Concha mayoral. directora del crmf de san fernando

"Todavía cuesta, aunque las personas con discapacidad han ganado visibilidad"

  • Cuarenta años en funcionamiento cumple el Centro de Recuperación de Personas con Discapacidad (CRMF) de La Isla

  • Su directora, Concha Mayoral, hace balance del trabajo

Concha Mayoral, directoral del CRMF de San Fernando.

Concha Mayoral, directoral del CRMF de San Fernando. / román ríos

Las siglas del Centro de Recuperación de Personas con Discapacidad no han cambiado. Sigue llamándose igual que el primer día: CRMF. Es la marca de la casa, aunque la antigua referencia a "minusválidos físicos" hace tiempo que se eliminó por obsoleta, por sus evidentes connotaciones negativas y, en definitiva, por no ajustarse a la realidad.

El cambio de un término por otro, en cierta medida, ilustra el camino que en este ámbito ha recorrido la sociedad a lo largo de 40 años, que son exactamente los que estas instalaciones del Imserso llevan abiertas en San Fernando. Ayer, precisamente, recordaron este aniversario en una jornada muy especial que acogió también el tercer encuentro de antiguos usuarios: un día de reencuentros y de intercambio de experiencias en el que se congregaron alrededor de 200 de ellos.

El plazo de la ley de accesibilidad termina en diciembre de este año. Y hay aún muchas asignaturas pendientes"Convivir aquí sirve de estímulo. Funciona la ayuda mutua. Ellos asumen también un papel muy importante"

Concha Mayoral, que lleva 25 años al frente del CRMF de San Fernando, es una parte fundamental del centro. Ha visto en primera línea como ha sido ese camino que han recorrido, por un lado las personas con discapacidad y, por otro, el resto de la sociedad. Hay -cuenta- una creciente visibilidad del colectivo, más avances sociales y técnicos que les sirven de apoyo en su vida cotidiana, un compromiso con la accesibilidad, formación... Pero avisa: todavía queda mucho por hacer. Aspectos de lo más cotidiano para la mayoría siguen siendo barreras infranqueables que limitan a una persona que va en silla de ruedas.

-Si hablamos de lo que ocurre de puertas afuera, de lo que pasa fuera del CRMF, ¿podría decirse que realmente ha cambiado en estos años la percepción de la sociedad hacia las personas con dispacacidad?

-La verdad es que todavía cuesta mucho. Hay cantidad de aspectos que siguen pendientes. Sobre todo, la consideración social de las personas con discapacidad, la propia visibilidad de este grupo de personas. Hasta hace poco estaban recluidos, ignorados en cierta medida. Pero es cierto que en los últimos diez o quince años se ha dado un salto cualitativo importante en el sentido de que están más presentes en la sociedad, tienen más capacidad para exigir sus derechos, para ser tenidos en cuenta, para que se escuchen sus propuestas... Las redes sociales, por ejemplo, también les han servido para hacerse más presentes, es un colectivo especialmente activo en este ámbito.

-Por supuesto, está el gran reto de la accesibilidad, la gran asignatura pendiente de la eliminación de las barreras arquitectónicas.

-Es un ejemplo claro. Según la Ley de 2003 -la Ley de Igualdad, No Discriminación y Accesibilidad Universal- hay un plazo límite para que todos los servicios, instalaciones, administraciones... para que todas las ciudades se pusieran a punto en este tema. El plazo termina en diciembre de 2017. Sin embargo, hay todavía muchísimas asignaturas pendientes.

-Hay un compromiso político generalizado con la accesibilidad pero es evidente que llevarlo a la práctica sigue siendo complicado.

-Todavía hay muchísimos obstáculos, infinidad de cuestiones sin resolver... Y ha habido etapas en las que se ha avanzado en el trabajo, en las que se ha notado un mayor compromiso, una mayor sensibilidad. Y otras, sin embargo, en las que no tanto. Vamos despacio.

-El Ayuntamiento ha empezado a retirar de las señales de tráfico el término de "minusválidos". ¿Esto sirve de algo?

-No teníamos conocimiento de esta iniciativa, pero sí, claro. Traduce la realidad. Además, aquí entra en juego la conciencia social de los ciudadanos. Es decir, que igual que nos hemos acostumbrado a respetar los pasos de cebra o a circular adecuadamente en una rotonda -buenas práctica asimiladas por la mayoría- sería muy deseable que fueran respetados los lugares que están destinados a personas con discapacidad o que no se bloquearan los cruces en determinadas esquinas que les limitan el paso. Hay un montón de aspectos en los que convendría que la ciudadanía fuera más responsable, más respetuosa, porque a ellos les facilita la vida en gran medida.

-Hace unos años, las personas en sillas de ruedas ni siquiera podían subirse a autobús o al tren.

-Es verdad. Y en los autobuses locales se ha avanzado mucho. No obstante sigue siendo un problema trasladarse de una ciudad a otra. Ir a Cádiz, por ejemplo, supone un problema a pesar de que la parada está muy cerca del CRMF y de que, en teoría, debería ser el medio más fácil para los desplazamientos de los usuarios dada está proximidad. Uno de cada tres autobuses que pasa tiene rampa, pero a veces no funciona, otras surgen complicaciones... A menudo se convierte en una imposibilidad ir a la ciudad de al lado.

-Cuestiones cotidianas, casi imperceptibles para la mayoría, todavía condicionan a una persona en silla de ruedas.

-Sí, porque les estás limitando. Reduces su ámbito más inmediato. Y estamos hablando -en el caso de los usuarios del CRMF- de gente joven, que quiere salir, que tiene ganas de divertirse, que quiere ir, por ejemplo, a tomar un café o dar un paseo... Hay muchos de ellos -es un dato curioso- que terminan fijando su residencia en San Fernando cuando salen de aquí.

-Miramos también puertas adentro del CRMF. Se cumplen 40 años de su apertura. Por aquí han pasado cientos de personas a las que se les ha ayudado a recuperar y reconducir sus vidas, a menudo después de afrontar situaciones traumáticas. Desde luego, es una tarea que impone.

-Son ellos mismos los que dan esta definición. Una de nuestras usuarias, en un programa de radio, decía hace poco que el centro le había permitido crecer como persona, volver a vivir, volver a nacer, que habían sido incluso los mejores años, la mejor época de su vida. Realmente, muchos de ellos llegan en condiciones muy difíciles y sin que nadie les haya planteado sobre la realidad lo que pueden llegar a hacer. Aquí lo van descubriendo poco a poco. Pero además hay un aspecto muy importante. No solo está la intervención de los terapeutas, de los especialistas, sino también la ayuda mutua. El convivir aquí les sirve de estímulo y funciona muy bien. Se ayudan unos a otros. Todos tenemos un papel aquí. Nosotros tenemos el nuestro, pero ellos tienen también uno y no es menos importante.

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