Provincia

El turismo cumple con la Sierra en el puente festivo

  • La mayoría de plazas de los hoteles en Grazalema, Setenil o El Bosque están ocupadas. El sector se muestra más optimista y espanta los estragos de la crisis

Llenazo. La Sierra vive estos días de puente de la Constitución y la Inmaculada unas cifras más que optimistas. Los municipios más demandados por el turismo de interior han colgado el cartel de completo en hoteles y rozan casi la plena ocupación en las casas rurales. Por ejemplo, el nivel de ocupación hotelera en Grazalema es desde el sábado hasta hoy del 100%, mientras que sus casas rurales están al 95%. En el otro extremo de la comarca, Setenil de las Bodegas tiene, también, una altísima ocupación en sus alojamientos, lo que hace que despunte como uno de los puntos más atractivos para elegir destino. La mayoría de visitantes han elegido en estos lugares pernoctaciones de tres días.

De norte a sur, la comarca hecha el resto en este puente para elevar su cuenta de resultados. Y como muestra, un ejemplo: en la Venta Julián, en El Bosque, situada casi en un cruce de caminos, se despachaba ayer por la mañana con ajetreo para atender a su clientela. "Hemos tenido todas las mesas ocupadas para el desayuno. Y hay más de una decena de reservas ya para los almuerzos", explicaba Eloy, uno de los encargados, para constatar que los visitantes acuden, ahora, con un poco más de alegría en los bolsillos. "Da la impresión de que parece que no se piensa tanto en el gasto", reflexionaba. Al menos, el respetable quiere dejar atrás los años más duros de la crisis cuando numerosos establecimientos tuvieron que hacer malabares para poder mantenerse y capear la bajada en picado de clientes. "Hace cuatro años se tuvo que reducir personal porque no llegábamos. Ahora tiramos de refuerzo en momentos como el puente", confiesa. Este restaurante cuenta con un complejo de alojamientos denominado Casa Dominga, con nueve apartamentos, que están todos ocupados estos días.

Las calles de El Bosque eran ayer un reflejo del turismo familiar y de naturaleza que llega hasta la zona, con el perfil de un visitante nacional, que busca el descanso, el entorno y los productos típicos de la gastronomía local como el queso y las chacinas. Al igual que las calles de otras localidades como Grazalema, corazón del parque natural, que se vende por sí sola. "Seguimos siendo un gran referente del turismo de interior. Es cierto que, de un tiempo a esta parte, el sector nota más movimientos. Pese a todas las dificultades, está más satisfecho", reconocía ayer Carlos Javier García, el alcalde de esta localidad, sede del bosque de pinsapos, Reserva de la Biosfera.

Y es que este puente, donde la buena climatología es un factor determinante y que ha sido el mejor reclamo para que la gente salga a la calle, está dando un respiro a las economías locales como Grazalema, que se sustentan en mayor medida en el turismo. "Un lleno así permite coger colchón para otros tramos de la temporada con menor afluencia", recapacita el alcalde.

Los propietarios del hotel Villa de Setenil se liaron la manta a la cabeza hace cinco años para abrir, en plena crisis, este alojamiento turístico en uno de los pueblos con más tirón por su singularidad arquitectónica a merced de la roca, que siluetea el río Guadalporcún. Durante este puente, sus once habitaciones están al completo. Es más, este establecimiento, ubicado en pleno pueblo, ha tenido que derivar demanda a otros hoteles como el de Tugasa. "Se nos cayó una reserva y al minuto siguiente ya la teníamos ocupada", apunta Juan Gutiérrez, uno de los dueños. Y es que Setenil está de moda. Sólo hay que echar un vistazo a la gran repercusión mediática. La última la recoge la revista especializada en viajes Traveller, que elige este pueblo como uno de los 10 más recomendados para pasar la Navidad.

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