Día de Difuntos | Pepe Pettenghi

Polvo de estrellas

  • Estar muerto es como estar dormido, con la ventaja de que no hay que levantarse a orinar 

Durante toda mi vida estuve a salvo del soborno del cielo y del más allá, y ahora ya lo puedo asegurar: no hay nada. Desde aquí te lo digo, después de morir no hay nada. Nada de nada.Estar muerto es como estar dormido, con la ventaja de que no hay que levantarse a orinar. Para qué complicar las cosas ni dar falsas esperanzas. Ernest Hemingway, un gran descreído, tenía su propia oración fúnebre: “Nada nuestro, que estás en la nada, nada es tu nombre, tu reino en nada; tú serás nada en nada como es en nada”.Pero no me malinterpretes, sin duda es mucho mejor estar vivo que muerto, pero una vez que te mueres, se acabó todo lo que se daba. Eso es lo inconveniente de la muerte. Además, lo malo de morirse es la primera noche, después te vas acostumbrando…Pero por otro lado, cuando te mueres todo el mundo habla de ti estupendamente, que si lo simpático, lo listo, lo generoso, lo tal y lo cual que eras. Son los primeros días, después la gente empieza a olvidarte (aunque en algunos casos tal vez esto sea lo mejor). Igual que tú olvidas, pues estás muerto, a ciertas personas indeseables, te olvidas de correr de acá para allá, de los tipos codiciosos, de las entidades bancarias o de la gente hipócrita. Como una vez muerto no hay nada, no hay pelmazos, ni gente que habla por hablar, tampoco hay gente que saca el perro a cagar a la calle y no recoge la caca. Además, no me digas que no es una ventaja perder de vista para toda la eternidad a sujetos como Bolsonaro, Trump o Aznar.Entiendo perfectamente la resistencia que tenemos a morirnos –algunos hasta se hacen congelar, ya ves– pero una vez muertos para qué complicarse la vida (en este caso la muerte) con historietas tan inciertas como ilusorias. ¡Pero si muerto se está la mar de tranquilo! Eso sí, no hay lecturas, ni música, ni vinos compartidos, ni buenas conversaciones. Vale, pero tampoco hay fútbol a todas horas, ni poetas quejicas, ni digestiones pesadas, ni hay que aguantar a los santos y a las santas, que deben ser unos pelmazos en el tedio eterno del cielo.Otra cuestión sorprendente es que, siendo la muerte una acción tan vulgar que le sucede a todo el mundo, tenga tanto potencial literario. Pero esa es otra historia.

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