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El apartamento

  • No perder la rutina, seguir conectados a la vida cotidiana es el objetivo de esta iniciativa pionera que Afa Vitae ha puesto en marcha para usuarios leves del centro

Muchas son las soluciones que desde el centro de AFA Vitae y la residencia Dolores Castañeda se ponen en práctica para sobrellevar, en la medida de lo posible, la que se considera una de las enfermedades más complicadas de tratar, tanto para aquel que la padece como para los encargados de su cuidado: el alzheimer.

Y en esta misión de satisfacer las necesidades de los enfermos de alzheimer para intentar mejorar su calidad de vida, así como las de sus cuidadores y familiares, el centro isleño lleva a cabo un seguimiento personalizado de cada paciente, tanto a nivel psicológico como en la faceta sanitaria. Una tarea que se sustenta en el amplio repertorio de actividades que esta entidad pone en marcha y que incluye, por ejemplo, un programa de rehabilitación por ordenador. También se contemplan una serie de ejercicios estimulantes a lápiz y papel; esto es, actividades de escritura, lectura o cálculo matemático.

Pero si hay una actividad más que necesaria para normalizar el día a día de muchos de los pacientes de esta entidad de ayuda mutua, es el programa de estimulación que se practica en lo que el equipo sanitario conoce como el apartamento. Un hogar ficticio compuesto por las mismas cuatro estancias que pueden encontrarse en cualquier residencia particular.

En primer lugar, la cocina, donde los pacientes elaboran recetas tradicionales después de acudir a hacer sus propias compras. Estas recetas varían según la época del año para ajustarse a las distintas efemérides estacionales: si durante la Semana Santa se procede a la elaboración de roscos, en Carnavales cobran protagonismo las 'tortillitas' de camarones, y así con cada fecha especial del año donde la gastronomía cobra especial protagonismo.

La siguiente dependencia está destinada a practicar todo lo relacionado con las labores del hogar, como la colada, el tendido o el planchado de ropa. Un tercer espacio es el que ocupa la habitación, lugar donde los enfermos recuerdan cómo hacer la cama, las maletas de viaje o cómo doblar la ropa para introducirla en el armario. El conjunto se completa con el salón de estar, donde los pacientes pueden ver la televisión y comportarse exactamente igual que si estuviesen en su propia casa.

Todas estas actividades están pensadas para que los 'usuarios leves' -categoría determinada previa evaluación a nivel cognitivo y funcional por parte de especialistas- no pierdan sus hábitos más prácticos, y son tanto o más importantes que aquéllas destinadas a la estimulación de los sentidos cognitivos.

Algunos de estos ejercicios , como el uso del teléfono o de la cadena del baño, son simulados, y tienen como objetivo fundamental el que los afectados no olviden la rutina llegado el momento de ponerla en práctica.

Entre los ejercicios 'reales', se incluye cualquier aspecto relacionado con la higiene personal, las compras, la elaboración de comidas o el uso del dinero. Incluso a aquéllos pacientes que tienen conocimientos de costura se les da la oportunidad de practicar cosiendo sus propias prendas.

Cada uno de los ejercicios se desglosan, a su vez, en diversas categorías. Así, al poner la mesa, cada uno de los presentes desempeñará su propio cometido: cortar el pan, colocar debidamente los cubiertos o doblar las servilletas.

Según Roberto Suárez, neuropsicólogo y director técnico del centro, todas las actividades gozan de buenos resultados entre los pacientes. El problema es, en su opinión, que "éstos no siempre tienen la oportunidad de continuar con la rutina al volver a casa", ya que sus familiares, preocupados por su salud, creen que les hacen un favor al eximirles de realizar las tareas domésticas. Pero es un grave error, ya que los pacientes necesitan sentirse útiles y comportarse con total normalidad durante las veinticuatro horas del día para que los avances logrado en el centro no caigan en saco roto.

Una faceta más de la gran labor realizada por los profesionales del centro residencial U. E. D. Dolores Castañeda, para alcanzar la plena normalidad en el día a día estas personas que bajo ningún concepto deben perder los hábitos de toda una vida.

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