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"Al menos, ya empezamos a hablar un poco de Educación"

  • La Universidad saluda un proyecto de mayor formación docente

Un momento de la conferencia de decanos andaluces celebrada la pasada semana en la Facultad de Educación de la UCA. Un momento de la conferencia de decanos andaluces celebrada la pasada semana en la Facultad de Educación de la UCA.

Un momento de la conferencia de decanos andaluces celebrada la pasada semana en la Facultad de Educación de la UCA. / fito carreto

Algo se está moviendo en el mundo de la Educación. La comisión parlamentaria por un Pacto de Estado por la Educación, que precisamente preside la exalcaldesa de Cádiz Teófila Martínez, parece haber detectado un problema que el ministro del ramo, Íñigo Fernández de Vigo, ha elevado a debate nacional: la formación del profesorado. Y ha lanzado una palabra que ha levantado ampollas y augura encendidas protestas: MIR. Es decir, que los docentes pasen por un proceso de preparación similar al de los profesionales de la Sanidad. Equiparar una cosa a la otra es imposible (para empezar el MIR se mueve entre cuatro y seis años, aquí se habla de dos), pero ha servido para agitar un servicio público básico que ha tenido multitud de leyes de contenido político, pero de poco calado científico y pedagógico.

"Al menos, se empieza a hablar un poco de Educación", se consuela el decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Cádiz, Manuel García Sedeño. La pasada semana se celebró en Cádiz una conferencia de decanos y directores de las facultades de Educación de Andalucía para tratar de ordenar ideas, después de que en la conferencia nacional, celebrada en Santiago de Compostela hubiera un acuerdo sobre los puntos en los que hay que actuar de inmediato. Tienen que ver con el propio acceso a la carrera de Magisterio, la forma de selección para la entrada a la profesión y la formación continua. Todo ello se ha trasladado de un modo u otro a la comisión parlamentaria.

"Hace falta una transformación total, empezando por el mismo modelo de aula"

"De momento tenemos un boceto compartido con el que los propios alumnos, que también quieren dignificar la que va a ser su profesión, están de acuerdo. Sabemos a dónde queremos llegar, pero ahora tenemos que ver cómo y hasta qué punto el dinero necesario nos va a permitir llegar a él". Ese objetivo tiene que ver con lograr un cuerpo de maestros "que domine la psicología y el desarrollo del niño. Esto puede parecer sencillo, pero supone una transformación total y muy ambiciosa que pasa, por ejemplo, por cambiar por completo nuestro modelo de lo que es un aula", explica García Sedeño.

El primer paso está en la primera criba y en algo en lo que están de acuerdo todos los decanos. La selectividad no es el método, "los alumnos de Magisterio llegan a la Facultad muy mal". Es decir, una pescadilla que se muerde la cola. La Secundaria no ofrece base para entregar universitarios formados y la formación de los universitarios no entrega los profesionales que necesita ese nuevo modelo. "Un sistema memorístico de selección no garantiza en absoluto un buen docente".

Y el problema ya no es como ocurría hace años, cuando Magisterio era una carrera menor porque su duración era de tres años frente a cinco de las otras carreras. Ahora es un grado como los demás y con alta demanda. Eso supone notas de corte, por lo que a Magisterio no acceden los estudiantes que no encuentran otra ubicación. Los que llegan lo han pedido y no son pocos. La Facultad gaditana forma a más de 600, más los 200 que realizan el master para acceder a Secundaria. A partir de ahí, el problema, según García Sedeño, es cómo realizar ese tránsito de la formación a la profesión con una preparación específica y práctica. "En ese sentido, aunque a ninguno nos gusta la palabra MIR, no desagrada ese periodo en el que el futuro maestro muestra sus capacidades ante los alumnos. Ahora se hace un año de prácticas. Nadie conoce a alguien que haya suspendido esas prácticas una vez que se ha superado la oposición. Más que prácticas son un trámite".

La sensación entre los profesionales es que durante décadas se ha considerado la educación como una materia menor. Ahora la buena noticia está no en que se haya dado con la clave definitiva de un cambio de modelo, sino que empieza a existir la conciencia asentada de que los orígenes del progreso de una sociedad se encuentran en la Educación.

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