Fraude del atún rojo Chicote dicta sentencia

  • El célebre cocinero convierte en un espectáculo la Operación Tarantelo y deja muy tocado al atún rojo y a su principal productor, el Grupo Fuentes, propietario del 50% de la almadraba de Barbate

Alberto Chicote Alberto Chicote

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Si tienes un programa denuncia que se llama ¿Te lo comerías?, eres Alberto Chicote y señalas con el dedo a una empresa que factura 200 millones de euros y que es el mayor productor y distribuidor de pescado del país, es difícil saber quién tiene el mayor problema.

La emisión del programa en La Sexta dedicado al atún rojo anuncia un largo proceso entre intereses comerciales y un medio de comunicación. Porque la Operación Tarantelo, que parece haber descubierto un gigantesco fraude en el atún, muestra un mundo repleto de irregularidades.Pero el programa estrella de Chicote, que fue líder de audiencia en su primer episodio dedicado a la alimentación en las residencias de ancianos, también parece contar con unas cuantas. El de ayer fue mucho más arriesgado. Antes de su emisión el abogado de una de las empresas que han sido implicadas en el caso ya me anunciaba que iba a pedir la nulidad del proceso. "¿Qué hace un programa de televisión acompañando los registros de unas actuaciones bajo secreto de sumario?"

El programa se estructuraba en un sistema básico de buenos y malos. Los buenos eran los guardias civiles del UCOMA, la unidad de élite del Seprona, y una de las dos empresas del Mediterráneo dedicadas a las granjas de engorde del atún rojo, Balfegó, situada en Tarragona.

Los malos eran los de la otra empresa del Mediterráneo, el Grupo Fuentes, ubicada en Cartagena y propietaria del 50% de la almadraba de Barbate. La investigación periodística consistía en dar por buena la investigación de la Guardia Civil. Por ella, según se afirmaba, nada menos que el 50% del atún comercializado por el Grupo Fuentes era fraudulento. Un montante gigantesco y una gravísima acusación.

Los momentos impacto de la emisión se desarrollaban, en el inicio, en un barrio aparentemente bastante modesto de Valencia donde se entraba en la casa de unos comerciantes. Del aparatoso registro, aparentemente innecesario _los propios guardias dicen que los habitantes estaban en la cama y no opusieron ningún tipo de resistencia-, se ha sacado en claro 100.000 euros en metálico. Bastante dinero en negro para un pescadero, es cierto. Pero es una afirmación de un agente, nada más que eso. El despliegue asusta al vecindario que parece encontrarse en el meollo de una gran redada antidroga. El pescadero detenido, aturdido, se cubre como puede la cabeza con el polo. No porque sea un peligroso delincuente, sino porque, él no entiende por qué, hay cámaras de televisión en su vida de pescadero, por muy fraudulento que presuntamente sea.

El otro momento se produce en una de las naves que parece que es de Fuentes. Un grupo indeterminado de agentes, muchos, armados con pistolas sacadas de sus cartucheras, revientan la puerta, que ni está blindada ni nada.  Allí la Guardia Civil encuentra atunes sin control. Es un buen acierto de la investigación, indudable. Las cámaras de La Sexta se cuelan en un lugar que debería estar precintado y filman los atunes, que tienen bastante mala pinta. Chicote puede escandalizarse a gusto, aunque no acaba de encontrarse tan a gusto como en su rol de Pesadilla en la cocina.

Será por todo ello que al programa le cuesta elevar el vuelo. Una alergóloga habla de los problemas que causa el exceso de histamina en el atún si se rompe la cadena de frío. No son muy graves, dice, pero pueden llegar a alarmar. Te pones rojo, como el atún.

Chicote informa de algunas de las trampas que hacen para colorear el atún. En los registros se escuchan en off las voces nerviosas de algunos empleados de los lugares donde entran los guardias, con más miedo que otra cosa por el despliegue y por la presencia de la estrella televisiva.

También se habla de un hecho tétrico, como que se burle a los inspectores dejando a los atunes muertos muchas horas en la piscina -no lo olvidemos, en las piscina de Fuentes, nunca en las de Balfegó, no hay más piscinas en España- para sacarlos con posterioridad sin vigilancia. Eso también incrementa la histamina. No se nos muestra, que es algo que queda muy bien en estos programas, ningún afectado por este mal de la histamina del atún para que cuente su experiencia.

La escena final es en Mercamadrid. Chicote va a dar con uno de los detenidos, que ese día trasiega con un atún cazado a anzuelo en Málaga y con sus papeles en regla. Es un currante, se le ve a la legua, más que nada porque si no fuera un currante qué hace en Mercamadrid a las cuatro de la mañana. Pero en el tercer grado al que le somete Chicote acepta al final que ha dicho algo que no es cierto: sí, no sé cuánta histamina tiene un atún, sólo quería decir que sé cuándo un pescado está sano. Qué mal rato para este hombre. Primero viene la poli, le esposa, se lo lleva, le deja en libertad, como a todos los detenidos de la Operación Tarantelo, y dos semanas después llega Chicote y pone su careto en dos millones de televisores y le deja de tonto. Parece un sketch de Monty Python.  Cuando uno pilla una mala racha...

La cosa acaba en el puesto de distribuidor de los buenos, Balfegó, también en Mercamadrid. Su responsable habla de que hay fraude, que él vende su atún a 40 euros el kilo y otros lo venden a 32, y que eso es raro, pero que él qué va a hacer. También afirma que los inspectores están continuamente visitándole, que le tienen frito, pero, curiosamente, dice que a él sí y a los demás no, pero ni explica por qué ni Chicote se lo pregunta. Simplemente Chicote reflexiona que todo esto es muy preocupante y que el consumidor está desprotegido. Porque si ésta no fuera la conclusión, vaya programa de investigación. 

 Que hay fraude en el atún es algo sabido. Es más, es sabido que hay un alto índice de fraude alimentario. Esto es por dos motivos. Uno es porque hay mucho listo en el mundo. El otro es porque hemos llegado a tal nivel de control burocrático que contar con todos los papeles que requiere poner un alimento en el mercado es una tarea titánica. La sobreregulación que lleva a la infrainspección. Si te quieren pillar te pillan. Lo podemos ver cada día casi en cualquier supermercado.

El efecto de un programa de esta relevancia en el consumo del atún rojo se verá con el tiempo, pero si un atún rojo sin papeles no es un atún rojo con papeles, un cocinero tampoco es un periodista, por muy animal televisivo que sea. Al fin y al cabo, el atún blanco también es un atún. Se parecen, como un animal televisivo y un periodista.Tan fraude es una cosa como la otra. 

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