Salud y Bienestar

"Cuesta aceptar que la ciencia incida en cuestiones humanistas"

  • El catedrático afincado en Barcelona trabaja sobre los aspectos neurobiológicos que participan en actitudes como el miedo, la agresividad, el sexo o el poder

Adolf Tobeña (Graus, Huesca, 1950) es catedrático de Psicología Médica y Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Barcelona. Autor de más de ciento cincuenta trabajos neurocientíficos ha publicado diversos libros entre los que se encuentra Anatomía de la Agresividad Humana (2001), El cerebro erótico (2004) o Cerebro y poder (2008).

-¿Existen temas tabú a la hora de investigar en el campo de la neurociencia?

-No hay tabús severos para investigar, en esta época, pero hay modas y prejuicios gremiales que pueden resultar restrictivos. Los tabús proliferan, en cambio, en la aceptación de la aventura neurocientífica (o biológica, sin más) por parte de la sabiduria humanística. Como se tocan, sin recato, temas que eran el coto exclusivo del saber filosófico o historicista hay actitudes numantinas de resistencia. Se quiere al científico para que resuelva problemas prácticos, no para que incida en las grandes cuestiones humanas. Para eso, la inmensa mayoria de la gente, incluyendo a los segmentos más educados, sigue prefiriendo a los predicadores de cualquier cuño.

-Y a usted, ¿cuál es el misterio humanista y del cerebro que le gustaría descubrir?

-Una cosa que me apasiona es la maldad humana, la capacidad para mentir, para manipular, para usar coartadas engañosas, para lesionar al prójimo. A eso le voy dedicando algun esfuerzo que quizás revierta en algo de provecho.

-Entonces, si fuese cuestión de biología, ¿podría plantearse una cura farmacológica para maltratadores, abusadores...?

-La biologia tiende a la complejidad, jamás a la reducción simplificadora. Por lo tanto no hay ni habrá pastillitas para "curar" a dictadores o a maltratadores. En cambio, sí que hay aproximaciones medicamentosas para disminuir, por ejemplo, la probabilidad de violencia sexual reiterada contra las criaturas. Y así para muchas de las complejas anomalías de la psique que conllevan perjuicios para los demás o para uno mismo.

-Actualmente, está trabajando en laboratorio el estudio de los trastornos de ansiedad y miedo, ¿algunos resultados?

-Hemos caracterizado el perfil atrevido miedoso de dos cepas de ratas (romanas evitadoras y no evitadoras), que se han convertido en un modelo muy solicitado para estudiar la biologia del temperamento ansioso ( y del explorador). Hemos descrito además la neuroendocrinología de esos perfiles temperamentales y fuimos pioneros, en colabooración con el grupo de Jonathan Flint, en Oxford, en detectar regiones cromosómicas asociadas al talante miedoso, con la caracterización de genes especificos que intervienen en la timidez/ansiedad murina y en la humana.

-¿Cree que nuestra sociedad está jugando un papel importante en la creación de los trastornos de la ansiedad?

-En los trastornos de ansiedad, propiamente dichos, sospecho que no. En otro tipo de trastornos (afectivos, adaptativos, adictivos, del temperamento...) donde la ansiedad juega un papel relevante, puede que sí. Los mecanismos biológicos de base (génicos y madurativos) dan para explicar un 50% grosso modo del perfil ansioso del personal. El resto viene de la experiencia, que incluye, por supuesto, los tóxicos y medicamentos que se ingieren, las infecciones que se padecen o los traumas muy severos que dejan huella pedurable, por ejemplo.

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