Provincia

Cádiz logra al fin reducir las cifras de fracaso escolar

  • El índice de abandono escolar temprano se desploma en unos pocos años del preocupante 41% del 2011 al 26% actual, que nos aproxima a la media nacional

Una alumna practicando el sistema de cálculo ABN en un colegio de primaria de Cádiz. Una alumna practicando el sistema de cálculo ABN en un colegio de primaria de Cádiz.

Una alumna practicando el sistema de cálculo ABN en un colegio de primaria de Cádiz.

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En casi todos los centros públicos de la provincia, que aglutinan al 74% de nuestra población escolar, existe una nueva obsesión en los equipos directivos: la estadística. Los responsables de innovación se encargan de tabular resultados para luego examinar los posibles programas de mejora. Hace años que la Consejería de Educación, abochornada por los pésimos resultados en ese caprichoso medidor que es el informe PISA, aprieta para mejorar su encuesta interna, conocida como "Sistema de Indicadores del Sistema Educativo en Andalucía", y observar si se cumplen los objetivos que marca en su Plan General de Actividades la Agencia Andaluza de Evaluación Educativa. Poco a poco, lentamente, esa obsesión está ofreciendo resultados, según se desprende de una comparativa entre los indicadores de 2011 y 2017 donde la mejor noticia es que se han sofocado las preocupantes cifras de huida de alumnos de las aulas una vez finalizado el periodo obligatorio.

La fórmula más eficaz de medición es analizar los resultados en la Secundaria Obligatoria, la ESO, que es donde se materializa el gran enemigo del sistema: el fracaso escolar. La ratio que mide el fracaso escolar se encuentra en varios índices. Veamos. En 2011 la esperanza de vida escolar en la provincia para un niño que entraba en el sistema a los seis años estaba en 12,6 años. En 2017, se había reducido la estancia de los alumnos en el sistema en casi un año, 11,8. Justo en la media andaluza. Es un indicador ambiguo, ya que nos puede hablar tanto de menos repeticiones, como de un abandono temprano. En cuanto a repeticiones, en 2017 el 60% de los alumnos de 15 años de la provincia (dos puntos por debajo de la media andaluza) se encontraba en el curso que le correspondía. Esa es la mala noticia, la buena es que en 2011 los datos eran siete puntos peores: sólo el 53% de los alumnos de esa edad estaban en su curso. En ese sentido es 2º de la ESO donde se produce la gran escabechina. En 2011 repetían en ese curso el 23% de los alumnos. En 2017 ya sólo eran el 18%. En ambos casos es un punto peor que la media andaluza, aunque con gran diferencia de las provincias con más problemas, Huelva y Almería.

Pero la gran revolución se ha producido en el índice del abandono escolar temprano, es decir, quienes dejan los estudios en cuanto superan la edad obligatoria. En 2011 estábamos en el 41%, diez puntos por encima de la media española, que era el 31%. En 2017 se ha reducido al 26%, cinco puntos por encima de la media nacional. Es decir, la brecha se ha reducido a la mitad. Se puede observar el desequilibrio entre territorios, ya que Huelva y Almería mantienen aún un altísimo índice de abandono es colar, un 38%, mientras que Cádiz se mueve en los parámetros del resto de las provincias andaluzas. Esto se podría achacar a que los chicos se quedan en las aulas porque hay menos oportunidades laborales, pero sería una apreciación precipitada colocar todo el saco en esa parte de la balanza. Hay formas de ayudar a las estadísticas. Las becas Adriano y las de Segunda Oportunidad (para reincorporar a quienes se han salido del sistema) son incentivos atractivos para continuar estudios a familias con más dificultades económicas.

La tasa bruta de graduación en la ESO es ya de un 80% en las chicas y un 70% en los chicos. Pero no es este dato el más significativo, ya que no es muy distinto al de 2011. Es en el siguiente paso donde se ha conseguido la enorme mejora. De ese 73% de alumnos que habían conseguido titular en la ESO en 2011, un 39% obtendría el título de bachillerato. En 2017, un 50% del 75% que obtuvo el título de la ESO logró superar el bachillerato, a lo que habría que sumar el incremento de alumnos que titulan en los ciclos formativos de grado medio y grado superior.

Todos estos datos se traducen en el mercado laboral. Según los datos de este Sistema de Indicadores, un 60% de quienes no se han graduado en la ESO están en paro, lo mismo que un 50% de los que sólo tienen la ESO. El nivel baja al 32% en los titulados de la post-obligatoria y al 22% a los que tienen estudios superiores.

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