Economía de la salud

Una vela a la equidad y otra al mercado

  • Un estudio de la Universidad de Zaragoza concluye que los niveles de eficiencia de los hospitales rurales de la red pública andaluza son comparables a los de sus homólogos ubicados en las grandes ciudades

Cuando las exigencias de viabilidad obligan a introducir criterios de mercado en la gestión de los sistemas públicos de protección social, hay consecuencias. En función de qué se entienda en cada país por Estado del Bienestar y de cuántas turbulencias sociales hayan sido necesarias para ponerlo en pie, esas consecuencias pueden tocar a las pensiones, a la educación o a la sanidad. Eso son las reformas. En el plano sanitario, cuando se han abordado, los hospitales siempre han estado en el centro de la diana. Especialmente los hospitales rurales, a los que se presupone con frecuencia, sin preguntar demasiado, que únicamente se justifican por razones de equidad social, no de eficiencia. Cuando se abordan procesos de reforma, se cierran hospitales rurales, como ha ocurrido en Corea del Sur, Canadá y Nueva Zelanda. O no. En Europa Occidental, sin embargo, se opta en general por disminuir el número de camas. Pero no por el cierre del hospital. Para justificar el mantenimiento de esa oferta asistencial en las comarcas alejadas de las grandes ciudades se suelen aducir razones de solidaridad, de justicia distributiva. Ya no hacen falta esas razones. Al menos, en el caso del SAS: los hospitales rurales de la red pública andaluza son tan eficientes como los de la ciudad. En algunos casos, más.

Javier García Lacalle y Emilio Martín, del Departamento de Contabilidad y Finanzas de la Universidad de Zaragoza, han comparado los datos de eficiencia y satisfacción de los usuarios de 27 hospitales de la red del SAS, de ellos 13 rurales y 14 urbanos. Los resultados de ese trabajo se han publicado en la revista Social Science & Medicine. En opinión de García Lacalle, primer firmante del artículo, "la experiencia del SAS demuestra que es posible introducir ciertos mecanismos de mercado sin romper el principio de equidad social propio de los modelos, como el español, basados en servicios nacionales de salud". Una posible clave: el sistema de financiación de los hospitales. Otra: los hospitales rurales del SAS son pequeños pero no tanto como para no poder beneficiarse de economías de escala.

Los servicios centrales del SAS no echan cuentas con sus hospitales precisamente con una tiza sobre la barra del bar. El gerente del SAS no llega al gerente de un hospital y le pregunta que qué se debe, que, total, la sanidad pública tira con pólvora del rey. No. El sistema de financiación está pensado para lograr el máximo ahorro de costes posible manteniendo, también al máximo, la tensión para mantener una oferta de asistencia sanitaria que esté en consonancia con lo que espera la gente cuando cruza las puertas de Urgencias o ingresa para una interveción programada. La cantidad de dinero que llega a cada hospital está definida, en general, por las previsiones de gasto. Unas previsiones que están negociadas con los centros (hogaño, más bien con las unidades que conforman los centros) y que tienen en consideración una base poblacional a la que al hospital trae cuenta retener porque en Andalucía existe la libertad de elección de hospital; eso significa que puede darse, en cierto sentido, una migración de pacientes (y de financiación) de un centro a otro en función de cómo interpreten los ciudadanos los indicadores de calidad de cada hospital. En este sentido, García Lacalle comenta que "este elemento debería promover una cierta competencia entre los hospitales, aunque los datos muestran que el número de pacientes que se cambian de hospital no es, hasta la fecha, significativo". Este investigador de la Universidad de Zaragoza señala que "hay que reconocer, sin duda, que el hecho de que se hagan públicos los datos relativos a los hospitales de la Junta de Andalucía es un ejercicio de transparencia notable, sin precedentes en España. Pero, dicho esto, quizá el contraste entre esa disponibilidad de los datos y el escaso ejercicio de la libertad de elección se explique en buena parte por un déficit de formación de los ciudadanos para interpretar esos datos y percibir diferencias entre hospitales. Ahí podría jugar un papel clave -señala García Lacalle- el médico de Familia como asesor del paciente en la consulta del centro de salud".

En general, los niveles medios de eficiencia analizados por estos investigadores superan el 90%. "Esa uniformidad no indica que los hospitales del SAS sean, en términos absolutos, eficientes, sino que tanto los hospitales rurales de esa red como los urbanos alcanzan unos niveles similares de eficiencia. Es posible -dice García Lacalle- que algunos centros comarcales del SAS estén ubicados en determinados municipios por razones de equidad social; pero, desde luego, lo que se concluye en este trabajo es que, atendiendo a la relación entre los recursos utilizados y la cantidad y la calidad de los servicios prestadps, el desempeño de los hospitales rurales del SAS está, cuando menos, a la misma altura que sus homólogos urbanos".

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