La Madrugá · Puerto Real

La noche soñada del Nazareno

  • La Hermandad procesionó sin temor al tiempo por primera vez en una década

En la madrugá del Jueves Santo en Puerto Real no se consultaron las previsiones meteorológicas. Los cofrades de la Antigua Hermandad y Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús  Nazareno  y María Santísima del Mayor Dolor estaban dispuestos a vivir la noche con la que llevaban mucho tiempo soñando. El pasado año se tuvieron que dar prisa para evitar la lluvia, y los dos anteriores se tuvieron que quedar en el templo de San Sebastián. Ahora el semblante de los hermanos era otro, salían a la calle para disfrutar de la presencia de sus titulares por la Villa. 

De forma puntual se abrían las puertas del principal templo de la localidad y salía la Cruz de Guía, la santa cruz de Jerusalén que se ha incorporado como titular de la Hermandad.

Con un absoluto silencio salía el Señor de la Villa y empezaban a sonar las primeras saetas. Su primer destino era el paso por la carrera oficial. En la esquina de las calles De la Plaza y Vaqueros se producía un encuentro único: el cruce de la hermandad del Medinaceli, que se dirigía ya a su templo, con la hermandad del Nazareno, que paciente esperaba el paso de los Hermanos de María Auxiliadora.

En esa espera, cuando el Cristo se encontraba junto a la antigua Iglesia de San José, se oían los ecos lejanos de la banda de Música Acordes, de Jerez de la Frontera, que anunciaban que la Virgen del Mayor Dolor ya estaba en la calle.

Una noche de viento en calma que hizo que se pudiese disfrutar de la paso de la Virgen con toda la candelería encendida, que daba un gran esplendor a la talla de Castillo Lastucci, y reflejaban los bellos varales del palio, que este año han sido restaurados en los talleres jerezanos García Falla.

Un magnífico recorrido en el que los costaleros de ambos pasos se lucieron y disfrutaron. Sin prisas, con dulzura, de costero a costero, y recibiendo en algunos momentos los aplausos del público ante la cofradía en la que más hermanos procesionaban, unos 420.

Tras su paso por carrera oficial, la corporación religiosa enfiló las calle s Soledad y Amargura, para hacer su estación de penitencia en la Iglesia Conventual de la Victoria, donde ve vio una estampa muy especial, a su paso por el estrecho callejón de la Victoria.

Era el tercer templo por el que desfilaba la hermandad, cumpliendo su paso por las tres torres que el artista local, Diego Salvador Flores, tallase en el frontal del paso del Nazareno. Pasadas las 02:30 horas de la madrugada, la hermandad volvía a su templo con la satisfacción de haber cumplido estación de penitencia sin ningún contratiempo, recreándose en la recogida y disfrutando del mecido de los costaleros acompasados por la banda de música, que entonó el himno para cerrar la madrugá soñada.  

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