mí uno de los más grandes humoristas porque sabe conectar y hacer reír a todos los públicos. Hay humoristas muy elitistas que eligen cuándo y dónde trabajan, en cambio, Chiquito es capaz de actuar sobre una caja de cerveza y conectar con el público desde el primer momento. Es uno de los pocos que ha conseguido modificar el castellano con su humor, y, por encima de todo esto, es una excelente persona.

-Con ¡¡Al ataque!! vuelve a sus inicios en la televisión, al mundo del chiste, que la lanzó a la fama. ¿Cómo le ha sentado ese regreso?

- Mira, el primer programa fue surrealista porque estaba Chiquito, que comenzó conmigo en Genio y Figura. Los dos volvíamos a un programa de talent show, pero esta vez en el otro lado. Eso te demuestra que todo es cíclico. Además, ahora ves cómo acuden como concursantes humoristas consagrados que, por falta de popularidad en televisión, no son lo conocido que debieran y es que detrás de este tipo de concursos está una puerta al éxito que se abre.

-Habla de Genio y figura, ¿Qué queda de esa Paz Padilla?

-Muchísimo, yo diría que casi todo, sobre todo la humildad y las ganas de disfrutar y aprender con lo que hago, algo que todavía me pasa. Recuerdo que cuando llegué a Antena 3 aluciné cuando vi a Jesús Hermida hablando solo por los pasillos. Creía que estaba loco y el hombre lo que hacía era repasar los guiones. Flipaba con todo lo que veía y también con el sueldo, ya que cobraba 130.000 pesetas por cada programa, casi lo que ganaba en un mes en el hospital Puerta del Mar. Fue una época muy bonita.

-¿Al público de hoy le siguen haciendo gracia los mismos chistes que entonces?

-Pues sí. Aunque te pueda parecer mentira, el humor no cambia y tiene temas que siempre te dan juego, como el sexo o los asuntos escatológicos. Yo puedo hacer una gala con gente muy seria y comenzar con un humor más sofisticado, pero cuando veo que el público no responde, suelto un chiste de sexo y empiezan las carcajadas.

-Más de una vez ha dicho que el humor está desprestigiado, sin embargo ahora las televisiones vuelven a pujar por este género. ¿Estamos viviendo una resurrección?

-Si te das cuenta, los programas de humor siempre suelen emitirse en época de crisis. Los que mandan en las cadenas piensan que para no pensar en los problemas del día a día, lo mejor es evadirse con el humor. Y no deben andar muy descaminados, porque yo creo que donde más te ríes es en un velatorio. A mí me pasó en el de mi padre. Son situaciones tensas en las que el humor termina ganando la partida.

-Admira a humoristas surrealistas como Faemino y Cansado o Gila. ¿Qué ha aprendido de ellos?

- Sobre todo a tener valor, porque estar hablando más de una hora en un escenario con la única compañía de un micrófono, tiene guasa.

-¿Qué pueden aprender de usted las nuevas generaciones de humoristas?

-No sé qué podría yo aportar a los nuevos humoristas, pero sí te diría que el único consejo que les daría es que disfruten sobre el escenario y que no se paren a pensar en qué pensará el público. Además, les diría que apuesten por un humor que evolucione con las preocupaciones y avances de las generaciones nuevas para conseguir así llegar a un público más heterogéneo. Sobre todo, que sean espontáneos.

-De esa espontaneidad debe usted hacer gala todos los viernes en Sálvame. ¿Dónde se siente más a gusto, en el programa de cotilleos o en el de chistes?

-Pues aunque te pueda parecer lo contrario, en Sálvame. Allí no tengo guiones y puedo ser yo misma en todo momento. Con los colaboradores me parto y se me pasa el tiempo de una forma brutal. En ¡¡Al ataque!! no puedo improvisar todo lo que quisiera.

-¿Se ha dado cuenta que en casi todos los programas de humor y en los realitys hay un andaluz?

-Es cierto. Creo que cuando Dios creó el mundo, la sal la tiró toda por aquí abajo. Yo muero por un concursante andaluz y se me nota. Es que nuestro arte es diferente al resto, aquí no hace falta dar muchas explicaciones y sabemos usar a la perfección el doble sentido. Es un humor avanzado que las coge al vuelo. En cualquier gala en Andalucía el público te pilla la gracia antes de que termines. En cambio, en cualquier otro punto de España hay que explicar los chistes mucho más.

-Dice que de pequeña una monja la castigó por contar chistes verdes. Mira que si le hubiera hecho caso y se hubiera quedado calladita... lo que se hubiera perdido el público

-Eso fue hace mucho tiempo. Pero mira, te diré que soy una de las pocas humoristas a la que le permiten contar chistes verdes y eso es porque, como gaditana que soy, uso el doble sentido de las palabras como me da la gana. Cádiz me sirve para ponerme las pilas. Allí es, sin lugar a dudas, donde más me río.

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