Semana Santa Cádiz 2019 | El Pertiguero

La carrera oficiosa de la calle Santiago

Sillas en la calle Santiago Sillas en la calle Santiago

Sillas en la calle Santiago

Esta fotografía tomada en la tarde de ayer es el colmo del desastre que para la Semana Santa están suponiendo las sillitas. En este tramo de la calle Santiago, carrera oficial, donde el Consejo no coloca sillas hay un grupo de ciudadanos que ha tomado la calle por su mano y coloca estas las suyas, que cuentan incluso con cadenas de seguridad para que nadie se lleve una silla. Al final, lugar de excepción y sillas reservadas; una auténtica carrera oficiosa.

El plan de seguridad queda en entredicho

Ya contaba ayer un episodio inaudito con un vehículo cruzando Vea Murguía ante la sorpresa mayúscula del cortejo del Prendimiento que en ese momento transitaba por Veedor. Esto se une a lo que le ocurrió también de recogida al Nazareno del Amor, que se cruzó con un coche que subía por la calle Beato Diego; y el Domingo de Ramos cuentan que Las Penas tuvo que parar la cruz de guía en Sacramento, de recogida, para que un coche atravesara Sagasta. Son lagunas del tan cacareado plan de seguridad que arrojan un verdadero peligro para las cofradías. Hablamos de la seguridad de las personas que salen en procesión y de las que ven estos cortejos desde la acera; así que el asunto es bien serio como para que los cuerpos y fuerzas de seguridad lo tomen bien en serio y el dispositivo y control del tráfico sea efectivo desde que sale la primera cruz de guía hasta que se recoge el último paso.

Marchando una de cofradías

PERTIGUERO Camarera en Ecce Homo PERTIGUERO Camarera en Ecce Homo

PERTIGUERO Camarera en Ecce Homo / Lourdes de Vicente

La hostelería es uno de los sectores más beneficiados de la Semana Santa. De eso no hay duda. Las procesiones concitan en las calles a mucho público que luego consume en bares y restaurantes (aunque también haya un porcentaje alto que sale con bocadillos e incluso con toda una infraestructura gastronómica de casa). La prueba más evidente es la de esta camarera cruzando ayer por delante del paso de Angustias de Ecce–Homo para llevar los platos a la terraza de la Plaza de Mina. Esperemos que el comensal disfrutara de la comida... y de la cofradía.

La dificultad de llamar en algunos pasos

Cada vez se está poniendo más difícil para los capataces el llamar a sus cuadrillas con el martillo. La evolución estética que en los últimos años han tenido las maniguetas ha sido inversamente proporcional a algo tan fundamental como importante: que el capataz llame con su martillo a sus hombres para levantar o bajar el paso. Hay capataces que tienen que golpear en el lateral de la manigueta, otros por debajo, otros entre un ángel y otra figura de orfebrería... Deben tener cuidado las cofradías con esto, y los capataces a su vez reivindicar que lo fundamental en un paso es que haya un sitio donde el capataz pueda dar los martillazos oportunos. Y si en las maniguetas cada vez más recargadas no es posible, para eso están los llamadores. Ojú...

Los aplausos hooligans a los pasos

El público de Cádiz a veces da para mucho. Para demasiado. En esta ocasión haremos mención a esos gritos y vítores que lanzan a los pasos (generalmente dirigido a los cargadores, curiosamente, y no a las imágenes). Se puede soltar un piropo, un “viva”, un aplauso, un “ole”... Mil formas hay de hacer pública la satisfacción que a uno le produce el andar de una cuadrilla o la devoción de la imagen de arriba. Pero cada vez con más asiduidad está proliferando en la ciudad un griterío hortera y estridente al paso de cofradías, auspiciado en muchos casos por madres que incitan a sus hijos a hacerlo como una gracia, que destroza cualquier momento cofradiero. Si no hay arte para piropear a una cofradía, mejor aplaudir y mantener la boca cerrada.

Los ‘polis malos’ abriendo las procesiones

Es justo reconocer la labor de los colaboradores del Consejo Local de Hermandades que van delante de la cruz de guía ayudando en lo posible a que el cortejo transcurra con normalidad y a resolver cualquier incidencia. Pero quizás su cometido más ingrato consiste en ‘reñir’ a quienes intentan meterse por el medio de la procesión, sufriendo a veces los desplantes de quienes no tienen respeto por los cortejos. Hacen de ‘polis malos’, pero su labor es buena.

El colorido de los responsables de las sillas

Anunció el Consejo con mucho orgullo que los responsables de las sillas de la carrera oficial irían este año uniformados. Y el resultado no puede ser más llamativo (por ser generoso en los términos). Sudaderas azul eléctrico, con su correspondiente publicidad, para esos ‘acomodadores’ de la carrera oficial. ¿No podía haber utilizado el Consejo un color más discreto? ¿No podría, ya de paso, haber diseñado otra vestimenta para la Semana Santa que no sea una sudadera de deporte, que parecen los recogepelotas del Balón de Cádiz en lugar de los que transitan toda la tarde–noche por una carrera oficial que tanto se quiere engalanar?

Demasiados tenis bajos las túnicas

Las fiscalías siguen teniendo pendiente una labor antes de la salida de la cofradía: revisar el calzado. Es impresionante comprobar la de nazarenos que procesionan a diario con tenis. Con llamativos tenis de suelas blancas y todo tipo de símbolos y escudos que van en los cortejos como si tal cosa. Sorprende que esos pequeños salgan así de sus casas, que tanta gente no tenga un zapato negro que ponerse el día que sale su cofradía, y que las hermandades permitan que cada uno use el zapato que le venga en gana, aun contraviniendo su propio reglamento. Especialmente llamativo es en aquellos casos donde tanto se ha difundido en las últimas semanas una serie de normas, que a la vista está han sido pasadas por el arco del triunfo (o del fracaso, en este caso).

Bandas de la Virgen que tocan al paso de misterio

Ocurrió ayer en dos ocasiones. En Santiago, la banda que iba a acompañar a la Virgen de las Lágrimas tocó a la salida del Cristo la marcha Piedad. En San Pablo, lo mismo pero con la marcha Ecce-Homo. Dos piezas señaladas que ambas hermandades decidieron dedicar a sus cristos.

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