Semana Santa Cádiz 2019 | Ecce Mater Tua Devoción austera

  • El cortejo de Ecce Mater Tua cierra la jornada con un rezo público de madrugada

La madrugada es momento de recogimiento y de reflexión. Un examen de conciencia que libera la mente. Mientras que en la plaza de la Catedral aún estaba presente la estela de la sobriedad y del silencio que deja a su paso la cofradía de Buena Muerte, los primeros congregantes de la Sección de Penitencia de las Congregaciones Marianas Ecce Mater Tua comenzaban a entrar en la iglesia de Santiago, en donde estaban convocados a las 12 de la noche para la celebración de la Hora Santa. Una oración íntima que realizaron antes de que sus devotos le rindieran un culto público en el que reinó la austeridad. 

Con un cielo estrellado y sin ningún atisbo de riesgo de lluvia tras dos jornadas complicadas en lo meteorológico, el cortejo de Ecce Mater Tua completó el Viernes Santo introduciéndose en la madrugada del Sábado Santo con una procesión en la que imperó la solemnidad. Una devoción interior que llama la atención por las diferencias que muestra a la hora de cumplir con la penitencia, incluso en comparación con el resto de hermandades de negro de la Semana Santa gaditana.

El paso de Ecce Mater Tua avanza por la plaza de la Catedral. El paso de Ecce Mater Tua avanza por la plaza de la Catedral.

El paso de Ecce Mater Tua avanza por la plaza de la Catedral. / Marcos Piñero

Poco a poco, la plaza de la Catedral se llenó de público para contemplar los primeros pasos de la congregación mariana. Sin capirotes y con unas insignias que marcan claramente el carácter de la sección de penitencia -que no pertenece al Consejo Local de Hermandades y Cofradías de Cádiz y no hace estación de penitencia en la Santa Iglesia Catedral-, a la una de la madrugada se colocó la cruz guía, que estrenaba una pintura de un crucificado realizada por el pintor Antonio Álvarez del Pino, en la puerta de la iglesia de Santiago. 

La procesión se convirtió en un rezo público del Rosario. Una oración que en cada uno de los congregantes tenía un sentido distinto, pero que sirvió para que todos los ojos se dirigiesen hacia ella, María Santísima en su soledad. Una soledad que se convierte en dolor por la muerte de Jesús en la cruz. Un dolor que figura en su pecho con un corazón de plata traspasado por los siete puñales. Una tristeza compartida con sus congregantes, cuyos nombres lleva en su interior.

A las 1.15 horas, el único paso de este cortejo asomaba por la puerta del templo. Con las indicaciones precisas, los cargadores salvaron con pasitos muy cortos la estrecha puerta de Santiago para comenzar la penitencia pública. El silencio se apoderó de la multitud para acompañar a la sobriedad y el luto. La procesión dejó una imagen algo diferente al lucir la imagen que realizara Domingo Sánchez Mesa en 1955 un manto algo más corto de lo habitual. El paso se adentró rápidamente por la calle Compañía para afrontar el segundo tramo de la actual carrera oficial. La noche acompañó al sentir de la devoción mariana. Un sentimiento de lamento y sosiego que se acrecentó en la madrugada. Un rezo austero en el que la palabra y la reflexión interiores sirvieron para acercarse más a María y ayudarle a calmar su soledad. 

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