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Los 17 cañones históricos encontrados en el caño languidecen en un parking

  • Nueve años después de su hallazgo durante las obras del tranvía, La Isla sigue sin saber qué hacer con ellos

Han pasado nueve años, pero La Isla no sabe qué hacer todavía con los 17 cañones de la Guerra de la Independencia que salieron a la luz durante las obras del tranvía. Las históricas piezas de artillería fechadas en el siglo XVIII que se encontraron en el caño de Sancti Petri durante los trabajos que se llevaban a cabo en el entorno del Puente Zuazo languidecen en el aparcamiento al aire libre de otro malogrado proyecto, el del Parque de la Hisotoria y el Mar.

No hay planes para ellas, ni a corto ni a largo plazo. No se habla de ellas. Ni siquiera en los últimos años se ha sopesado alguna alternativa para revertir la lamentable situación de estas piezas, como por ejemplo su exposición en el Museo Naval, que se ha convertido en el uno de los edificios más visitados de San Fernando, o en el Castillo de San Romualdo, donde el Ayuntamiento ha trasladado el contenido expositivo del Museo Histórico Municipal. O incluso, dada la situación actual, podría haberse planteado su traslado a unas instalaciones museísticas más apropiadas -aunque no sean de La Isla- donde los cañones pudieran ser expuestos y disfrutados por la ciudadanía.

La idea que se maneja parece ser la misma que en su día se puso sobre la mesa, la de exponer los cañones en el entorno del Sitio Histórico del Puente Zuazo una vez que se lleven a cabo las obras de rehabilitación. El problema es que dicha actuación -de entrada presupuestada en la nada desdeñable cifra de 19 millones de euros- no tiene fecha, n i partida presupuestaria para empezar, ni forma parte de los planes del Ministerio de Fomento, que es la administración que en su día se comprometió a ejecutar los trabajos. Así que la situación de los cañones, que estuvieron dos siglos bajo el fango del caño, puede perpertuarse por un largo tiempo. Aunque esta vez sea en el solar de un parking.

Los 17 cañones se encuentran depositados en el aparcamiento exterior del Parque de la Historia y el Mar, donde son claramente visibles desde el exterior. Están al aire libre aunque bajo uno de los parasoles de la zona de estacionamiento más próxima a la avenida de la Armada, lo que resguarda a las piezas de la lluvia y del sol. Y el recinto cuenta con vigilancia de seguridad, así que se garantiza también su custodia. Con todo, resulta evidente que no es la mejor opción para preservar las históricas piezas, por no decir que tampoco sirve de mucho que los cañones que en su día defendieron a La Isla del asedio napoleónico permanezcan guardados durante años, sin darles uso alguno y sin posibilidad de que la gente pueda contemplarlos. Resulta evidente que lo que en su momento fue una solución provisional se ha perpetuado por demasiado tiempo.

Al Parque del Mar llegaron hace ya más de cinco años, en el anterior mandato, tras otra polémica que despertó la indignación de especialistas en la recuperación del patrimonio y profesionales de la arqueología ya que los cañones llevaban por entonces varios meses depositados en el patio del Castillo de San Romualdo, a la intemperie tras un lluvioso otoño y envueltos todavía en plásticos. Un día después de hacerse eco este periódico de la denuncia -abril de 2013- fueron trasladados a su ubicación actual, de donde no se han movido en un lustro.

Los 17 cañones de la Guerra de la Independencia no fueron el único hallazgo que salió a la luz durante las obras del tranvía pero sí fue, sin duda, el más sonado y el que más titulares acaparó. Las piezas de artillería desataron una enorme expectación. La Consejería de Obras Públicas, responsable de las obras del tren-tranvía, se hizo cargo de su restauración. Más de 138.000 euros se invirtieron entonces en la recuperación y puesta a punto de los cañones, unos trabajos que se encargó a una empresa especializada (Aula 3) y que se desarrollaron durante 14 meses. El Ayuntamiento isleño, además, luchó con ahínco por quedarse con las históricas piezas de artillería. No quería que las piezas salieran de La Isla con la idea de emplazarlas en el Puente Zuazo. Y aquí se quedaron, aunque todavía no se sepa muy bien que hacer con los cañones.

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