DESMANTELADO EL CLAN DE LOS FLORES Hablan las víctimas

"Los que matan, que lo paguen"

  • Antonio Estrada 'El Pica' es una de las víctimas de los Flores. Dice que lleva 16 meses viviendo un infierno por el asesinato de su compañera en un crimen en la Junta de los Ríos que también le dejó a él secuelas

Confiesa que lleva 16 meses viviendo un infierno. Día por día, hora por hora. Antonio Estrada, de 67 años de edad, es una víctima del clan de los Flores a la espera de que se haga justicia.

Le arrebataron a su compañera sentimental, Catalina Ruiz Pato, un día de noviembre de 2007 tras una paliza mortal que le sesgó la vida. Varios individuos asaltaron su casa en la pedanía de la Junta de los Ríos, en Arcos, para robarles el dinero que tenían.

Él corrió mejor suerte. Lo dejaron malherido en el suelo creyendo sus agresores que estaba muerto después de los cortes y golpes que le propinaron por todo el cuerpo.

La propia Policía Judicial le comunicó hace una semana la desarticulación del clan de los Flores, en Jerez, con seis detenidos, al que se le imputa dos delitos de homicidio, el de Catalina y el de la joven de Puerto Real Tamara Leyton; varios en grado de tentativa -entre ellos el de Estrada- y otros cuantos de lesiones, además de una treintena de robos y un delito de asociación ilícita.

Ahora empieza El Pica, como es conocido Antonio Estrada popularmente en la zona, a encajar las piezas del criminal puzzle y a respirar un poco más hondo. Y eso que no sólo ha tenido que lidiar con las secuelas físicas -le rompieron el brazo y lleva tres operaciones encima- sino también con los bulos de la calle sobre el asesinato de su mujer. Se echa a llorar: "Cuando me empecé a recuperar levantaron que había sido mi hijo", recuerda.

Durante todos estos meses ha estado en contacto con miembros de la investigación policial encargada de levantar esta trama. "Me decían: Antonio cualquier cosa que te acuerdes, aunque sea una tontería, nos puede servir de mucho". Y este hombre lo intentaba, pese a que su mente estaba prácticamente en blanco. No pudo ver a sus agresores aquel día del robo. Llevaban la cara tapada. "Yo no vi a ninguno. Me pusieron una gasa en la cara". Se desmayó a cuenta de los golpes.

Miembros de la Guardia Civil venían una vez y otra vez a él. Le enseñaban fotos. Y nada. Hasta que en la enésima reconoció a alguien. "Era un hombre muy pincho. Con mascota. Y ya por ahí... me enseñaron fotos de una hija y también…". Los conocía.

Por su casa ha pasado gente de todos sitios porque es medio tratante de bestias, vende aperos para el ganado, aceites, carritos de caballos y toda surte de objetos. "Los que han hecho esto no sé si han estado antes aquí. Pero algunos de la familia Flores, sí. Mientras yo me iba con un tal Serafín a enseñarle cosas que vendía, recuerdo que las mujeres charlaban con Catalina", sostiene Estrada.

Las investigaciones que la Benemérita venía realizando desde el asesinato de la Junta de los Ríos han permitido determinar que este clan actuaba como una especie de comando etarra, que se encargaba de recopilar información sobre las posibles víctimas, conformado por las mujeres del clan y entrando luego en acción el grupo que se encargaba de dar los golpes. Desde el primer momento, se sospechaba por la investigación que los atacantes podían conocer el entorno donde ejecutaban las fechorías.

El Pica, sólo quiere, en estos momentos, "que se haga justicia porque hay muchas casas rotas. Me han leído los antecedentes que tienen. Los que matan, que lo paguen", responde.

De hecho, él ya no duerme en el que ha sido su domicilio en años por miedo. Se va a una casa en Arcos. "Cuando llegan las seis de la tarde me pongo muy nervioso", confiesa. Este hombre, natural de Villamartín, ha estado ligado sentimentalmente a la asesinada Ruiz Pato durante 20 años. Entre sollozos, apunta que no puede borrar aquella noche de noviembre en la que, con el pretexto de que se habían soltado las bestias de un cerrado cercano a su vivienda, se asomaron él y su pareja a la calle a ver qué pasaba. A él los presuntos culpables lo golpearon primero. Después acabaron con ella. "Catalina no me dejó sólo. Por eso la mataron. Podía haber huido corriendo cuando vio lo que me estaban haciendo. Pero se quedó para pedir ayuda a los vecinos".

Eso no lo puede borrar. Las hijas de Ruiz Pato secundaron hace meses una protesta a las puertas de los juzgados pidiendo justicia para su madre.

Por su parte, el hombre confiesa que lleva 16 meses viviendo un infierno. "Y para pasar esto que llevo encima, tenían que haber acabado también conmigo", concluye. Su pareja sentimental se llevó la peor parte. El Pica estuvo varias semanas en el hospital curándose de las heridas que tenía por todo el cuerpo ya que lo arrastraron por el suelo desde el cerrado hasta la casa. Lo revive sentado al lado de un pequeño altarcito con estampas de vírgenes y santos que tiene colocado a la entrada de la vivienda que fue testigo de la tragedia. A ese altar no le faltan nunca dos velas. Están encendidas en memoria de la fallecida.

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