Semana Santa

Aquel fatídico Martes Santo

  • Se cumplen diez años del escándalo que tuvo lugar en el Palillero cuando desfilaba el misterio de la cofradía del Ecce-Homo ofreciendo una estampa novedosa en la carga

Día 30 de marzo de 1999, Martes Santo en Cádiz. Lo nunca visto en un desfile procesional sucedió en el corazón de la carrera oficial, donde la archicofradía de Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo, María Santísima de las Angustias y San Juan Evangelista se convirtió en la diana de la intransigencia de aquellos que no aceptaron ver a una cuadrilla gaditana desfilar ofreciendo algunas novedades por la Plaza del Palillero. Han pasado diez años de uno de los momentos de mayor tensión que se han vivido con una hermandad haciendo la estación de penitencia. Un buen momento para recordar e incluso analizar los motivos que llevaron a unos y a otros a actuar de esa manera.

La junta de gobierno que entonces dirigía los destinos de la corporación decidió hacer algo diferente para adquirir un sello propio y muy personal dentro de la Semana Santa gaditana. La clave estuvo en introducir algunas variantes en la forma de andar con los pasos -muchos de aquellos aspectos son habituales hoy en día- pero manteniendo los elementos de la carga en Cádiz.

El amplio sector cofrade de la ciudad, en concreto el del Ecce-Homo, tiene grabada en su mente aquella jornada. Se esperaba con recelo la salida de la corporación desde San Pablo, ya que la rumorología se había disparado semanas atrás augurando poco menos que un paso portado al estilo sevillano (costaleros en vez de cargadores) y sin manigueteros ni horquillas. Nada de nada. El Señor del Ecce-Homo fue llevado por cargadores, y en la delantera y trasera del paso iban los tradicionales manigueteros con sus correspondientes horquillas. No obstante, cualquier movimiento diferente para los ojos de los presentes era motivo de pitos y protestas. Eso, desde la misma salida.

Las sensaciones no eran buenas. Había ganas de montar el taco y éste se formó nada más y nada menos que en el centro neurálgico de la carrera oficial, la Plaza del Palillero. En torno a las diez y media de la noche, cuando las secciones del Cristo habían transitado por delante de la tribuna de autoridades, el antiguo paso de misterio de la hermandad comenzó su desfile por el Palillero, ‘bailando’ con mucha corrección las marchas interpretadas por la banda de cornetas y tambores Santísimo Cristo de la Expiración de Sanlúcar. Al margen de estilos en el mecido, en ningún momento desaparecieron los manigueteros de su sitio ni éstos dejaron de golpear su horquilla contra el suelo. Pero el mínimo movimiento desconocido para muchos encendió la mecha. Tanto, que el delegado diocesano de hermandades, Sebastián Llanes, bajó del palco para culpar de lo que estaba sucediendo al director espiritual de la cofradía, el sacerdote Rafael Caldelas. También Juan Manuel Alcedo, entonces presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, tuvo palabras con el capataz del paso del Cristo, Daniel Robledo, recriminándole la forma de andar de los cargadores al considerarla impropia. Los nervios se perdieron y faltó temple para esperar al final de la Semana Santa, el momento ideal para haber tomado la decisión que la cúpula diocesana y cofrade hubiera estimado más conveniente en torno a este asunto. No obstante, hay que hacer hincapié en que la junta de gobierno de la archicofradía decidió en esta salida adoptar un estilo distinto aunque sin eliminar elementos tradicionales de la Semana Mayor gaditana.

Fue, sin duda, la peor imagen que se recuerda en mucho tiempo en un desfile procesional. Todo ello ‘aliñado’ con el griterío general denominando a capataces y cargadores como “sevillanos”, entro otras cosas. El resto del recorrido del misterio hasta su recogida se produjo sin que la banda interpretara marcha alguna y bajo una amplia escolta policial que protegía el primer paso de la hermandad, que recortó parte de su itinerario para llegar cuanto antes a la iglesia de San Pablo.

Capataces y cargadores aún recuerdan los gritos de desaprobación, llegando incluso al insulto, en una clara muestra de la intransigencia mostrada por muchas personas que ese día asistieron al desfile del Ecce-Homo. Una década después da la impresión de que igual que Daniel Robledo tenía perfectamente ensayada la forma de llevar el paso, con mejor o peor estética pero desde el respeto y manteniendo aquellos elementos propios del estilo gaditano, en el ambiente estaba preparada la encerrona a la hermandad en cuanto hiciera algo que no se entendiera como normal en la Semana Santa de Cádiz.

El polémico Martes Santo de 1999 dio lugar a diversos homenajes al día siguiente, cuando el paso de Jesús de la Sentencia desfiló por la Plaza del Palillero con el único acompañamiento del tambor y se giró hacia la iglesia de San Pablo una vez que subió la calle Novena.

Así fue como el 30 de marzo de 1999 se vivió una “vergüenza en el Palillero”, que fue el titular de Diario de Cádiz en su edición del Miércoles Santo. Todo ello ilustrado con una foto en la que Sebastián Llanes levanta el dedo índice de su mano derecha para dirigirse en actitud desafiante a Rafael Caldelas, una de las víctimas de aquella noche en la que perdió enorme crédito la Semana Santa gaditana.

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