Provincia

El calvario de Melina

  • Los gritos de una brasileña retenida en un piso de Chiclana y obligada a prostituirse alertan a la Guardia Civil, que logra desmantelar una trama · Han sido detenidas cuatro mujeres de Brasil y tres gaditanos

Comentarios 7

Melina dejó en Brasil a su madre y a sus tres hijos para venirse a Europa a ganarse el jornal para poder mantenerlos.

Pensaba hacerlo como empleada de servicio doméstico. Eso es lo que le dijeron. Eso le prometió una amiga portuguesa. Y acabó en Italia, presa de una red que le reclamaba 10.000 euros por lograr que entrara en el país. Tuvo que prostituirse para poder pagar esa deuda que le reclamaban.

Y entonces, otra amiga, brasileña como ella, le ofreció la solución: venirse a España, a Cádiz, para trabajar en el concesionario de coches de su suegro, del padre de su marido, gaditano, como limpiadora, a cambio de 700 euros al mes, Con ello, esperaba reunir el dinero suficiente para volverse a Brasil.

Vendiendo su cuerpo, reunió 500 euros para sufragar los gastos del desplazamiento en coche hasta Génova, desde Cádiz, del marido de su compatriota y otro amigo suyo, que la trajeron hasta Cádiz.

Y Melina cayó por segunda vez en la trampa: no había trabajo alguno en ningún concesionario de coches. Sólo un peregrinar de casa de putas en casa de putas, de Cádiz a Chiclana, retenida contra su voluntad y obligada a prostituirse a correazo limpio, con latigazos dados con un cinturón.

El pasado viernes, harta de las palizas, harta de satisfacer a clientes impuestos y de las amenazas, encerrada con llave en la habitación de un piso en la calle Palomar, en Chiclana, Melina decidió poner fin a su calvario. Comenzó a partir los cristales de la habitación y a proferir gritos. Una patrulla de la Guardia Civil acudió al lugar y destapó la trama.

Siete personas han sido detenidas, cuatro mujeres, todas brasileñas y tres hombres, dos naturales de Cádiz y otro de Jerez, como supuestos integrantes de una trama dedicada al tráfico ilegal y a la inmigración clandestina con fines sexuales, que la Benemérita da ya por desarticulada.

Según ha podido determinar la Guardia Civil, en base al testimonio ofrecido por Melina y las investigaciones realizadas, la trama se dedicaba a alquilar pisos para usarlos como tapadera de prostíbulos, en los que instalaba a mujeres para que ejercieran la prostitución.

La hasta ahora única víctima identificada (las pesquisas continúan para localizar a otras mujeres que igualmente hubieran sido obligadas por la red a prostituirse) llegó a España desde Italia de forma ilegal, donde fue recogida por otra mujer (la amiga que le prometió trabajo en el concesionario de su suegro) "bajo el engaño de que trabajaría como empleada de limpieza".

El relato del operativo realizado desde la Benemérita agrega que cuando llegó a Chiclana, fue alojada en un piso de la calle Palomar, donde estuvo retenida contra su voluntad y obligada a ejercer la prostitución. Jamás podía salir sola a la calle. Siempre en compañía de algún miembro de la trama, para que no escapara, para que no denunciara.

El dinero que obtenía Melina en los servicios prestados en las casas de alterne se lo quedaba la jefa de la trama, en concepto de deuda por el desplazamiento y alojamiento.

Sara es el alias que utiliza la considerada como jefa de la red, la brasileña María Aparecida N.C., con domicilio en la gaditana calle Arbolí. La Guardia Civil la acusa de ordenar el encierro de Melina en las casas de citas de Cádiz y Chiclana, quedándose con los ingresos que percibía de la clientela.

Las otras mujeres apresadas son María R.P, encargada según la Guardia civil de custodiar los ingresos obtenidos en el burdel de Cádiz, Casa Sara, donde Melina se prostituyó al principio; Aline B. da S., la que recolectaba el dinero en el burdel de la calle Palomar y a su vez la guardiana de Melina, la que la custodiaba para que no escapar; y Vanusia D.R. de J., la 'amiga' que la engañó trayéndola desde Italia. Junto a ellas, han sido detenidos el supuesto compañero sentimental de la jefa, el jerezano Manuel N.M., a quien se le acusa de golpear a Melina para someterla; y los gaditanos Cayetano P.V., quien habría alquilado el piso de Cádiz donde la trama habilitó un burdel, e Iván M.F., el dueño del coche en el que trajo a Melina desde Génova para obligarla a prostituirse, el marido de su amiga.

Los siete fueron puestos a disposición del Juzgado de Guardia de Chiclana, que ha determinado la puesta en libertad de todos pero con cargos.

Con su apresamiento, la Guardia Civil ha puesto fin al calvario de Melina. Al drama vivido durante los interminables cinco meses transcurridos desde que dejó Sao Paulo para verse obligada a prostituirse en Italia y por último en Cádiz. Ahora, tras contactar la Benemérita con el Ayuntamiento de Chiclana, está a salvo en un centro de acogida. Soñando con volver a Brasil con sus hijos.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios