Semana Santa

La Estrella iluminó pese al tiempo

  • La Borriquita y la Virgen de la Estrella salieron a la calle en un domingo de ramos, viento y nubes

El señor de la Borriquita a su paso por la barriada de San Eloy. El señor de la Borriquita a su paso por la barriada de San Eloy.

El señor de la Borriquita a su paso por la barriada de San Eloy. / C.P.

El Domingo de Ramos en Puerto Real amanecía lluvioso y los cofrades de La Salle no querían hablar del mal tiempo. "Hasta la hora de la salida no tomaremos ninguna decisión", repetían a todo aquel que se interesaba, tras la misa de bendición de palmas y olivos. Pero llegada la hora poco se tuvo que decir. Aunque con un incómodo viento y alguna que otra nube, las puertas de la Casa Hermandad de La Borriquita se abrían para que se iniciase la salida procesional de la Cofradía Lasaliana de la Entrada Triunfal de Jesucristo en Jerusalén, Santísimo Cristo del Perdón y Misericordia y Nuestra Señora de la Estrella.

Comenzaba una nueva tarde de palmas y mucha presencia de niños y jóvenes en el cortejo, en muchos casos vinculados al colegio La Salle, donde los hermanos tienen establecida su sede canónica. Ese vínculo también se tradujo ayer en el exorno floral del paso de misterio, creado con palmas, olivos y claveles rojos procedentes de la tradicional ofrenda realizada por los alumnos. Muchos de ellos acompañaban al Señor de la Borriquita, vestidos a la usanza hebrea.

Era un día muy especial para los cofrades ya que celebraban 75 años desde que la imagen, procedente de los talleres de El Arte Cristiano (Olot), procesionase por primera vez por las calles de Puerto Real. Para festejar esta efemérides los hermanos decoraron con palmas la carrera oficial.

Tras el paso del Cristo, todas las miradas se centraban en la Virgen de la Estrella, una vez más vestida con dulzura y gran majestuosidad, por el cofrade Juan Manuel Díaz López, responsable de esta labor desde hace más de 20 años. Aunque el viento no permitía que la reina lasaliana pudiese desfilar con toda la candelería encendida los cofrades se afanaban por intentarlo en cada parada. Especial cariño ponían en uno de los cirios en los que se podía leer la frase "Lágrimas de Vida", por los donantes de órganos y médula ósea, acompañado del ichtus (el símbolo del pez cristiano), en memoria del pequeño Gabriel Cruz.

Sin dejar de mirar al cielo, los cofrades lasalianos marchaban en su recorrido para realizar estación de penitencia en la Iglesia Prioral de San Sebastián, antes de su paso por la carrera oficial.

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