San Fernando

Una vida detrás del ruedo

  • Antonio Cruceira, Nono, empezó a trabajar en los chiqueros de la plaza de toros con 16 años. Ahora, con casi 85, ha sido reconocido por su dedicación

Pronto cumplirá 85 años, pero la edad no le pesa para moverse con suma agilidad por las entrañas de la plaza de toros y sortear sin dificultad las estrecheces e incomodidades del laberinto de chiqueros, cuyo funcionamiento explica con todo detalle. Está en su casa. Y se nota. Allí, Antonio Cruceira Sánchez, Nono, ha pasado las mejores tardes de su vida. Las evoca con una luminosa sonrisa, recreándose en unos recuerdos que atesora como oro puro: en el ruedo, Chano Rodríguez, Rebujina, Pacorro, Irigoyen... Incluso toreros dedicados al más puro espectáculo de masas como el portugués conocido como el Indio Apache, del que recuerda una faena en toda regla, o la que liaba Manolillo El espontáneo, que era de La Isla, cada vez que se lanzaba.

Si uno le pregunta por la mejor tarde que ha vivido en el coso isleño apenas tarda unos segundos en pensarse la respuesta: "¿La mejor? Antes, todas las tardes eran buenas. La gente venía calle Real abajo a disfrutar de los toros, a pasárselo bien". Había ambiente y afición, novilladas y becerradas durante toda la temporada... "La plaza se llenaba hasta los topes. Uno venía a hartarse de reír", confiesa. Era la única diversión, además del cine, que por aquel entonces se podían permitir los isleños. "No había otra cosa". Aunque también -apunta al hacer memoria- "por la plaza de toros de San Fernando han pasado las figuras más grandes del momento".

De aquellos tiempos de gloria no queda nada ya. Hace tiempo que se esfumaron, que los espectáculos taurinos fueron yendo a menos, que la taquilla dejó de ser rentable y que los toros empezaron incluso a ser mal vistos desde algunos sectores e incómodos para algunos políticos. Aunque Nono sigue siendo fiel a su plaza de toros y a sus citas cada vez más escasas.

Si el coso isleño hablara probablemente lo haría con su voz. Es el más antiguo de la casa, su memoria viva y conoce hasta su último rincón. Lleva la friolera de 60 años trabajando de maestro de chiqueros, una dedicación -una pasión más bien- por la que el pasado sábado recibió un merecido homenaje coincidiendo con una de las novilladas del Encuentro Andaluz de Escuelas Taurinas que se celebraba en La Isla. Su nombre y su retrato se incorporaron para siempre a las paredes de esa plaza de toros que tanto siente en un azulejo en el que se deja constancia de esa labor que ha ejercido "durante toda una vida".

De pequeño, recuerda Nono, se colaba en los toros porque entraba con los guardias civiles que estaban de servicio y que le conocían porque vivía al lado del ya desaparecido cuartelillo, en la calle Doctor Erostarbe. Aunque fue ya con 16 años -corría en La Isla la década de los 40- cuando empezó a ayudar al maestro de chiqueros, que prácticamente era de la familia. "Siempre me han gustado los animales. Yo veía una cabra y me iba detrás de ella", bromea. Por eso encajó sin dificultad en el oficio. Y cuando el jefe tuvo que retirarse por enfermedad le dejó al frente. Y así hasta hoy. Nono, después de tantos años, se ha convertido prácticamente en una leyenda para la familia taurina isleña, como lo demuestra el reconocimiento que le brindaron hace apenas unos días.

Siempre ha trabajado en la trastienda de la fiesta. Pero eso no le ha importado. Al contrario, lo ha disfrutado intensamente. A diario, durante más de 30 años, se encargó de conducir el autobús de la Armada que cubría el trayecto entre La Isla y la Base Naval de Rota para llevar al personal. Pero su pasión estaba verdaderamente en la plaza de toros, en los pletóricos fines de semana que vivía en cada temporada. "Siempre ha sido algo más que afición", admite. Es evidente. Si no sería difícil que a sus 84 años siguiera al pie del cañón.

"No vale cualquiera para esto", afirma. "Es complicado. Hay que cuidar bien a las reses, evitar que se partan un pitón, encerrar a cada una en su sitio y echarlas al ruedo cuando llegue la hora. Hay que saber manejar bien a los toros en los chiqueros y eso no lo hace cualquiera". Y en el coso isleño además este trabajo "es de romanos". "Todo es muy antiguo, con portalones de madera muy pesados. Y todo es cuerda para arriba y abajo", explica orgulloso del trabajo que lleva haciendo desde que tenía 16 años.

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