San Fernando

Los mayores quieren a los libros

  • La Asociación de Personas Lectoras explica qué es la lectura vinculada a un público en el que estaba un grupo de mayores de residencia de la Cruz Roja

Los usuarios de la residencia de la Cruz Roja disfrutan cada último martes de mes de un taller de lectura al que acude puntualmente Neva Pantojo, y también otras personas, con el fin de leer a los abuelos y comentar los relatos, fragmentos, poemas, en definitiva los textos escuchados en esos ratitos. "Son personas con discapacidad visual, o a los que les cuesta leer o que no oyen bien, pero se ponen cerquita, y les gusta", explica Sierra del Real, terapeuta ocupacional del centro, que el viernes acompañaba a una docena de ellos al taller de lectura para personas mayores previsto dentro de la Feria del Libro.

Para estos mayores es una forma de sentirse acompañados, de hablar de distintos temas, de ser partícipes. Es una cita para la interacción, porque los encuentros literarios también tienen esa faceta. "A través de la literatura, en esas actividades para hablar de libros, se fomentan las relaciones personales. Yo lo intento en la librería, para que sea más que un espacio comercial", expone Gonzalo Alías, de Al Andalus, que desarrolla estos eventos y que en esta ocasión se ha implicado en la organización del taller. Leían para los presentes Armando Lara, de la Asociación de Personas Lectoras, y la propia Neva, que se integra ahora en esta entidad que intenta contar con voluntarios en la ciudad; también se atrevían por primera vez Antoñín Díaz y Marion Suárez, de la tertulia Rayuela, y dispuestos a unirse a esta labor solidaria. Incluso, animadas por Lara, dos mujeres se pusieron ante el micrófono para que su voz sonara mientras sus ojos pasaban sobre las letras de los libros: Rosalía y Antonia cerraron la propuesta cultural de la mañana de la feria.

La lectura, en soledad o compañía, propia o escuchada, resulta además una manera de fomentar la memoria. "Nos traslada a la niñez, al recuerdo de la abuela contando cuentos, a los padres comprándonos libros", asegura Alías. Antoñín Díaz parecía seguir ese camino con el texto escogido para su lectura en voz alta, un pasaje de Los años de la ballena en el que recupera esa imagen de los antiguos caballos de cartón con los que jugaban los niños. De hecho, Neva Pantojo hacía referencia entre las razones que atrajeron de la actividad lectora a la memorización de los textos. "Respirar la palabra, respirar al otro", decía. "Hablar desde el cuerpo", continuaba. "Aprender la importancia del silencio", añadía. Todas esas cuestiones forman parte de esa experiencia que viven quienes se han sentido atraídos por este mundo de los libros y ha iniciado el camino de la lectura en voz alta, la lectura para otras personas, en la que Personas Lectoras va más allá para convertirla en una lectura vinculada. "Se puede crear un sortilegio entre quien lee y quien escucha", aseguraba Armando Lara, que optó por un relato de Historias Gaditanas para no dormir para mostrar cómo se lee levantando la vista de las hojas del libro, con entonación, ritmo, pausas y miradas.

"¿Por qué las editorales no ponen las letras más grandes?", preguntaba una mujer del público. La lectura en voz alta es uno de los cauces para fomentar la lectura entre quienes tienen dificultades en acceder a los libros. El colectivo del mayor es uno de ellos, aunque como se puede comprobar se hacen actividades para reducir esa distancia con los libros. Ya el año pasado, entre los proyectos que se desarrollaron en el municipio con los programas de empleo se realizaron jornadas en residencias y centros de día para conocer sus gustos, hacer una selección de obras y llevarlos a esas dependencias para trabajar con ellas. Las asociaciones de vecinos son otros espacio idóneos para estas experiencias.

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