La Tribuna Cofrade Las tareas pendientes de la Semana Santa

  • Las cofradías y el Consejo tienen un año por delante para seguir mejorando aspectos relacionados con las salidas procesionales de cara al engrandecimiento de la Pasión gaditana

La Borriquita La Borriquita

La Borriquita / Marcos Piñero

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Ponga usted la nota que vea oportuna. Según la haya visto pasar. Según la haya sentido. Habrá quien diga que ha sido maravillosa, habrá quien prácticamente reniegue de ella y no vea nada bueno, habrá quiénes valoren lo mucho y bueno que se ha puesto en la calle sin esconder las muchas lagunas y errores que se han visto en los cortejos penitenciales, habrá quiénes vean que la cosa no tiene solución y que todo se ha ido de las manos de manera irreversible, los hay que ya piensan con ilusión en el próximo 5 de abril, y quienes hayan tirado definitivamente la toalla. La Semana Santa pasó como pasa siempre, como un suspiro que se escapa entre Borriquita y Santo Entierro con apenas un abrir y cerrar los ojos. Quedan ahora las galerías de fotos, los vídeos por las redes sociales... y una serie de tareas que siguen pendientes en la Semana Santa.

Queda pendiente la carrera oficial. La actual ha reafirmado que es mejor que la anterior (por gente en las sillas y en las calles viendo cofradías, por horarios, por trazado y por otros motivos), pero sigue evidenciando que no puede ser la definitiva. El paso de las cofradías por la primera mitad del itinerario –Nueva, San Juan de Dios, Pelota y Catedral– es realmente espectacular y permite lucir la Semana Santa, los cortejos, los pasos y la ciudad en todo su esplendor. Sin embargo, la segunda mitad está plagada de problemas y de tramos que afean el paso de las cofradías. Por tanto, el Consejo debe ser atrevido y plantear una carrera oficial que discurra entre Nueva y Catedral y que deje el resto del recorrido al antojo de cada hermandad. Las sillas que hay en Santiago, Candelaria, Montañés y Palillero, bien pueden tener cabida en San Juan de Dios (donde sigue habiendo mucho espacio libre) y en Catedral (donde siguen faltando numerosos palcos a ambos lados de la rampa).

Queda pendiente definir el final de la Semana Santa. Tras el refuerzo notable al Viernes Santo con la entrada de Descendimiento, la ciudad debe decidir si mantiene su apuesta por un Santo Entierro en la tarde del Sábado (una lástima que apenas acudan cofradías a la representación delante de la urna) o si traslada esa procesión a la noche del Viernes. Y del mismo modo hay que definir si mantiene la actual fórmula del Resucitado en la tarde del Domingo de Resurrección, o plantea volver a sacar la imagen en la mañana de ese último día de cofradías.

Queda pendiente de revisión los tiempos –excesivos en la práctica totalidad de los casos– que emplean las hermandades para discurrir por la calle. El Consejo debe arbitrar cuántos minutos tiene que emplear una cofradía para pasar, al menos en lo que a carrera oficial se refiere, asignando a cada cofradía un minutaje en función del número de pasos y capirotes que lleve. El público, y el que forma parte del cortejo, lo agradecerá.

Queda pendiente que las cofradías sean valientes y busquen itinerarios alternativos para evitar que el público acampe –literalmente– en la calle para ver pasar dos, tres o las cuatro (incluso cinco) cofradías del día. Lo bello de la Semana Santa es ir a buscar a las cofradías, no plantar la silla, la nevera e incluso la mesa en la acera y que todos pasen por delante.

Sillas en la calle San Francisco el Martes Santo a la espera de que empiecen a pasar las cofradías Sillas en la calle San Francisco el Martes Santo a la espera de que empiecen a pasar las cofradías

Sillas en la calle San Francisco el Martes Santo a la espera de que empiecen a pasar las cofradías / Pablo Durio

Queda pendiente que las hermandades agilicen el ritmo de sus cortejos. La lentitud ha sido excesiva en muchos casos este año, evidenciando que las fiscalías (que luego encima son premiadas) necesitan una buena dosis de formación. Sin darnos cuenta, estamos ‘echando’ a los hermanos de las filas y estamos culpando a un público que ciertamente se pone demasiado a prueba con procesiones eternas.

Queda pendiente mejorar las levantás de los pasos. No es lógico que sea cuestión de suerte ver un paso levantarse en condiciones. Alguien tiene que tomar las riendas en esta cuestión y trabajar para conseguir la técnica o la fórmula por la que poner un paso en pie no sea como intentar hacer diana con una venda en los ojos.

Queda pendiente que las hermandades acudan en representación a la procesión del Santo Entierro. No podemos estar pidiendo, o queriendo, engrandecer la Semana Santa y no corresponder a las mínimas cosas, como enviar tres o cuatro hermanos con túnica y capirote a participar en ese cortejo. Y ya de paso, pedir a los que sí vayan que se comporten debidamente.

Queda pendiente que el público sea un poquito menos ruidoso y chillón. Empieza a quedar atrás –con alguna lamentable excepción– eso de gritar porque a uno no le gusta cómo anda un paso o la fuerza con la que suena una horquilla (sí, hay gente obtusa que se pone en una acera con ese objetivo), pero ahora hay que empezar a corregir esos gritos de ánimo que se convertienen en un auténtico chillerío de gallinero y que además, curiosamente, siempre va enfocado al cargador y nunca a la imagen de arriba.

Queda pendiente dar una solución al misterio de Borriquita en lo que a carga se refiere.

Queda pendiente acabar con los tenis en los cortejos. No es normal la cantidad de deportivas que van bajo la túnica. ¿Nadie tiene zapatos ya en esta santa ciudad? Las cofradías van a tener que entregar la túnica, el cíngulo, el antifaz... y zapatos negros. Tremendo. Y peor son los casos de aquellas cofradías que hasta han editado carteles de cómo tienen que ir vestidos los hermanos, para permitir luego que vayan en tenis.

Y posiblemente queda pendiente también que en el apartado meteorológico impere el sentido común y nadie pierda de vista que las cofradías están para procesionar. Un 30 o un 40% de posibilidades de lluvia supone un porcentaje bastante bajo, a priori, como para suspender una procesión; y unas gotas leves de agua parece una incidencia demasiado leve como para salir en estampida de regreso. Debe volver la cordura y el sentido común en esta cuestión.

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