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Cien años de disfrute entre pinos propiedad de todos

  • A lo largo de este año se viene celebrando en la Villa de Puerto Real el centenario de la adquisición de este emblemático paraje puertorrealeño por sus vecinos

El 7 de agosto del año 1909, el Ayuntamiento de Puerto Real, siendo alcalde Antonio Segovia Gutiérrez, a petición de sus vecinos adquirió por la cantidad de 25.000 pesetas el pinar de Las Canteras. De esta suma, 4.000 puso el Ayuntamiento, 6.614 fueron donadas por el vecindario en suscripción popular y la cantidad restante fue prestada sin interés por varios pudientes vecinos. De todos estos, sería el Marqués de Comillas, dueño del Dique de Matagorda, quien aportara una mayor cuantía.

La compra pública de este pinar de poco más de 24 hectáreas, aprobada por Real Orden del Ministerio de la Gobernación con fecha de 21 de julio de 1909, se comenzó a gestar años antes. Ya en 1905 publicaba este mismo periódico la inquietante noticia de la posible venta y tala del pinar de Las Canteras, una finca que aunque de titularidad privada (era su dueño Pedro José de Paúl) desde hacía décadas, concretamente desde el año 1882, se venía utilizando para el esparcimiento de los puertorrealeños y los numerosos visitantes que de buena parte de Andalucía acudían a la Villa atraídos fundamentalmente por el hermoso pinar.

La fama de Las Canteras era tal a fines del siglo XIX que se convirtió en el principal reclamo de la población. Así describían Rafael de Cózar y Santiago Casanova el lugar en su Anuario de la Villa de Puerto Real para 1897: "El gran aliciente de Puerto Real es el hermoso pinar de Las Canteras, cuyo higiénico ambiente y pintorescos paisajes son en parte para que se haya creado tal fama que en España entera es conocida la propiedad del Sr. D. Pedro J. Paúl como uno de los más agradables y seductores paseos formados por la naturaleza, para solaz y esparcimiento de los hombres".

Pero la historia de este paraje va más allá del siglo XIX, si bien entonces (una vez agotadas sus vetas de roca ostionera) fue cuando se convirtió en lugar de recreo. Mucho antes, Las Canteras, zona conocida desde el siglo XVII como Pago de Troya, disfrutaba de un rico pasado. De sus pétreas entrañas salió durante más de dos siglos el material que habría de dar forma a algunas de las más singulares construcciones de la Bahía.

La extracción de piedra fue una actividad muy común en el territorio puertorrealeño incluso antes de que se fundara la Villa a fines de la Edad Media, en 1483, cuando aún estas tierras pertenecían a Jerez de la Frontera. Ya en la primera mitad del siglo XVI hay constancia de cómo determinados canteros sacaban piedras de las canteras locales para abastecer las obras que por entonces se acometían en la Catedral de Sevilla, entre los años 1541 y 1548. Conocido es el litigio entre el Ayuntamiento de Puerto Real y el Cabildo Catedralicio hispalense en 1547, donde ambas corporaciones se disputan las piedras puertorrealeñas, unos para la construcción de la Capilla Real de la Catedral, otros para la fábrica de la Prioral de San Sebastián. Igualmente por aquel entonces, acaso un par de décadas antes, se utilizaban las piedras de nuestra población en la construcción del actual Ayuntamiento de Sevilla, obra de Diego de Riaño.

Pero estas piedras puertorrealeñas que se emplearon en estas obras sevillanas no procedían de lo que hoy conocemos como pinar de Las Canteras sino de la Atalaya de Barguetas, una zona de la cual hasta hace poco se desconocía su ubicación, pero que en estos momentos podemos situar sin riesgo a equivocarnos al Noreste el término municipal, no lejos de la Zarza y La Castellana, cerca de las antiguas canteras de la Martelilla jerezana, transportándose sus piedras hasta el embarcadero que existía en el Salado (río San Pedro). De hecho, las características de las piedras de Barguetas poco tienen que ver con la tan conocida piedra ostionera de Las Canteras (Pago de Troya).

La pedrera de Atalaya de Barguetas se debió de agotar en los años centrales del siglo XVI, así, ya en 1565 para las reformas que se realizan en el principal edificio de Puerto Real, la Prioral de San Sebastián, se tienen que traer las piedras desde la Sierra de San Cristóbal. Igualmente en 1611, cuando el capitán Cristóbal de Rojas inicia las obras del castillo de Santa Cruz de Matagorda, no encuentra piedras de provecho en la localidad.

Será entonces cuando se inicie la explotación de un nuevo lugar, el Pago de Troya (Las Canteras). Los primeros datos sobre la extracción de piedras en este enclave datan del año 1638, cuando el capitán Juan Bautista Corbachino, ingeniero militar, continuador de las obras de Rojas pide licencia al ayuntamiento para sacar piedras de la pedrera de Troya para los fuertes del Puntal y Matagorda.

Desde entonces y durante dos siglos se abrieron en el lugar numerosas canteras. Conocemos como en el año 1738 se explotaban a la vez hasta trece pedreras (de ahí su apelativo, en plural, Las Canteras). Sus piedras se emplearon para múltiples fines, especialmente a partir del siglo XVIII, cuando la expansión demográfica y económica que vive la comarca gaditana exigía un continuo aporte de piedras para nuevas edificaciones, de toda índole, desde obras civiles a religiosas o militares. De aquí salieron parte de las piedras utilizadas en la construcción de las murallas de Cádiz, al menos desde el año 1697 (la zona que va desde la Catedral Vieja al baluarte de los Mártires), incluso en el año 1776 la Corona expropia cuatro canteras para abastecer estas obras (las canteras grande y chica de Juan Abollado; la cantera de doña Josefa de Castro y la cantera de Pedro Cid). La Carraca se construyó con sus piedras, así como gran parte de las edificaciones locales, el muelle, templos…

El abandono de las pedreras de Las Canteras llegaría a comienzos del siglo XIX. Durante la primera década de este siglo sufrió Puerto Real el duro envite de las epidemias y la guerra, la fiebre amarilla acabó entre 1800 y 1801 con casi un tercio de la población, y poco después, entre 1810 y 1812 la villa es ocupada y devastada por el ejército imperial de Napoleón. Desde entonces ya no hay noticias de nuevas explotaciones en el pago de Troya.

En 1841 el lugar pertenecía a la Hermandad del Santísimo Sacramento y ya en 1857 encontramos como su dueño a D. Pedro Ignacio de Paúl, quien lo había comprado pocos años antes a D. Jacobo Gordon, a partir de entonces y hasta su compra definitiva por el pueblo de Puerto Real, hace ahora cien años, la propiedad de Las Canteras estaría ligada a esta familia.

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