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Supervivientes del cáncer

  • Los avances terapéuticos han permitido superar la enfermedad a millón y medio de españoles que ahora necesitan seguimiento, asistencia psicológica y emocional y apoyo para reincorporarse a la vida social.

Gracias a los avances terapéuticos, en España hay ya más de 1,5 millones de supervivientes de cáncer, como se conoce en la literatura médica a ese grupo creciente de personas (100.000 más cada año) que han superado la enfermedad pero siguen necesitando algún tipo de atención, comprensión y cuidado. Estos nuevos retos, y las medidas para darles respuesta, quedaron planteados ayer en un estudio cuyo título refleja bien su alcance y objetivo: "Después del cáncer. Experiencias y necesidades de personas que han superado la enfermedad y de sus familiares"

El estudio, realizado por la Fundación Josep Laporte en el marco del Aula Cáncer de la Universidad de los Pacientes, desgrana los elementos claves de futuro para ese colectivo. Empezando por un plan de seguimiento estandarizado y unidades de atención específicas, donde no pueden faltar ni la asistencia psicológica y emocional, ni un paralelo proceso de reincorporación a la vida social y laboral. Además, tal proyecto debería contemplar el entorno vital en el doble ámbito familiar -también la persona cuidadora necesita cuidados para no quemarse- y asociativo, dado el importante respaldo que pueden aportar antiguos pacientes y voluntarios. Y sin olvidar un último aspecto como la promoción de hábitos saludables, que pasa por una adecuada formación.

Así lo subraya Albert Jovell, presidente del Foro Español de Pacientes, quien apuesta por "adaptar los recursos existentes en la actualidad" a esas nuevas necesidades en el ámbito oncológico, que se resumen estadísticamente en un par de cifras: más del 50% de los pacientes diagnosticados de tumores están vivos a los 5 años (73% en los tumores infantiles), y esos supervivientes del cáncer rondan ya el 3,5% de la población. Como apunta Josep Maria Borrás, coordinador científico de la Estrategia en Cáncer del Sistema Nacional de Salud, tras demostrar que "podemos aumentar la supervivencia como el resto de Europa", el reto español es "ofrecerles una atención que cubra sus necesidades más allá de lo puramente clínico", para lo cual conviene "individualizar su seguimiento".

La condición de superviviente a un cáncer viene marcada por un período de transición: el paciente ha concluido con éxito su terapia sobre el tumor y sus posibles metástasis, y su horizonte se puebla de nuevas inquietudes como el seguimiento a largo plazo, el manejo de posibles secuelas físicas y psicológicas, la rehabilitación o la promoción de hábitos saludables. A la preocupación por el riesgo de reaparición del tumor se añaden otras sobre la posibilidad de enfermedades vinculadas al cáncer padecido, a su tratamiento -muchas veces es inevitablemente agresivo y daña células sanas al eliminar las malignas- o al propio envejecimiento.

En este contexto, el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), Emilio Alba, echa en falta "una mayor investigación de factores de comorbilidad a medio y largo plazo del cáncer, como diabetes, cardiopatías, hipertensión arterial u obesidad", ya que considera que los problemas de salud relacionados con las secuelas de la enfermedad y su tratamiento empezarán a ser un problema de salud en 2015. Para anticiparse a esa situación, añade, la SEOM está elaborando ya un "Plan Integral para la Asistencia al Largo Superviviente de Cáncer que verá la luz a principios del próximo año", para cuya implementación trabajará "conjuntamente con la Estrategia en Cáncer del SNS".

Mientras tanto, desde el punto de vista del paciente, este período de transición desemboca en una situación humanamente compleja. Al acabar su tratamiento y liberarse de sus frecuentes rutinas asistenciales -visitas al hospital, revisiones, análisis-, suele verse asaltado por un paradójico sentimiento de abandono personal y de desorientación sobre la ruta sanitaria a seguir. De ahí la coincidencia entre especialistas y pacientes en el estudio publicado ayer, que no solo aboga por "contar con clínicas o unidades específicas para supervivientes", sino también con un "seguimiento a nivel emocional" y psicológico por parte de "un equipo multidisciplinar" que "debería estar liderado por un oncólogo". Si hace falta, remacha una de las conclusiones, "se debería facilitar el acceso a los profesionales de psicooncología, sin perder relación con el equipo que les ha atendido".

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