Semana Santa

Cuatro siglos de historia saliendo de San Agustín

  • La cofradía fue la última en pasar por la carrera oficial el Domingo de Ramos

José Luis Cañizar, el hermano mayor de la cofradía de la Humildad y Paciencia, esperaba a las cinco y cuarto de la tarde a las puertas de San Agustín que pasara la cofradía de la Borriquita, como cada año, pero con la novedad de que en esta ocasión su propia hermandad iba a efectuar su salida procesional tres cuartos de hora después.

Mientras, en el patio del antiguo Instituto del Rosario se formaban las secciones de hermanos penitentes y los capataces, Francisco José Alvarez en el misterio y Juan Manuel Manzano en el palio, daban las ultimas instrucciones a sus cuadrillas.

Luego, desde el altar mayor, el director espiritual de la hermandad, el agustino Julián Fernández, aludía a la reciente paternidad de uno de los cargadores de la Virgen de la Amargura, David Bermúdez. Por eso pidió a Dios protección para el recién nacido, que se llamará Manuel, como su abuelo, también cargador, “y para todos los que están en peligro de no nacer”, pidiendo finalmente “por los que se proponen regir sobre la vida”.

Rafael Iglesias, uno de los hermanos más veteranos de la cofradía, en la que también desempeñó el puesto de mayordomo, seguía todo los pormenores de la salida , igual que José Manuel Romero Freyre, asesor del presidente del Consejo de Hermandades y último pregonero de la Virgen de la Amargura, a la que dirigió una plegaria antes de la salida.

También se encontraba en el templo Joaquín Fernández-Repeto, hermano mayor de la cofradía de la Buena Muerte, representada  en el cortejo al igual que la de la Vera-Cruz de Puerto Real, que presta culto a la anterior imagen de la Virgen de la Amargura, y que colabora aportando el cuerpo de acólitos que acompañaba al paso de palio, de  cuya presidencia formaba parte el sacerdote Pedro Ortuño, hermano de la cofradía.

 Unos minutos después de la hora prevista, ya que el cortejo no pudo salir hasta que no pasó el de la Borriquita por delante de la puerta principal de la parroquia agustina, el paso de palio de la Virgen de la Amargura salía a la calle y era levantado a pulso por sus cargadores, dirigido por Juan Manzano.

Faltaba poco para las siete de la tarde y eran numerosas las personas que presenciaban el cortejo en la calle San Francisco.

 

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios