epidemiología

Tuberculosis, sin caer aún en el olvido

  • Parece un problema del pasado, pero esta patología sigue siendo un reto para la vigilancia epidemiológica

El investigador Pere Joan Cardona lidera desde Badalona varias líneas de investigación sobre el desarrollo de una vacuna.

El investigador Pere Joan Cardona lidera desde Badalona varias líneas de investigación sobre el desarrollo de una vacuna. / manremyc

Puede pensarse que la tuberculosis es una enfermedad del pasado, vinculada a los folletines del siglo XIX, pero supone una grave amenaza para la salud mundial: es la primera causa de muerte entre las enfermedades infecciosas, causando 1,8 millones de fallecimientos el año pasado. El XX Congreso Internacional sobre Tuberculosis, la semana pasada en la capital catalana, ha repasado sus retos de presente y de futuro.

Como explicó el doctor Joan Caylà, jefe del servicio de Epidemiología de la Agencia de Salud Pública de Barcelona y organizador del congreso, "las estadísticas de la OMS indican que la tuberculosis mata más que el sida. En el pasado afectaba a mucha gente, pero las mejoras sociales y los nuevos tratamientos permitieron mejorar la situación. Aun así, la tuberculosis sigue siendo, en muchas provincias españolas, la enfermedad que más trabajo da a los servicios de vigilancia epidemiológica".

En su opinión, un problema fundamental es que la tuberculosis es una enfermedad olvidada y el tratamiento es muy parecido al de hace 40 años, que dura en el mejor de los casos seis meses y que obliga a un cumplimiento estricto por parte del paciente para que se cure.

"Sí ha mejorado en que se ha reducido de 15 a 4-5 pastillas diarias durante los dos primeros meses, lo que se llama la fase intensiva de tratamiento. Después, deben tomar dos pastillas al día durante cuatro meses", detalla. El tratamiento se basa en medicamentos antituberculosos que, en caso de una prescripción incorrecta o de una mala adherencia al tratamiento, tienen el peligro de que se generen resistencia y carezcan de efectividad.

Otro aspecto clave es que las guerras, las migraciones, los exilios y el turismo globalizado han propiciado el aumento de las posibilidades de transmisión de enfermedades como la tuberculosis, el zika o las enfermedades de transmisión sexual.

Las esperanzas en la actualidad estriban en el desarrollo de una vacuna, con dos grupos españoles muy activos en Badalona -liderado por Pere Joan Cardona- y en Zaragoza, liderado por Carlos Martín. Las dificultades para realizar ensayos clínicos son numerosas: deben reclutarse en un gran número de pacientes y demostrar que la vacuna funcione, con seguimientos de varios años, lo que dispara el coste de la investigación. "En la práctica, veo difícil que tengamos una vacuna eficaz en los próximos cinco o diez años", lamenta Caylà.

Sí se han producido mejoras de los tratamientos actuales, como en el caso de las infecciones latentes (pacientes que han estado en contacto con enfermos y que dan positivo en la prueba de la tuberculina pero no tienen la enfermedad activa): se ha pasado de administrar un comprimido de isoniacida durante nueve meses una o dos pastillas al día a un tratamiento de tres meses con rifapentina e isoniazida una vez a la semana, pero de forma directamente observada por personal sanitario.

Un ensayo clínico de los Centros de Control de Enfermedades (CDC) de EEUU, propuesto por la Unidad de Investigación en Tuberculosis de Barcelona, demostró la utilidad de esta pauta de forma autoadministrada (el paciente se toma la medicación siguiendo las recomendaciones de su médico), evitando la costosa supervisión directa por parte de personal sanitario, que supervisa que el paciente se tome la medicación. Los resultados de este estudio se publicarán próximamente en una revista médica de referencia.

España cuenta con un plan para la prevención y control de la tuberculosis, aprobado en 2007. "Han pasado casi diez años y aún no se ha puesto en marcha. Ahora parece que las autoridades pretenden relanzarlo y creo que podría funcionar sin un gran presupuesto económico, porque el control de la tuberculosis es más bien un problema organizativo: el Ministerio de Sanidad debería velar porque cada comunidad autónoma contara con un programa y lo llevara a cabo, sin un presupuesto adicional, sino mejorando aspectos organizativos", aconseja el experto.

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