Salud y Bienestar

Voluntariado en los hospitales, altruismo cívico en estado puro

  • Los programas de voluntarios en hospitales son heterogéneos y están dirigidos a adultos y niños · En el caso de los pacientes con riesgo de exclusión social los voluntarios continúan su comprometida labor más allá del centro sanitario

El voluntario de un hospital ofrece su tiempo, su compromiso y su humanidad al otro. Otro al que no conoce, pero del que sabe sus largas horas en la enfermedad cuando el único estimulo que se tiene del mundo exterior es la ventana de una habitación o la pantalla de una pequeña televisión. El voluntario es presencia en su dimensión más activa, máxima del verbo dar. Establecer una conversación con el paciente, plantear un juego con el niño siempre niño antes que enfermo, o dar apoyo al familiar cuidador quien también necesita que lo cuiden en su estrés contenido de días o semanas son afecto trasparente de personas que viven en sociedad y, en consecuencia, muestras de que el ser humano puede ser bueno por naturaleza.

El voluntariado en hospitales está organizado por programas de asociaciones de pacientes, fundaciones, equipos de estudiantes de las universidades, y otras entidades sin ánimo de lucro. Y en el caso de centros sanitarios, como el Hospital Universitario Virgen del Rocío, Sevilla, se coordina desde el área de Trabajo Social Sanitario adscrito a la Subdirección General de Participación Sanitaria.

Según Agustina Hervás, trabajadora social del hospital sevillano, "desde el año 2000 vertebramos todo el trabajo de voluntarios a través de acuerdos con las distintas entidades. Las actividades se establecen por cursos escolares, cada voluntario tiene su carnet de autorización de entrada al centro, y si bien la formación de éstos depende de cada asociación, nosotros colaboramos con campañas de sensibilización". Según la especialista, en la actualidad al complejo hospitalaria Virgen del Rocío ofrecen sus servicios altruistas entre 40 y 45 asociaciones. "Los acuerdos son muy heterogéneos. Hay voluntarios de asociaciones de pacientes que vienen únicamente a visitar a los enfermos recién diagnosticados con el fin de darles su apoyo emocional pues pasaron por la misma situación con anterioridad; programas que están dirigidos al acompañamiento de personas mayores solas u otros servicios cuyo objetivo son el respiro familiar", describe Agustina. Entre todos los ofertados tanto a personas mayores como a menores, existe un programa de características especiales dirigido a las personas en exclusión social o con riego de ello. "Estas personas debido a que tienen un estilo de vida desestructurado, cuando les damos el alta y debenn seguir su tratamiento o acudir a recursos comunitarios fuera del hospital, ellos por sí solos no lo suelen hacer". En este sentido, Lourdes, presidenta de un colectivo de voluntarios, AIC (Diócesis Sevilla), explica, "en nuestra organización acompañamos a personas excluidas socialmente (como pacientes de sida) a entrevistas sanitarias o de recursos sociales, las llevamos al hospital, llamamos a la ambulancia, en definitiva, nos ponemos al servicio del enfermo y su familia, acoplándonos a los horarios que nos indiquen para que superen esta etapa de enfermedad en la mejor situación posible. AIC desempeña su labor de voluntariado desde el 2008 y, según la valoración de los trabajadores sociales del hospital sobre el paciente, cubre las necesidades que habitualmente realiza la familia como estar en la habitación del hospital; en desplazamientos para documentos, pruebas médicas, consultas, entrevistas; ir a revisiones de alta médica; ayudar a la familia del enfermo para resolver situaciones o buscar soluciones hasta que empiece la ayuda domiciliaria concedida. "Incluso, en una ocasión llevamos al enfermo al aeropuerto para que cogiera el avión a Tenerife donde estaba su familia y no recayera en la droga", narra Lourdes.

AIC , que frecuenta el comedor social de Triana en Sevilla, y que cuenta con 17 voluntarios para el hospital, asiste también a otros pacientes que sin ser excluidos socialmente se encuentran en una situación muy determinada de necesidad. "Por ejemplo, durante diez días nos rotamos para lavar a la esposa de un enfermo, que tenía la Ley de Dependencia en su casa, pero no en el nospital", dice Lourdes. En este sentido, desde hace unas semanas visitan a su habitación a María Dolores, paciente de epilepsia y lupus, que no está excluida de la sociedad pero está ingresada desde hace 5 meses. Según el hermano de la mujer, José Antonio, "es muy positiva la presencia de los voluntarios porque mi hermana tiene un tiempo de ocio y entretenimiento. Habla con otras personas que no seamos yo y mi madre, sus cuidadores las 24 horas".

Pero los beneficios del afecto y el tiempo al otro son bidireccionales, pues a menudo el voluntario sale de su actividad con una satisfacción infinita. Una carcajada, el relato de una vivencia, o una mirada de agradecimiento forman parte del universo de lo pequeño, de aquellas acciones desapercibidas en el frenesí diario, pero que, sin embargo, son auténticos gigantes de vida dentro de un hospital.

"Las personas a las que ayudas te enseñan siempre. Estoy muy agradecido porque he aprendido mucho sobre la psicología de las personas y he llegado a la conclusión de que cada cual al margen de sus condiciones socioeconómicas tiene una virtud", destaca Fernando, voluntario desde 1999 y que en la actualidad, compagina esta actividad con el cuidado de sus dos adorables nietas.

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