Conseucuencias del Brexit | universidad, investigación, cultura Las otras pérdidas del Brexit

  • Más allá de los efectos económicos, la posibilidad de una salida sin acuerdo del Reino Unido tendría consecuencias en el ámbito académico e intelectual 

  • La UCA trabaja en futuros acuerdos bilaterales con distintas universidades británicas

España y Reino Unido son los principales países receptores de Erasmus. España y Reino Unido son los principales países receptores de Erasmus.

España y Reino Unido son los principales países receptores de Erasmus. / Alberto Domínguez

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Para muchos, la mención política de Europa es el equivalente a un barullo gris de burocracia, a mucho ruido para nada, a pasillos de intereses cruzados que se dan la mano allá lejos, en Bruselas (sinónimo en sí misma de limbo gris, con o sin burocracia). La creación política de Europa, sin embargo, quiso ser justo lo contrario: nació con un propósito de esperanza. Hemos aprendido, quería decir. Podemos ser capaces de construir.

“El programa Erasmus está en el corazón mismo del proyecto europeo: recoge treinta años de formación de la conciencia europea, de la creación de un espíritu de que cualquiera pueda trabajar en cualquier lugar de Europa –explica Juan Carlos García Galindo, director general de Relaciones Internacionales de la UCA–. De crear una red de contactos por todo el continente, que es realmente de lo que va todo este asunto”.

Y de sembrar en cada uno de los participantes la idea, tan necesaria, de que el otro no es tan diferente. O, si es diferente, eso en sí mismo no lo hace inasumible. Una idea básica, de primero de Derechos Humanos, que parece hoy día más que necesaria.

Para paliar el limbo que una salida sin acuerdo del Reino Unido podría tener para los 21.000 estudiantes británicos y europeos afectados y acogidos al programa Erasmus, la CE hizo público el pasado 30 de enero un comunicado por el cual se comprometía a proteger sus derechos. El periodo de gracia podría alargarse hasta el próximo curso. La incertidumbre se sitúa al final de 2021: en el caso de un Brexit duro, el programa Erasmus desaparecería por completo. Precisamente, son España y Reino Unido los países que más Erasmus reciben (250.000 y 200.000 estudiantes, según datos de 2014-16)) aunque, mientras nuestro país es también el tercero en el número de estudiantes que cruzan sus fronteras hacia Europa (unos 180.000), Reino Unido no llega a los 100.000 estudiantes en suelo europeo.

España y Reino Unido son los países que más alumnos Erasmus reciben

“Los colleges británicos han tenido siempre una merecida fama a nivel mundial –apunta Juan Carlos García Galindo–. Tal vez por eso, no han sido un gran actor dentro del Erasmus. ¿Por qué? Porque les interesaba atraer a a estudiantes que pagaran. En esta línea, la UCA tampoco ha aportado mucho en lo que a movilidad estudiantil se refiere dentro del programa Erasmus: este año, existen cerca de 40 alumnos británicos registrados en la Universidad de Cádiz, y otros tantos, salientes, en Reino Unido. Frente a esto, Irlanda, por ejemplo, es un destino muy solicitado".

Un destino muy solicitado, y candidato a ser uno de esos beneficiarios colaterales del Brexit: mantiene el idioma, parte de la cultura británica, y el prestigio del Trinity, que tampoco es pequeño.

Ante las incógnitas, desde la Oficina de Relaciones Internacionales de la UCA, se advierte a los estudiantes que escojan Reino Unido como primer destino para el curso próximo, que lo más probable es que la opción corra hacia las otras propuestas –cada estudiante Erasmus puede solicitar hasta cinco destinos que se distribuyen según plazas–.

80 estudiantes británicos y españoles se acogen a través de la UCA a la exención de la UE

El descenso en movilidad que registraban a primeros de años las principales universidades británicas (un 9% en matriculaciones de estudiantes comunitarios en el último año) se debe, apunta Juan Carlos García, no sólo al resquemor sobre el fondo económico sino también “a que la marca Erasmus tiene un reconocimiento muy potente, que diría ha logrado colocarse al mismo nivel de la Fullbright”.

El programa Erasmus funciona a través de acuerdos bilaterales por área: se convocan una serie de plazas y los centros implicados trabajan según la Erasmus Charter, el sistema de reglas que proporciona la base legal. Un cuerpo que se compromete, entre otras cosas, a tratar a los estudiantes que llegan como su fueran tuyos y a reconocer las asignaturas que se han hecho en el centro de intercambio. Los estudiantes trabajan según un baremo de materias y calificaciones, bajo la guía de un coordinador académico. La dinámica del proyecto, al fin y al cabo, está creada y es entre centros: en esencia, podría continuarse fuera del acuerdo europeo, entre universidades.

Juan Carlos García Galindo pone el ejemplo de Suiza, país que decidió hace unos años que no iba a permitir la libre circulación en sus fronteras y, por tanto, quedó fuera del programa Erasmus. Así, las universidades suizas han desarrollados acuerdos bilaterales, siguiendo el mismo modelo del Erasmus, donde ellos, además, pagan una beca. También está Noruega, que no forma parte de la UE pero que sí permite el Erasmus.

