Salud sin fronteras

Única prioridad: Covid–19

Haber tenido que priorizar al COVID–19 en el trabajo del sistema sanitario va a conllevar el incremento de enfermedades evitables

Aunque todavía quedan capítulos que conocer en esta odisea que vivimos a raíz de la alerta pandémica causada por el COVID-19, a estas alturas del proceso comprobamos con estupor como muchos países alrededor del mundo estamos sufriendo el impacto brutal de esta pandemia.No se ha visto antes en la historia reciente una alerta sanitaria internacional que haya tenido un impacto tan intenso y devastador en los sistemas sanitarios de todo el mundo ni, tampoco, un impacto tan relevante en la economía mundial.

Los sistemas sanitarios han tenido que centrar sus esfuerzos a priorizar su actividad a las necesidades de los pacientes afectados por el coronavirus y, desbordados, han tenido que desprogramar su actividad cotidiana con el consiguiente efecto para cientos de miles y millones de pacientes con patologías crónicas. El impacto es ya tremendo y lo será aún más cuanto más tiempo dure esta situación excepcional.Las residencias de personas mayores y de asistencia a personas en situación de dependencia son otro de los focos prioritarios de atención al albergar a una enorme cantidad de personas vulnerables en instalaciones no adecuadas para la gestión de las consecuencias de una pandemia de esta naturaleza.

Ahora. sólo nos queda hacer cumplir de manera estricta el confinamiento social para evitar al máximo la transmisión comunitaria del coronavirus ya que es una manera adecuada para afrontar la pandemia evitando nuevos casos y favoreciendo que, cuando aparezcan, lo hagan en un número que pueda ser atendido por unos servicios sanitarios que no estén desbordados. Y para ello, además de cumplir el confinamiento, extremar las medidas preventivas tales como lavarse las manos con frecuencia, mantener distancia no menor a 1,5 metros con nuestros familiares o con otras personas cuando salgamos a comprar, etc... son comportamientos imprescindibles para que en pocas semanas la situación epidemiológica vuelva paulatinamente a la normalidad.

Cuando acabe la pesadilla nada será igual porque el daño en pérdida de salud y pérdida de vidas será grande y extenso a lo largo del mundo. Y el daño en la economía, en el empleo y en el bienestar también se vaticina importante. Y habrá que remangarse para reponer las consecuencias que se producirán por la “parada técnica” que se ha tenido que hacer en toda la actividad programada que habrá generado también un deterioro en la salud de muchas personas y, en especial, en enfermos crónicos que son los principales protagonistas de gran parte de la actividad habitual de los servicios de salud.

El confinamiento generado por el COVID–19 está condicionado el uso intensivo de las herramientas digitales que permiten el teletrabajo, la teleformación y otras formas de actuación y de relación. Habrá que aprovechar esta oportunidad para fortalecer con herramientas concretas la posibilidad de reponer de manera rápida y eficiente muchos aspectos de la actividad cotidiana aplazados hoy por la prioridad del COVID–19 para que, sobre todo desde Atencion Primaria, se pueda normalizar cuanto antes la atención sanitaria.

Si no se trabaja desde ya en la articulación de una respuesta organizada de manera imaginativa para superar el daño que lo urgente está causando en lo que también es importante (la cronicidad) perderemos un tiempo precioso. Haber tenido que priorizar al COVID–19 en el trabajo del sistema sanitario va a conllevar el incremento de enfermedades evitables, también que muchas de estas no sean bien tratadas pudiendo aumentar las muertes por las patologías convencionales. Se van a añadir con seguridad daños psicológicos, emocionales, relacionales y físicos en la población aislada.

Por eso, es imprescindible la preparación de una adecuada respuesta que debe incorporar poner en pie de verdad una mejor organización de la atención sociosanitaria para responder de verdad a las necesidades de forma integral. Es una necesidad y una oportunidad. Aunque ahora la única prioridad sea el COVID–19.

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