Sevilla FC-Atlético de Madrid · la crónica

Se 'lesionaron' los once con Navas (2-5)

  • El Sevilla se hunde de manera lastimosa tras la marcha del palaciego y encaja otra 'manita' ante un Atlético muy superior.

  • El cuadro de Montella dimitió del partido y sus errores lo condujeron a otro ridículo.

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Nueva manita al Sevilla 2017-18 y ya son demasiadas para resultar medianamente soportable para los suyos a pesar de las cosas buenas que también cabe situar en el haber del ejercicio. El cuadro de Montella protagonizó un remake de El Hundimiento contra un Atlético de Madrid que le dio una lección de cómo aprovechar los recursos propios y también, por qué no decirlo, los ajenos, pues los regalos sevillistas fueron muchos y groseros en algunas ocasiones. Paradójicamente, porque todo hay que reflejarlo en este resumen inicial de los hechos, el cuadro nervionense había protagonizado un primer cuarto de hora de lo más prometedor, con toques rápidos y certeros que superaban la presión de la escuadra de Simeone, pero todo fue romperse Jesús Navas y producirse una desconexión absoluta.

No es exagerado, pues, afirmar que con el ahora lateral palaciego prácticamente se lesionaron los diez futbolistas que estaban en ese momento sobre el terreno de juego. Ese Sevilla tan bonito de ver en ese primer tramo del encuentro se desmoronó por completo por una y otra causa hasta dimitir de una forma que debería ser completamente censurable. Fue una metamorfosis total, de tocar y tocar sin que el Atlético fuera capaz de llegar al balón, a convertirse en un verdadero pelele en las manos del adversario, algo que ya ha sucedido en demasiadas ocasiones tanto con Montella como antes con Berizzo.

Fue, por tanto, una recidiva que sólo debería conducir a la inquietud a quien tenga algún poder de mando, tanto en lo referente a la gestión como en lo que tiene que ver con la parcela técnica, en este Sevilla. El enfermo volvió a recaer en el momento más inesperado, cuando parecía que había reconducido la situación y era capaz de provocar la ilusión de los suyos ante lo que se le plantea en el futuro más inmediato, léase vuelta contra el Manchester United y la final de la Copa del Rey. Pero ese equipo que tantos piropos había acopiado en los últimos tiempos se tiró al callejón de nuevo de una manera que cuesta trabajo incluso de explicar.

Porque a tenor de los primeros 15 minutos de juego parecía imposible que así fuera. El Sevilla, otra vez con el mismo once que en todas las comparecencias importantes con Montella, daba una lección de toque al Atlético y en el minuto 3 debió ponerse por delante en el marcador en un pase de Jesús Navas a Muriel. El colombiano controló la pelota con la izquierda de manera precisa y se la colocó para rematar fácil con su pierna buena, pero estrelló el balón en la figura de Oblak. Habrá quien diga que fue un paradón del guardameta esloveno, entre otras cosas porque éste es uno de los mejores del mundo, pero sería autoengañarse. Muriel tenía toda la portería para él y cualquier delantero que se precie tiene que cantar gol en semejantes circunstancias.

Pero la realidad es que el fichaje de los 21 millones no acertó en su disparo y al Sevilla se le escapó la mejor oportunidad para cambiarle el plan al Atlético de Simeone. Restaba mucho por delante, es cierto, pero en el fútbol de este nivel, de este altísimo nivel, no se permiten yerros así. Entre otras cosas porque igual lo que vino después tuvo mucho que ver con ese fallo. Claro que puede ser que no lo tuviera, pero no es lo mismo jugar con el marcador a favor que seguir con el cero a cero.

Las imágenes del Sevilla-Atlético de Madrid Las imágenes del Sevilla-Atlético de Madrid

Las imágenes del Sevilla-Atlético de Madrid / Antonio Pizarro

Y lo que vino después sería un fútbol agradable del Sevilla durante diez minutos más, incluido un contragolpe de libro mal resuelto en el pase definitivo, para que a partir de ese momento las malas noticias para Montella y sus hombres llegaran en cascada. El primer punto fue cuando Jesús Navas, que había partido con la misma fuerza que en las citas anteriores, se rompía en el minuto 15 más o menos. Su lesión en el gemelo se llevó por delante a todos los suyos. No debería haber sido así, pero lo fue, bastó con un hecho tan puntual. El Sevilla dejó de ser el mismo, pareció aturdido en esa fase, sin querer buscar siquiera a un Layún que no le ofrecía tanta confianza al resto de sus compañeros, y el Atlético, fiel a su estilo, olió la sangre.

El conjunto de Simeone fue dando pasitos hacia adelante, aumentando su presión, hasta que provocó ese error que confirmaría ya la metamorfosis negativa de los locales. Balón de Sergio Rico para Banega en la salida de la pelota, una orden dictada desde el banquillo y pérdida del argentino en una zona en la que todo se penaliza con un gol en contra. Lo hizo Diego Costa, como es lógico.

El Sevilla ya nunca más sería capaz de sobreponerse. Estaba golpeado con fuerza y desde ahí, desde ese regalo en torno a la media hora, dimitiría colectivamente del juego. Banega comenzó a tener más errores de los habituales; a Franco Vázquez se le vino todo el cansancio encima; Correa seguía en una de sus guerras particulares de fútbol de mentira y de malas elecciones; Muriel desapareció; N’Zonzi se veía desbordado ante tantos sitios a los que debía acudir; y los dos centrales comenzaron a sentirse inseguros en cada balón que tocaban hasta provocar incendios innecesarios. El Atlético, en cambio, olió que aquello estaba para rematarlo y lo hizo en una jugada en la que fue siempre a la pelota de verdad y acabó acarreándosela a Griezmann para el golazo de éste. Todo decidido sin llegar siquiera el intermedio.

Ni el más optimista de los sevillistas llegó a pensar entonces que los suyos tuvieran la más mínima posibilidad de protagonizar la gesta que vivieron contra el Liverpool en la segunda mitad de aquel día en el que se conoció la enfermedad de Berizzo. Y no les faltó la razón, pues su equipo había dimitido ante la acumulación de circunstancias adversas que se les habían venido encima.

Entonces llegaría la peor imagen de este Sevilla. El cuadro nervionense careció de orgullo en esos instantes y regaló un gol detrás de otro hasta provocar que su afición se sintiera humillada otra vez en este curso. Que después reaccionó con dos goles, pues sí, pero el daño ya estaba hecho porque pareció que los once que estaban en el campo jugaron lesionados. Un horror colectivo.

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