Los mismos casos comenta Javier García Oliva, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Manchester: “El gobierno británico –indica– está completamente decidido a seguir siendo parte de programas como Erasmus, Bolonia... Las universidades británicas han sido un lobby remain. Los rectores y vicerrectores son abiertamente europeístas. Lo primero que hicieron cuando se produjo el resultado del referéndum fue tranquilizar a su personal y decirnos que nos valoraban un montón, y que seguiríamos en las mismas condiciones -explica-. Por otro lado, han mantenido muchos contactos con la cartera responsable de universidades en Reino Unido, para que se conserven en la medida de lo posible los vínculos de colaboración con la UE".

En el caso de la UCA, apunta Juan Carlos García Galindo, son varias las universidades británicas que se han mostrado interesadas en seguir colaborando con la Universidad de Cádiz en caso de que se aplicara un Brexit duro: todos ellos, centros como Leeds, Birmingham o distintas universidades escocesas, con los que las facultades gaditanas llevan trabajando ya hace años. ¿Diferencias? La principal, la referente a los gastos de estancia que, en el caso de los alumnos andaluces, y gaditanos, es especialmente sustanciosa: a la beca de la Unión Europea, se unían las ayudas complementarias de la Consejería de Educación y, adicionalmente, el montante proveniente del convenio entre UCA y Diputación Provincial. En total, Bruselas financiaba siete meses del curso y Diputación, los dos meses siguientes. También están las tasas de matrícula inglesas, que no son baratas –aunque algunas universidades británicas se han mostrado abiertas a la negociación, y el gobierno británico ha asegurado incluso que los estudiantes europeos pagarán las mismas tasas que los británicos–.

Por otro lado, la UCA financia, con recursos propios, un programa de becas internacional, con destinos ya financiados dentro del Erasmus a Iberoamérica y Estados Unidos; ha trabajado con socios del norte de África y Marruecos y está comenzando el salto al África subsahariana.

“Hay que tener claro que el gran perdedor de todo este escenario sería el sistema de universidades británico. Europa –continúa Juan Carlos García– es un valor en sí mismo”. Hay centros de prestigio de los que los investigadores del Reino Unido sentirían desconectarse, como el Karolinska de Estocolmo; podrían no tener acceso al Consejo Europeo de Investigación (ERC);el español es la segunda lengua de Estados Unidos; perderían, también a los países de influencia rusa... “Si se quedaran totalmente fuera de la ESA (Agencia Espacial Europea), sería tremendo para ellos”, apuntan desde el CSIC, en Puerto Real.

Actualmente, hay más de 438.000 alumnos extranjeros estudiando en universidades del Reino Unido: “Reino Unido ha aportado muchísimo, como el resto de países, a proyectos científicos comunitarios en los que ahora se vería relegado”, desarrolla Juan Carlos García.

La ciencia se hace en red –continúa el responsable de Relaciones Internacionales de la UCA–. Si tú no puedes participar con financiación, cuento menos contigo. Reino Unido tiene estrechos contactos con Estados Unidos y la red de influencia de la Commowealth: no va a tener un escenario catastrófico, pero sí que se puede resentir: hay grupos de trabajo muy consolidados que se van a ver afectados".

Desde el ICMAN-CSIC confirman que la colaboración en proyectos de investigación afecta en un doble sentido:no sólo, a medio plazo, los investigadores británicos podrían no continuar con proyectos europeos en los que están implicados –aunque quisieran– por falta de financiación, sino que también, desde el lado europeo, la amenaza de que algunos grupos británicos pudieran quedar fuera serviría de cortapisa a la hora de considerarlos para pedir proyectos europeos, de inversión potente. “A veces tienen sus propios programas, y te pagan por ellos –indican desde el Consejo Superior de Investigaciones Científicas–. Pero, desde los años 80, los fondos de investigación británicos se vieron muy reducidos”.

La salida sin acuerdo de la UE afectaría a las estancias, que suelen alargarse más de tres meses y para las que, por supuesto, necesitas un visado. “Para que las redes de investigación avancen y se consoliden –prosigue Juan Carlos García–, hay que fomentar la investigación conjunta de alto nivel”. “La cuestión más espinosa –continúa Javier García Oliva– es la relativa a la libertad de movimiento de las personas. Bajo el paraguas del derecho europeo, puedes venir pero, si el concepto de ciudadanía se va a reducir tanto: ¿qué va a pasar, por ejemplo, con los familiares de estudiantes de postrado, que en muchos casos no trabajan cuando están aquí? Es un grandísimo agujero que hay que cubrir”. En el Instituto de Ciencias Marinas –desde donde señalan que ahora mismo no existen proyectos conjuntos con Reino Unido, aunque el país cuenta con centros de referencia en Oceanografía, como el Plymouth Marine Laboratory o colecciones de algas como las de Oban–, sin embargo, no creen que el tema de gestionar un visado tuviera mayor peso a la hora de plantearse una estancia: “Si te interesa y hay medios, como si te vas a Namibia. Al final, todo esto se traducirá, a nivel académico y de investigación, en más trabas burocráticas y menos proyectos que poder pedir en conjunto”.

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