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Un vino de película

  • El Tío Pepe, una estrella de cine en la pequeña y gran pantalla

Si bien el vino de Jerez tiene una presencia casi universal en el cine, al menos en el occidental, está mayoritariamente en forma de cream, oloroso o amontillado.

El fino, por menos frecuente, denota mayor conocimiento, ya sea fruto de la experiencia profesional, como el caso de la barman Mia Scarlet, en Red Doors (2006), o del hombre de mundo y cazador Harry Street de Las nieves del Kilimanjaro, o la proximidad.

Por eso, salvo en las películas de habla inglesa, sobre todo británicas, donde aparecen personajes de gustos exquisitos, el fino tiene su ambiente natural en el cine español y, entre todos los que reciben esa denominación el más famoso es el Tío Pepe.

Tanto es así que no puede faltar en film alguno que tenga como escenario Andalucía: La copla andaluza (1959), y Los duendes de Andalucía (1965), En Andalucía nació el amor (1966), producciones más documentales que dramáticas, donde el argumento es una excusa para un recorrido turístico en el que, entre tantas bondades de la tierra andaluza, no pudo faltar el producto más señero de las bodegas González Byass.

En España no es raro asociar a esta marca con la excelencia de forma que en Volver a empezar (1982), que le valió un Oscar a José Luis Garci, cuando el director del hotel donde se aloja el premio Nobel, encarnado por Antonio Ferrandis, incluye una botella de Tío Pepe entre otros detalles de bienvenida. En otro tono, también en No somos de piedra (1968), de Manuel Summers, se ofrece a un cargo eclesiástico Tío Pepe para acompañar la degustación de marisco, y el opulento empresario encarnado por Antonio Ozores en Un Rolls para Hipólito ( 1983), de Juan Bosch, ordena a su mayordomo: Sírveme un Tío Pepe.

En contra de lo que ocurría a las traiciones al original literario en obras extranjeras, Vicente Aranda respetó el texto original de la novela de Juan Marsé, cuando en El amante bilingüe (1992), ese trasunto de Mr. Hyde que es Faneca dice a Norma, la esposa de su otro yo: "Tengo una botella de Tío Pepe enterita".

Por otra parte, el fino Tío Pepe juega un papel importante en las relaciones de pareja, como es el caso de Una pareja perfecta (1997), de Francesc Betriú o bien en los sentimientos de nostalgia del emigrante por el país que ha dejado, en el caso de Suspiros de España (1939), de Benito Perojo, o como en los recuerdos del exiliado que vuelve después de muchos años, en El mar y el tiempo (1989), de Fernando Fernán-Gómez.

Su característica botella vestida de chaquetilla y sombrero de ala ancha roja es la que decora las mesas en El mesón del gitano (1969), comedia musical interpretada por Peret.

Y es una botella de este fino jerezano la que sirve para sobornar a un carcelero en Nuestro culpable, rodada allá por 1937.

Finalmente, aunque hay más ejemplos, el homenaje que el director de cine jerezano, David Gordon, hace al Tío Pepe en su corto Chicle (1996), al incluirlo como la bebida que se ofrece a los invitados a la fiesta.

Cuando ha surgido la oportunidad de que el Tío Pepe apareciera con su nombre en películas extranjeras, ésta se ha malogrado por culpa de los guionistas. El rebelde adolescente que en la novela de Paul Bowles pide un Tío Pepe en la barra del bar de un hotel del norte de Marruecos, se convierte en la adaptación de El cielo protector (1990), de Bertoluci, en el personaje al que le faltan cinco centavos para un jerez, a secas.

En El factor humano (1980), de Otto Preminger, sobre la novela homónima de Graham Greene , uno de los protagonistas, que en la novela se detiene a observar cómo su hija toma un Tío Pepe como aperitivo antes del almuerzo, se limita a solicitar al camarero un 'jerez'. Estas ausencias en la pantalla en los dos films antes mencionados se ven compensadas en otras dos adaptaciones de conocidas obras literarias, las de John Le Carré y Nicholas Mosley respectivamente.

Del primero, Llamada para un muerto (1966), dirigida por Sidney Lumet, el agente secreto Charles Dobs se sirve un Tío Pepe de la botella que tiene en su casa. Por otra parte, en Accidente (1967), versionada por Joseph Losey, es el profesor Stephen, encarnado por el actor Dirk Bogarde, el que comparte con su alumno una botella del popular fino jerezano en su apartamento de un college en Oxford. Sin los corsés literarios, Basil Dearden mostrará en Víctima (1961), el ambiente sórdido en el que se desenvolvían los homosexuales de la Inglaterra de los años 60. En un pub, uno de los clientes habituales pide a su 'amigo' que le llene su copa con un buen jerez, indicándole: un Tío Pepe.

Empecemos por la serie de la televisión japonesa, Nippon TV, Tantei Monogatari (Detective Story). Una serie inédita en España. Se emitió con mucho éxito a finales de los 70, y ahora es considerada de culto por las nuevas generaciones de aquel país. El inconformista detective, Shunsaku Kudo, interpretado por el actor Yusaku Matsuda, se distingue por ser un gran aficionado al fino Tío Pepe. No olvidemos que González Byass introdujo su vino en Japón por aquellos años, teniendo una buena aceptación.

El Tío Pepe aparece en dos capítulos de otras tantas producciones de la BBC: You rang M´Lord (1988), y Llamar a la comadrona. En este último, en el especial de Navidad del 2013, donde uno de los personajes conversa con una de las enfermeras y le comenta que para festejar un acontecimiento ha comprado una botella de Tío Pepe.

Y en el caso de la popular serie americana, Doctor en Alaska, en el capítulo titulado Héroes (1992), el personaje de Chris Stevens, interpretado por John Corbett, se sirve una copa de una botella de éste jerez en recuerdo de un buen amigo fallecido. Cuando toma el trago exclama: "No está mal".

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