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González Byass recrea la vuelta al mundo del jerez a bordo del 'Elcano'

  • Embarcan dos botas de palo cortado en el buque escuela en el V centenario de la expedición Magallanes-Elcano

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‘Mareado el buen vino de Jerez, si vale cinco, vale diez’. El Juan Sebastián de Elcano zarpará el domingo del muelle de Cádiz para emprender su nonagésimo crucero de instrucción, travesía de seis meses de duración en la que se ha embarcado un tripulante de excepción, un palo cortado de la añada de 1990 de González Byass, que se dispone a dar la ‘vuelta al mundo’ cuando se cumplen 500 años de la expedición Magallanes-Elcano.

A bordo del buque escuela de la Armada española ya están dispuestas dos medias botas de estas joyas enológicas que surcarán los mares para conmemorar la gesta de la histórica expedición española, la primera que completó la circunnavegación de la Tierra con el vino de Jerez como testigo privilegiado. No en vano, el libro de bastimentos, que se conserva en el Archivo de Indias, da cuenta del embarque en las naves de la expedición de 253 botas y 417 odres de vinos de Jerez al coste de 594.790 maravedíes.

“Queremos rendir homenaje a aquellos valientes que hace 500 años arriesgaron y en muchos casos perdieron sus vidas para ampliar los horizontes de España”, significó ayer el presidente de González Byass, Mauricio González Gordon, antes de formalizar en la cubierta del ‘Elcano’ con el comandante capitán de navío, Ignacio Paz García, el embarque de las botas de ‘XC Palo Cortado de Ida y Vuelta’ y el compromiso de su devolución con el vino intacto, iniciativa con la que se recupera la tradición de los ‘viajes redondos’ de los vinos de Jerez, a los que los bodegueros jerezanos convinieron en llamar ‘vinos de ida y vuelta’.

El presidente de González Byass recordó que Colón, Hernán Cortés y otros muchos descubridores alimentaron el espíritu viajero del jerez, que además de servir de lastre a los navíos, eran más duraderos que otros vinos, por lo que se aconsejaba su consumo para el final, como se deduce de las instrucciones dadas por el Duque de Medina Sidonia a los capitanes de la Armada Invencible en 1588, a los que advertía con penalizar si volvían con vinos de otros orígenes y habiendo consumido el jerez.

Con el paso del tiempo se descubrió que los viajes marítimos mejoraban los caldos jerezanos, lo que dio pie a la práctica de los ‘vinos de ida y vuelta’ –los archivos de González Byass reflejan ‘viajes redondos’ entre 1939 y 1862–, que llegaban a quintuplicar su precio, de ahí el dicho ‘mareado el buen vino de Jerez...’, explicó González-Gordon.

El comandante Paz García expresó su compromiso de devolver intactas las botas, que como en la expedición Magallanes-Elcano, servirán de lastre durante el crucero de instrucción. “Me comprometo a devolverlas el 11 de agosto, que no antes, cuando lleguemos a este puerto de Cádiz;y no sé si se quintuplicará su precio, pero podremos comprobar que el vino vendrá mareado, agitado y bien meneado”.

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