Sociedad

"La ley islámica es una amenaza para los derechos humanos"

  • La política feminista, de origen somalí, insiste en alertar a las sociedades occidentales sobre la amenaza que suponen "los peligros del islam"

Ayaan Hirsi Ali, la política feminista de origen somalí y ex diputada en el Parlamento de su país, Holanda, siempre se ha mostrado enormemente crítica sido con la religión islámica y para ello cuenta con argumentos avalados por su propia experiencia, con su viaje desde Somalia a Occidente. Ahora publica su biografía y asegura con toda claridad que "la sharia, la ley musulmana, es una amenaza para los derechos humanos en el mundo".

Hirsi Ali, amenazada de muerte desde que en 2004 un fanático islamista asesinó al director de cine Theo Van Gogh por el documental Sumisión, del que ella era guionista, acaba de estar en Madrid para presentar su último libro Nómada (Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores).

Nómada es el relato de su vida en el que cuenta también su llegada a Estados Unidos para construirse una nueva realidad lejos de las amenazas, aunque siempre necesite llevar a un equipo de seguridad cerca.

Y en el libro también alerta a Occidente contra "los peligros del islam".

"Occidente hoy se encuentra en declive -dice-, padece una profunda crisis económica y otras dificultades, pero eso no significa que estén en declive los derechos humanos, y estos derechos universales están amenazados por otras culturas. Por ejemplo, en China, existe la libertad económica pero no la política. En los países musulmanes estamos bajo el influjo de la sharia que es contraria a los derechos humanos".

Ali, que recibió una educación islámica ortodoxa y sufrió en sus propias carnes el trauma de la ablación, dice que el aumento de los políticos populistas en Europa, como acaba de suceder con la subida de la ultraderecha antiemigración en Finlandia se debe "a la ambigüedad de los políticos para abordar con claridad los derechos y obligaciones que tienen los emigrantes".

"La cultura de acogida a los extranjeros -argumenta- que llegan a un país no sólo tiene que contemplar aspectos como que aprendan el idioma o que acepten las leyes imperantes en el país, también deben aceptar el sistema de valores. La emigración es voluntaria y no sólo es cuestión de tener derechos y libertad, que seguramente en su país de origen no tienen, sino que tiene que tener obligaciones e incluir la palabra lealtad", aseguraba con toda energía.

Unas condiciones fundamentales que si se cumpliesen, en opinión de Ali, no darían lugar al ascenso de partidos populistas. "David Cameron ya ha dicho que el multiculturalismo ha sido un fracaso, igual que Merkel, y Sarkozy parece que también. Todavía no es demasiado tarde", añade.

Para la autora de Yo acuso o Mi vida, mi libertad, que el islam separe Iglesia y Estado es algo muy complicado y se trata de algo que todavía está por ver.

"Las revueltas en el norte de África son un buen proceso. La gente ha dicho basta y en Egipto, por ejemplo, han participado la sociedad secular y la religiosa en las manifestaciones que acabaron con el régimen de Mubarak, pero ahora predominan de nuevo los sectores los que quieren aplicar la sharia".

"También participaron mujeres jóvenes en los primeros momentos pero ya les han dicho que se vayan a su casa y han quedado excluidas del proceso", matiza.

En cuanto a la prohibición del uso del burka en las calles de Francia, Ali considera que "es una medida muy simbólica y lo que hay que hacer es afrontar un tema mucho más amplio. Se trata únicamente del punto de partida de un debate más amplio. El burka simboliza la actitud del islam frente a la sexualidad".

"Es el límite de la libertad de la mujer, y Francia, con una cultura y valores diferente ha lanzado un mensaje, que es: si estáis aquí tenéis que adaptaros", recalca.

La ensayista cree que Occidente ha sido muy tibio con la reivindicación identitaria, y que ese relativismo ha llevado a los occidentales a creer que no se deben meter en cómo piensan y viven los demás".

En cuanto a la violencia o el maltrato contra a la mujer, Ali asegura que los malos tratos "hay que denunciarlos y erradicarlos en todo el mundo", pero que la diferencia es que en Occidente éstos se persiguen y están mal vistos, mientras que en los países árabes cuando se sabe de un maltrato se preguntan qué es lo que la mujer ha hecho para merecérselo.

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