Provincia

Transportar agua con un colador

  • La sequía y la bajada del caudal del Guadiaro evidencian el mal estado de los canales Esparragal y Pacheco que surten a las fincas de Tesorillo · El esfuerzo de los regantes evita que la naranja pierda calidad

Las explotaciones agrícolas del Valle del Guadiaro afrontan la temporada más difícil en años. La situación de sequía que se viene arrastrando desde el otoño de 2011 ha vuelto a poner de manifiesto la debilidad de los vetustos sistemas de canalización de agua desde el río Guadiaro hacia las fincas de San Martín del Tesorillo (Jimena) y San Enrique de Guadiaro (San Roque). Sólo en la primera de estas dos poblaciones se agrupan unas 400 explotaciones agrícolas, la mayoría dedicadas a la producción de naranjas.

La comunidad de regantes de San Martín del Tesorillo insiste en la precariedad de la infraestructura de los canales Esparragal y Pacheco sin que las diferentes administraciones cumplan -aseveran- con las históricas iniciativas compensatorias por el trasvase del río Guadiaro al Majaceite. Ambos suman 31 kilómetros de acequias donde los desperfectos dificultan la optimización en el aprovechamiento del agua; un recurso a día de hoy más escaso por la ausencia de precipitaciones y que magnifica las deficiencias.

A la hora de regar en pleno verano, las pérdidas y el menor caudal disponible en el Guadiaro obligan a bombear agua desde las propias acequias, pozas y acuíferos con el fin de aprovechar casi cada charca. Estos esfuerzos han evitado una pérdida en la calidad de los frutos, que se mantienen en buenas condiciones.

Pero bombear tiene un coste. Aunque en principio la comunidad temía verse forzada a iniciar la impulsión forzada de agua en marzo, una actualización ejecutada en la presa intermedia logró retrasar el uso de carburantes hasta principios de julio salvando así un sobrecoste en primavera. Desde esa fecha, los regantes llevan gastados unos 20.000 euros en gasóleo (cada vez más caro y acrecentado por el nuevo tipo impositivo del IVA) para impulsar el agua. Esta infraestructura auxiliar también supone el desembolso de los salarios de dos vigilantes para evitar el robo de los motores.

Además, para paliar la caída del nivel del río, la Junta Central de Usuarios del río Guadiaro ha acordado que las fincas desde San Pablo de Buceite, pasando por la zona intermedia hasta llegar a la presa de Tesorillo, dejen de regar entre la noche del viernes hasta la mañana del lunes. Un gesto solidario que agradecen los regantes del curso bajo aunque lamentan que podría ser aprovechado en su máxima expresión si los canales estuvieran en perfecto estado. La alta demanda de agua en verano hace que esta medida ayude, pero no sea la solución al problema.

El presidente de la comunidad de regantes de San Martín del Tesorillo, Martín Blanco, explica que el canal de Pacheco data en su mayor parte del trazado del siglo XIX y fue construido por los marqueses de Larios. Unos 10 kilómetros siguen siendo excavaciones directas en la tierra (permeable) mientras que otros 7 kilómetros fueron remozados en los años 70 con canalización al 50%. El Esparragal (14 kilómetros) fue reformado entre los años 50 y 60 con fondo y paredes de hormigón. Muchas arquetas están a ras de suelo (provocan reboses) u ocultas entre espesa vegetación.

"No es justo ni razonable que se sacrifiquen cientos de regantes de la parte alta, San Pablo, La Herradura y resto de la zona intermedia, para que baje el agua hasta nuestra presa y seguidamente que se pierda en las pésimas condiciones de los canales", alega Blanco, quien también acusa de la falta de conservación de la infraestructura a los anteriores gobiernos de la junta de regantes.

Otro de los frentes que preocupan en la comunidad de Tesorillo está en la invasión de los canales por las raíces de álamos de gran tamaño que han desplazado las tuberías provocando nuevos puntos de fuga. La comunidad sostiene haber retirado en torno a un centenar de raíces sólo en una zona de tres kilómetros longitudinales de canal contando con un permiso de la delegación provincial de Medio Ambiente y sufragada por los comuneros. Ello, sin embargo, no ha evitado la visita de agentes del Seprona de la Guardia Civil. Desde la Junta de Andalucía, la solución propuesta pasa por la construcción de la presa de Gibralmedina, pendiente del desarrollo del Plan Hidrológico, si bien los regantes subrayan que mejorar los canales resulta muchísimo más barato, eficiente y ecológico.

Todos estos sobrecostes hacen prever que los propietarios deban afrontar una derrama extra este año para cuadrar el presupuesto. Habitualmente realizan cinco pagos al precio de 30 euros por hectárea, si bien esta campaña se prevé que el coste se eleve a 180 euros por hectárea. Y todo ello en un contexto en el que la naranja llega al mercado a un precio de 20 céntimos el kilo, la mitad si se destina a zumos. Las cuentas no salen.

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