San Fernando

Celebración eucarística y adoración

La exhortación apostólica Sacramentum Caritatis, con que nos regaló SS Benedicto XVI es muy importante, según los especialistas, tanto desde el punto de vista doctrinal, como desde el pastoral.

Por ello, es un documento que los creyentes debemos leer despacio, meditarlo y aplicarlo de forma responsable. Para todo cristiano ha de ser luz para nuestra vida de fe y para los pasos de toda evangelización.

El Santo Padre recomienda ardientemente la práctica de la adoración eucarística, tanto personal como comunitaria y dice:

"La relación personal que cada fiel establece con Jesús presente en la Eucaristía, le pone siempre en contacto con toda la comunidad eclesial, haciendo que tome conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo". Por eso, además de invitar a los fieles a encontrar personalmente tiempo para estar en oración ante el Sacramento del altar,pido a las parroquias y a otros grupos eclesiales que promuevan momentos de acción comunitaria (Nº 68).

En cuanto a la catequesis eucarística,Benedicto XVI nos dice que será de gran ayuda una catequesis adecuada en la que se explique a los fieles la importancia de este acto de culto que permite vivir más profudamente y con mayor fruto la celebración litúrgica.

¿Para qué se quedó el buen Jesús entre nosotros?. Para que nuestra oración al Padre sea en Cristo y por Cristo la que él se merece.

Cristo está en la Eucaristía para que le supliquemos la conciencia de las debilidades que lleve en sí y consigo la criatura humana, termina antes o después en la petición. Peticiones centradas de una manera especial en la ayuda que necesitamos para permanecer y vivir en fidelidad. Él es quien viene siempre, siempre en apoyo eficaz de quienes le invocan, de quienes le invocan sinceramente. En el secreto de la Eucaristía, en el hondón del mismo, en el corazón vivo de Cristo, se ha de encontrar y vivir la adoración, la gratitud, el arrepentimiento, la humanidad suplicante, es decir, la identificación con Cristo, que nos ama infinitamente.

La Eucaristía, verdadero corazón de la liturgia, es el lugar por excelencia, en el que, a partir de la oblación infinita y la voluntad soberana del mismo Cristo, confluyen de modo armónico y como remitente la celebración, la adoración y la vida. Porque hay celebración de la eucaristía,puede haber adoración eucarística y vida eucaristizada.

Celebración y adoración eucarística, deben conducir al cristiano a una vida "eucaristizada", a través de la cual se despliega y se realiza en la existencia concreta todo lo que se ha celebrado y contemplado. Así pues, como afirmaba de diversas formas el mismo Vaticano II, la liturgia de la eucaristía se prolonga en la liturgia de la vida y los creyentes pueden ser en todo momento "adoradores en Espíritu y en la verdad".

La eucaristía es el alimento y la vida, el cúlmen y la fuente de la evangelización.

En efecto, en la eucaristía vivimos la fuerza del evangelio, nos sentimos peregrinos con el evangelio y aspiramos a una plenitud evangélica que sólo llegará en la escatología. También la evangelización, como la Iglesia, aparecen en la eucaristía con el "ya", pero "todavía no", que al mismo tiempo que compromete, mantiene en la esperanza.

Mientras tanto, nos alimentamos de la eucaristía y nos entregamos a la tarea de la evangelización, hasta que el Señor vuelva. Pues "cada vez que comeís este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga". (1C 11,26)

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