La salud es lo que importa

Dr. Bartolomé Beltrán

Humanidad para ahorrar

UNA de las grandes preocupaciones de nuestro tiempo económico y social consiste en compatibilizar el impacto de las patologías crónicas en la gestión de los recursos. En este nuevo año conviene no pasar por alto algunas enfermedades que son especialmente propicias para combinar ese difícil equilibrio entre el tratamiento adecuado y el coste económico pertinente. Por eso tomo valor para nosotros contarles una historia real sobre la correcta gestión de la insuficiencia cardiaca. Para entendernos mejor quiero que sepan que se trata de la primera causa de hospitalización en mayores de 65 años y representa cerca de 90.000 ingresos hospitalarios anuales.

Por eso quiero apoyarme en el Informe Cronos un trabajo elaborado por The Boston Consulting Group. En este contexto se estima que el coste de 9000 millones de euros anuales que supuso la gestión de la IC en España podría aumentar aproximadamente en 40 por ciento hasta 2010. Pero lo interesante es esta experiencia innovadora de gestión que les transmito textualmente.

Ameda Health Services puso en marcha en el Hospital de Hannover un programa centrado en el cuidado de pacientes con IC a través de telemedicina y telecoaching que involucró a casi 1000 pacientes, 747 asignados al grupo cuyo tratamiento iba a estar centrado en la telemedicina (grupo de intervención) y 252 al grupo tratado de manera convencional.

El proyecto duro 24 meses y su objetivo fue comprobar los efectos que la telemedicina y el telecoaching tenían, en términos de salud y económicos, en el cuidado de pacientes con IC. Los enfermos del grupo de intervención recibían llamadas semanales por parte de la enfermera gestora de caso en las que comprobaba el estado de salud y daba consejos sobre acciones concretas para mejorarla. Adicionalmente, los pacientes recibían en su casa información para entender mejor su enfermedad. El objetivo final del telecoaching era el de cambiar los hábitos de vida del paciente al mismo tiempo que se reforzaba su implicación.

Por otro lado se monitorizaba de manera remota, a través de la telemedicina, el peso y la presión sanguínea de los pacientes dentro del grupo de intervención. Los pacientes con tratamiento convencional no recibieron llamadas ni fueron monitorizados a distancia. Tras dos años de programa, se comprobó que los pacientes del grupo de intervención obtuvieron mejores resultados de salud y en el uso de recursos. Los enfermos de este grupo presentaron, además, una mortalidad del 24,9% , mientras que en los del tratamiento convencional fue del 32,5%.

Adicionalmente, los pacientes del grupo de intervención presentaron un 30% menos de costes hospitalarios (por paciente) y un 5% menos de gasto en fármacos, lo que redujo en un 18% el coste total del tratamiento. Con todo habría que pensar mejorar la implantación en España de estas prácticas que en el ámbito internacional han generado eficiencias en el tratamiento que podrían suponer ahorros de casi 2.000 millones de euros en el año 2020. Es lo que hay. Seguro.

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