San Fernando

Navantia, cuando la alta tecnología está en casa

  • Numerosas personas visitan las instalaciones de los astilleros isleños, para conocer cómo funciona con la participación de los trabajadores

Los astilleros de Navantia en San Fernando rezuman tradición y tecnología. Es innegable ese apego a la historia, la de las instalaciones pero también la de los trabajadores que han pasado durante años por esta factoría naval. Tampoco puede obviarse esa capacidad de adaptación a los tiempos, la modernización sufrida en procesos de producción, desde el diseño a la propia fabricación. La que le ha permitido tener un presente -sin olvidar luchas obreras-, pero también un futuro, a pesar de todas las dudas.

"Mamá, ¿por qué estamos aquí?". "Para ver dónde trabaja el abuelo". La escena observada en el aparcamiento mostraba a dos generaciones, padres e hijos, a punto de entrar en un lugar que guarda en sus rincones el esfuerzo, la dedicación, las anécdotas y las dificultades de quienes han desarrollado su carrera profesional o buena parte de ella en este centro de trabajo. Para esta familia era la del abuelo, como muchas otras, pero también había empleados con sus hijos y otras familiares visitando las instalaciones, algo que no ocurre muy a menudo pero que se hace posible en una jornada como la de ayer, de puertas abiertas.

"Es un gran día para los que estamos aquí, tambien para la gente, los familiares y amigos de muchos trabajadores", apuntaba el director de Navantia en la Bahía de Cádiz, Pablo López Díez, que acompañado de Alfredo Gordo Álvarez, director de Sistemas, agradecía la implicación de los empleados que se encargaban a lo largo del recorrido de las explicaciones. "A la entrada hay una exposición de bienvenida sobre la gestión preventiva. Después se puede dar un paseo por los diques, donde tenemos una alta ocupación con todos con buques en reparación. Tras eso está el dique de construcción, con los talleres, donde se muestra cómo se construye un barco", comentaba. De hecho, en estos momentos se trabaja en el nuevo Buque de Acción Marítima (BAM) encargado por la Armada española, al que se le pondrá la quilla el próximo año, para a finales de 2016 ponerlo a flote. Alfredo Gordo se centró en la parte de Sistemas FABA, donde los visitantes podían atender a las explicaciones sobre la fabricación de cañones y otros elementos, donde destaca el desarrollo tecnológico. "Eramos subsidiarios pero ahora tenemos alta tecnología en la casa por lo que ofrecemos un producto terminado con la producción e integración del sistema de combate".

Ese peso de la tecnología se mostraba a lo largo del itinerario: desde los primeros pasos en la construcción de un barco hasta el trabajo de investigación e innovación que Sistemas FABA realiza. "Aquí llega el material en bruto: las planchas, los perfiles. En la máquina hacemos el corte por plasma. Convertimos el gas, el nitrógeno, en la cuarta materia, el plasma, que se da en las estrellas, gracias a que lo calentamos a 20.000 grados. Mediante corriente y mecánica sale y corta la chapa", apuntaba Francisco Boy, en los talleres de construcción a los ciudadanos que en grupos conocían a escasos centímetros el funcionamiento de la máquina, que un operario manejaba.

En los diques otro voluntario respondía a las dudas de los presentes sobre cómo entraban las embarcaciones en estos espacios donde son reparadas: "Hay que esperar a que la marea suba, y el agua entra cuando se abren unas válvulas. Entonces unos remolcadores acercan la embarcación a la que se enganchan unos cables de acero para guiar su entrada en el dique donde se ha abierto un portalón y se han colocado unos estructuras donde reposará el barco -conocidas como camas- una vez se vacíe el espacio". La grúa situada a un lado maniobraba para enseñar sus capacidades, captando la atención de quienes paseaban por la zona.

Sin duda, colocar vehículos con equipos técnicos excepcionales fue otra manera de llamar la atención. En uno de ellos, un hammer, los equipos podían ser manipulados por los más curiosos, incluso niños. "No hay problemas", aseguraba Martín Bravo, que atendía las peticiones de los visitantes e intentaba contar de manera sencilla la tecnología usada en estos ejemplares, un sistema optrónico montado en un vehículo. En una especie de caja exterior, situada sobre el techo, unos sensores (una cámara de televisión, una cámara infrarroja, un láser y un GPS para localizar el vehículo permitían recabar información en un radio de 20 kilómetros, algo que se aplica en vigilancia perimetral. "Es tecnología militar aplicada al campo civil, para vigilancia de la costa, en situaciones de catástrofes o en incendios". "Es un software más simple, sin tantas funciones, para que tenga un manejo amigable, intuitivo", añadía Bravo ante la mirada sorprendida de quienes examinaban el vehículos.

Impresionaba también el funcionamiento de los cañones, que explicaba otro trabajador; o los detalles que Santiago Hernández daba sobre la manera de proceder extendida tanto en España como en otros países a la hora de mantener en activo los cañones que ya no se producen con una revisión, overhaul, a conciencia: "Los desmontamos, cambiamos tornillos y otros elementos, inspeccionamos las piezas y renovamos aquéllas que estén mal por otras".

Es una manera de recuperar lo antiguo, para que siga vivo. Como el astillero, que contra viento y marea perdura. "Se han modernizado los talleres. Los sistemas de trabajo son distintos", sostenía Luis Guzmán, que trabajó en electricidad en la antigua Bazán durante 33 años, hasta el año 2005. "La tecnología lo ha cambiado".

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