Provincia

Una bodega con alma

  • La empresa portuense '4OjosWine' consigue hacerse un hueco junto a las grandes firmas del marco

Olga Sánchez, Lucía Fuentes y Desirée Rodríguez muestran con orgullo los vinos comercializados. Olga Sánchez, Lucía Fuentes y Desirée Rodríguez muestran con orgullo los vinos comercializados.

Olga Sánchez, Lucía Fuentes y Desirée Rodríguez muestran con orgullo los vinos comercializados.

Desde el comienzo su producto no ha dejado indiferente a nadie. Para la química Olga Fernández, la abogada Desirée Rodríguez y la casi licenciada en Biología Lucía Fuentes, aquello significó el despegue y comienzo de una nueva aventura en un sector casi desconocido. Para las demás marcas y bodegas supuso la aparición de un nuevo competidor que, casi por sorpresa, se había plantado junto a los mejores vinos del marco jerezano dando un golpe en la mesa. Todo aquello ocurrió hacia 2015. Por aquel entonces todo apuntaba a que el vino producido por 4OjosWine, una pequeñísima empresa portuense -cuyas bases se asientan en la producción de vinos artesanales-iba a dar qué hablar. Hoy, tres años más tarde, las sospechas se han cumplido.

Con una nave de apenas 90m² situada en el vivero empresarial de la calle Pitágoras (en pleno polígono de Las Salinas), y sin grandes laboratorios ni maquinaria, Olga, Lucía y Desirée son capaces de producir y comercializar en la actualidad un total de cuatro vinos: Contratiempo (un moscatel seco de aromas cítricos con toques a piña), Molinero (otro moscatel criado sobre lías en barrica envinadas con amontillado durante tres meses y con fermentación espontánea), Desvelao (elaborado también con moscatel y criado tres meses bajo velo de flor) y A Pulso (el primer tinto elaborado en la provincia utilizando la maceración carbónica con uvas de la variedad Syrah). A estas tres referencias se les une La Más, un caldo producido en exclusiva para Aponiente, el restaurante tres estrellas Michelín regentado por Ángel León quien en una cata a ciegas cayó rendido a los vinos de estas tres emprendedoras. Aunque pueda parecer mentira, este último detalle las sitúa a la misma altura de otras bodegas, mucho mayores y con más recursos, como es el caso de bodegas Lustau y su vino Yodo 3 Estrellas, un fino gordo portuense, del que sólo existen 300 botellas que las bodegas jerezanas producen en exclusiva para este restaurante. ¿Cómo es posible que con tan poco estas chicas consigan tanto? "Nosotros vemos donde estamos ahora y en la vida nos lo hubiésemos creído", aseguran las tres amigas que se conocieron mientras estudiaban el grado superior de Vitivinicultura en el instituto Santo Domingo. "En mi caso estaba ya cansada de no encontrar nada y decidí hacer este módulo", cuenta Desirée. "Nosotras sabíamos desde el principio que íbamos a montar algo, pero no sabíamos el qué. Y mira. Al final nos metimos de lleno en lo más complicado", asegura Olga, quien también, a parte de su título en Química, tenía experiencia en el sector de la hostelería.

En una pequeña nave, sin grandes máquinas, la empresa comercializa cinco vinos

El resultado, aunque un poco imprevisto, ha sido la dedicación completa a un mundo antes desconocido para ellas. Sus caminos en la vitivinicultura comenzaron en 2015. Desde entonces Olga, Lucía y Desirée se han implicado al cien por cien en todas las producciones. Han cuidado y han mimado el producto. Lo velan y lo supervisan todo. "Incluso a veces nos tiene en un sin vivir", bromean estas tres emprendedoras que, aparte de implicarse tanto en la vendimia como en la pisa y elaboración del vino, están pendientes de la comunicación, redes sociales, papeleos y temas administrativos en la empresa. En definitiva, las tres se han entregado en cuerpo y alma a una eterna espera que empiezan con la vendimia y que, aunque parezca interminable, finalmente acaba cargada de sorpresas y de satisfacciones personales. "Esto es muy bonito. Tú sabes cómo empieza, pero el vino tiene vida propia y habla por sí sólo. No sabes nunca cuál será el resultado final", asegura Olga. "Algunas veces nos dicen que la botella es muy cara, pero nosotras defendemos que se trata de un producto totalmente artesanal, donde nos implicamos al cien por cien", explica mientras sujeta en sus manos una de las botellas, cuyo valor suele oscilar entre los diez y once euros. "Hasta el embotellado y el etiquetado lo hacemos de manera manual, botella por botella".

A todo ello se le une otro aspecto muy importante, también relacionado con el éxito de estas jóvenes: la gran riqueza curricular y laboral que atesoran entre las tres. "Desde el principio nos caímos muy bien, pero lo que de verdad nos animó a lanzarnos era lo bien que trabajábamos juntas y el grado de compromiso que todas mostramos", explica Lucía en relación al equipo que forman actualmente. "Muchas veces no hace falta que yo le diga a las demás lo que tienen que hacer. Ya sale de cada una". Atención al resto de vinos del marco jerezano. Aquí vienen las chicas de 4OjosWine... Y todo apunta a que tendremos ojos para rato.

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